No vuelvas con el Mamá

Capitulo 8: Mi madre es una leyenda con tacónes

Ethel

El almuerzo termino hace siglos pero nadie se ha movido. La tensión es espesa como el aire antes de una tormenta. Veo a mis padres como si estuviera viendo una obra de teatro con drama infinito.

¿Y esque a esta familia la escribió Shakespeare?

Los empleados merodean por los bordes del salón, fingiendo limpiar, pero en realidad están atentos al delicioso chisme que se está gestando.

— Claro, porque tú siempre fuiste la mártir, la santa que huyó sin decir adiós, qué conveniente Isabela.—Recrimina sonrisitas falsas.

— Y tú siempre fuiste el mártir de tus negocios, tan ocupado firmando contratos que se te olvidó que tenías una esposa y familia —le espeta ella cruzando los brazos, con una sonrisa helada.

Anticristo la interrumpe dando un paso al frente.

— No me vengas con eso, tú sabías lo que implicaba estar conmigo, lujo, sí, pero también responsabilidad.—Le recuerda.

— No quería una jaula de oro, quería una familia, no un calendario de adviento vacío de ausencias.—Le reprocha mamá alzando la voz.

Jesus mío padre amado, yo pensé que el drama lo tenía por detrás pero ya ví que son ellos los que lo traen. Los empleados se detienen en las esquinas.

El mayordomo traga saliva, la cocinera se asoma desde la cocina con una cuchara en la mano como si fuera un crucifijo.

— Dios mío, esto es como la noche del aniversario del 2008 —susurran.

— Cuando rompió el jarrón de Murano. —Murmuran temerosos.

— ¿Y qué querías que hiciera? ¿Renunciar a todo por ti? —le pregunta a mamá con voz baja, peligrosa.

— Sí, una vez, solo una maldita vez, que me eligieras a mí en vez del maldito dinero. —Sisea mi madre sin un apise de temor.

Amo a esta mujer.

— Y tú me dejaste por nada, por una vida miserable, por una casa que se cae a pedazos —reclama ardido con el orgullo herido.

— Porque al menos ahí me sentía viva y no era un robot que vive, respira o defeca trabajo. —contesta en su mayor esplendor.

Debo ponerme de pie alzando las manos para poder ser notadá sin que don sonrisas me harte entera. Ese señor no conoce la felicidad, me da lastima que ni las aves le quieren cantar en las mañanas.

— Alerta de déjà vu, gente. Si alguien quiere salvarse este es el momento —alerto a los demás que están a punto de perder los estribo.

Los empleados se dispersan como si hubieran ensayado una coreografía sismica. Uno apaga las velas, otro esconde los floreros, la cocinera se lleva el postre de regreso a la cocina como si fuera una bomba.

No, mi pastel.

¿Bueno y esque don telenovela no sabe lo que es ser amable? Me dan pesar estos pobres señores que solo hacen su trabajo y terminan con sesiones de terapia intensa a punto de meterlos al manicomio por no creer que su patrón es un diablo.

— ¿Te acuerdas cuando él gritó tanto que se rompió el espejo del vestíbulo?—le dice una a otra.

— Y ella le lanzó una copa de vino rojo como su vestido, fue hermoso pero desastroso.—le responde la otra.

Mis padres se ven como fuego y pólvora, bien dicen que del amor al odio solo hay un paso y estos dos han dado más de diez.

~ • ~

De acuerdo, mi vida a dado un cambio total, esto es una remodelación no autorizada para mí.

Estar en la casa de Don sonrisitas falsas parece un lujo pero lo siento como una prisión, una dónde no quiero estar.

Esque hasta el inodoro se ve lujoso por amor a Dios. Osea, vive uno pero tiene un grupo de empleados que le limpian hasta el culo. Mas que estás señoras de la limpieza tiene súper oído y no se les escapa nada.

— ¿Se acuerdan de aquella vez que el señor gritó que se iba a dormir al Hilton porque la señora no lo dejaba entrar al cuarto? —oigo a una de ellas decir.

Haber, no me considero alguien metiche pero, si están hablando de alguien que me cae como grano en el trasero y le están tirando hate, yo traigo las botanas y las sodas para hacerlo a la buena.

— Y ella le tiró las llaves por la ventana— ríe la más joven— le dijo que si quería cama, que se armara una con su ego en la sala.

¿Mi madre hizo eso?

Pego más la oreja a la puerta para oír bien, espero hacerlo porque sería la revelación del siglo. A mí no me importa tener progenitor ni plata, pero oir eso me llama la atención.

— Y lo hizo, durmió en el sofá tres noches como un fantasma elegante. —Valida la tercera.

— La señora era fuego cuando se enojaba, hasta los cuadros temblaban.

A su madre, ¿tan candente eras mami?

— ¿Enserio? Que yo recuerde cuando comencé la señora era tranquila. —argumenta la menor.

— Una vez le gritó al señor que si quería una esposa obediente, que se comprara una muñeca inflable.—Resuella la mayor.

Ambas estallan en carcajadas. No es justo, yo también quiero quemar a Anticristo, abro la puerta y entro esperando ser bien recibida.




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