No vuelvas con el Mamá

Capitulo 6: Dilo más fuerte ma, para que lo oiga desde el aeropuerto

Ethel

— Ya basta de esto, nos vamos. Ahora —sisea don limón tomando la mano de mi madrecita.

— ¿Nos? —repite ella sin entender.

— ¿Nos quién, exactamente? Porque si crees que te vas a llevar a mi mamá como si fuera tu maleta de diseñador, estás más perdido que tu sentido común. —bramo cortándole la salida.

— Esto no es asunto tuyo —musita el con voz gélida.

Es más que obvio que le caigo mal, el a mi también me cae de la verga; ¿cómo es que conquisto a una mujer como mamá? Por el dinero no creo, ella tiro la casa por la ventana y por su apariencia podría ser.

Salvó que tiene las comisuras de los labios estáticas como si no supiera lo que “sonreir” significa.

— ¡Mi madre no se va contigo a ningún lado, cabrón! ¡Consíguete la tuya! —tomo de la otra mano a mamá.

— No tienes que quedarte aquí. No más pobreza, no más sacrificios. Te mereces algo mejor. Vienes conmigo, Isabela —escupe el como si fuera un salvador para ella.

— ¿Y mi hija que? —cuestiona mamá soltandole la mano y tomando la mía con fuerza.

— Ella ya es casi adulta. Puede quedarse, no es mi problema. —suelta el como agua fría.

No me molesta oir eso de el, al fin y al cabo que ni lo conzoco; lo que me molesta es que no toma en cuenta a mamá, ¿cree que ella va a querer irse así como así teniendo una vida aquí?

No la conoce.

— ¿Qué? —titubeo incrédula.

— Si ella no va, yo no voy, punto. —le grita firme abrazándome.

Ella jamás me abandonaria y yo no sé lo haría, me vale mierda lo que este señor quiera hacer pero mamá no se va sin mi y yo no me quedo sin ella.

— ¿Estás eligiendo quedarte aquí… por ella? —pregunta herido.

Uy, directo en el ego, hasta a mí me hubiera dolido por eso pero ni en pedo me pasaría porque ni pretendiente tengo. ¿Esque está mal de la cabeza o no entiende?

— No. Estoy eligiendo no irme sin ella porque si tú no puedes aceptar que somos un paquete completo, entonces no me conoces en absoluto, Marco Antonio Rodríguez de la Barrera —le recrimina ella con fuerza sin contención.

— Dilo más fuerte, ma. Para que lo escuche su ego desde el aeropuerto. —aplaudo y limpio la lágrima de orgullo que tengo en los ojos por mi madre.

— Esto es absurdo. —vocifera el herido por la desicion que ella tomo.

— Lo que es absurdo es pensar que puedes aparecer después de diecisiete años y dar órdenes como si nada, si quieres una familia, empieza por respetarla. —le explica ella dejándolo sin ego y sin orgullo.

— Y si no, la puerta está ahí, no te preocupes, no se cobra peaje por salir. —me burlo con una sonrisa ladeada.

El señor padre limon nos mira a ambas. Por primera vez, parece no tener una respuesta. Se gira hacia la puerta, furioso, pero sin decir una palabra. Mi madrecita santa y yo nos quedamos en silencio. Cuando la puerta se cierra, me acerco a ella y le tomo la mano

— Gracias por no dejarme, ma —agradezco con voz baja sin mi habitual agudeza.

— Nunca lo haría mi amor, nunca —me besa en la frente con ternura.

Estamos abrazadas la una y la otra en el sofá con un silencio espeso, pero hay un alivio palpable. La tormenta parece haber pasado, digo parece porque el no se ve como alguien que acepte un no.

Mama acaricia mi cabello con dulzura.

— ¿Crees que ya se fue? —le pregunto recostada sobre sus piernas.

— Con ese ego, seguro ya está en su helicóptero llorando porque no le ofrecimos champaña. —responde burlona, con una esposa así es mejor no tener amante.

De pronto, la puerta se abre de golpe. El limón amargo entra como si fuera dueño de la casa, con una sonrisa triunfal y las llaves de un auto de lujo en la mano.

— ¡Listo! El chofer ya está afuera, maletas o no, nos vamos los tres. —exclama con tono complaciente.

Silencio absoluto. Me separo lentamente de mi madre, como una pantera que acaba de oler a su presa que huele a café y cigarros que se las pica de viejo borracho.

— ¿Tu no sabes cuándo rendirte, verdad? —cuestiona mama decepcionada.

— Solo vine a hacer lo correcto, no puedo dejar a mi hija aquí, aunque no lo parezca, tengo principios. —suena más como tratando de ganarse a mi mamá.

— ¿Principios? ¿Tú? Si los principios fueran maletas, los tuyos se perdieron en el vuelo. —digo molestandolo pero ya no se deja colmar tan fácil.

— Vamos, ya tomé una decisión. Es lo mejor para todos.

<< Especialmente porque me le quieres meter mano a mamá >>

— ¿Tú tomaste una decisión. Qué considerado. ¿Y si te dijera que yo ya tomé la mía? —inquiere mamá.

— ¿Y cuál sería? —pregunta incredulo.

— Que no me voy, y si intentas llevártela sin mí, te juro que me encadeno al portón como activista ambiental.—revelo haciéndolo enfurecer.

— ¿Vas a dejar que esta niña dicte tu vida? —le reclama a mamá como viejo verde.

— No. Pero si no la llevas contigo, no me llevas a mí. Así que decide tú. —ofrece ella a media de paz.

El la mira, luego a mi que lo observo como si estuviera lista para lanzarle un jarrón y esque lo estoy. Suspira y se pasa la mano por el rostro, frustrado.

— Esto no estaba en el plan...

— Bienvenido a la vida real, Don Telenovela. —siseo colmandole más la paciencia.

— Pero que conste, esto no estaba en los votos. —mofa el abriendole la puerta a mamá.

— Nadie lo imaginó, pero aquí estamos. Familia disfuncional, episodio uno. —digo antes de darme al vuelta y ver mi alrededor.

La casa donde crecí y viví con mi mejor amiga, espero que esa mansión sea igual de acogedora. ¿Que no son grandes? Bueno, espero estar cerca de mamá, vida de rico no se escucha tan mal como lo pintan.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.