No vuelvas con el Mamá

Capitulo 4: Mi mamá me salió con sorpresita

Ethel

La luz de la mañana me despierta dándome cuenta que no pagamos la tele y eso será muy costoso, me levanto de la cama de mi madre; me lavo la cara y seguido voy escaleras abajo buscándola ya que no está en su habitación y es extraño tomando en cuenta que ella siempre está allí y mas si ve novelas.

— ¿Mama? —canturreo buscándola con la mirada.

— Ethel...—la voz de ella me sabe a temor y por primera vez en mucho tiempo veo esa mirada cristalina y angelical temerosa y molesta pero no es a mi.

Con una lentitud que hiela y una presicion que me sorprende voy girando la cabeza en dirrección al sofá donde una figura intimidante está sentada con total tranquilidad como si este fuera su hogar y no estuviera irrumpiendo en un hogar ajeno, lo que más me mortifica es ver que no le quita la mirada de encima a mi madre que está incómoda y también pálida.

Con la misma calma de un hombre de familia el habla, la voz grave, gruesa y pudiente suena firme en mis oidos y se meten dentro del miedo de mi madre.

— ¿Otra sorpresa, Isabela? — inquiere el hombre levantándose del sofá y dándose la vuelta frente a mi.

Lo que veo me petrifica, ojos grises de plomo, cabello castaño como el mío y un familiarismo siniestro que me hace chillar de lo insólito de la situación y de la presencia siniestra, es como la del caritatorio, mejor dicho es la del caritatorio.

— Mamá... —musito confundida buscándola con la mirada.

— ¿Mama? —rie la figura, siento como ella traga grueso y se pasma— ¿Que otras cosas me has ocultado estos diescisiete años, Bela? ¿O esque me vas a decir que está niña es hija mía? —inquiere el haciendo pasmar más a mamá.

— Hija suya...—murmuro confundida sin saber que hacer, quiero correr hacia ella y protegerla de este ladrón— ¿Quien es este gato irrumpe hogares.?

— A mi me hablas con más respeto, niña —espeta el sin titubear— tu eres la gata irrumpe hogares ¿O no, Isabela?

— Marco ya basta, a mi hija no te le acercas y mucho menos le hablas así, ella no tiene culpa de nada de lo que hice —reacciona mamá con brutalidad que deja congelado al hombre— se buen padre y vete sin nosotras.

Silencio, miro mamá después al hombre, miro a mamá y después al hombre como si eso me negara lo que dijo.

— ¿Mi qué? ¿Mi papá? ¿El que se supone que se fue a comprar leche hace diecisiete años y nunca volvió? ¿Y ahora aparece como si nada, con cara de modelo de perfume y todo? —mascullo atónita.

El hombre intenta hablar, pero lo interrumpo con una sonrisa sarcástica porque creo que ya se a qué va todo esto. Me cruzo de brazos, mi tono es más juguetón que enojado. Miro a mi madre con una mezcla de incredulidad y cariño porque creo que es.

— Mamá ¿estás segura de que no es un actor que contrataste para hacerme una broma de TikTok? ¿Verdad?— trato de sonar convincente.

Ella se encoge de hombros, nerviosa y suspira, se ríe de manera baja y se deja caer en el sofá como si estuviera molesta por lo que acabo de decir.

— Ethel, el es tu padre biológico, de verdad —dice ella negando con la cabeza.

— ¿Eso es mío? —cuestiona el ofendído.

¿Eso? ¿Perdón? ¿Me estás llamando eso? ¡Que descortés! El hombre me escanea de arriba abajo, frunciendo el ceño por mi bocota heredada de mi madre.

— ¿Estás segura, Bela? Porque tú y yo somos como portada de revista. ¿Cómo es que salió tan… vagabunda?

— ¡Wow! ¿Así que el príncipe de los comerciales de colonia viene a mi casa, me llama “eso” y encima me insulta? ¿Dónde firmo para este reencuentro familiar tan mágico? — logro sonar totalmente ofendida e indignada.

— ¡No lo dice en mal plan! O eso espero, Mark —se encoge más visiblemente alterada por esta situación.

— Pues qué suerte la suya, yo nací con personalidad. El, en cambio, parece un maniquí con ego. —bufo molesta sin medir palabra.

— Tiene tu carácter, eso sí. —le dice a mamá y está le devuelve la mirada asíntiendo.

— Y sus pestañas, señor. Lástima que no heredé el filtro de Instagram que tiene pegado en la cara.

—Sabía que debía haberte contado antes —mamá se se da una palmada en la frente rodando los ojos.

— Sí, mami. Pero al menos ahora entiendo por qué me dan ganas de lanzar cosas cuando alguien mastica con la boca abierta. Es genético.

Este señor que está aquí no puede ser mi padre, me niego a que mi madre haya salido con este espécimen ofensor y mal al ojo. A este punto me preguntó que es mejor, ser comida de cocodrilos o vivir en la calle.




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