No vuelvas con el Mamá

Capitulo 14: Ni mi hija te quiere mucho menos yo

Isabela

Odio que me consideren algo de propiedad. No soy de nadie, me pertenezco a mi misma, ¿para que buscar lugar en otros cuando puedes serlo tu misma?.

Desde pequeña se me enseñó que una mujer debe servirle a su pareja, se debe ser modesta y ejemplar. Estaba harta de ese sistema, harta de que mis padres tomarán desiciones por mi.

Me comprometíeron desde antes de haber nacido pero lo hicieron oficial hasta que cumplimos dieciseis años. Decidieron que debía estudiar y que debía hacer, no me veían como su hija, solo me veían como moneda de cambio.

Marco no me veia como eso, se que su amor es genuino, casi obsesivo, pero su orgullo le gana y se niega a admitirlo. El es terco como su hija, ambos son tal para cual aunque lo nieguen.

No mentire, los siete años que pase casada con el estuvieron llenos de alegría y felicidad, lo amaba, aún lo hago, pero no puedo corresponder su amor hasta que no demuestre que es capaz de amar sin ser controlador.

Incluso desde antes de haberme casado con el —nuestro periodo escolar— yo estaba completamente enamorada, me sentía libre hablando sobre lo opresivo que es tener todas las expectativas de otros sobre ti, el me correspondía en todos los aspectos.

Eso cambio cuando empezó a volverse distante por el trabajo, nos dejó a un lado, eso me dolió. Siempre les decía lo mismo: el vendrá pronto. Se perdió varios cumpleaños de nosotros, las llamadas se volvieron escasas con el pasar del tiempo.

Cuando estaba en casa solo se quedaba una o dos noches, hasta que un día simplemente dejo de existir, parecía que la tierra se lo había comido, me angustie. Estaba furiosa con el por habernos dejado de esa manera, si no quería estar con nosotros aunque sea lo hubiera dicho.

No debía haberse ido así sin más, no recuerdo que fue lo que me llevo a tomar la desicion de irme, solo se que quería hacerlo pagar, si el de verdad me amaba entonces me buscaría, me pediría perdón.

Lo que no imaginé fue que habría una polisonte abordo y me haría cambiar el rumbo de las cosas. Marco se estaba volviendo uno más de ellos, se estaba dejando consumir, yo no estaba dispuesta a que mi pequeña pasara por lo mismo que yo.

Quería que ella fuera libre, sintiera eso que yo no pude, confío en Ethel, la crié para confiar de ella y no desconfiar. Al inicio fue duro, incluso pensé en regresar y dejar que todo fuera en vano.

Pero al verla por primera vez entre mis manos no pude evitar sentirme preocupada por qué ella tuviera la vida que otros decidieran. Así que le enseñe a valerse por si misma y también a saber lo que es la vida para nosotras.

Cada vez que la veía reír o llorar sentía que era mi deber como su madre cuidar esa felicidad hasta que ella eligera lo que quería, por eso preferí que me viera como una amistad por qué así sentiría mas mi opinión como algo secundario y no primordial.

Volver a ver a Marco fue un golpe duro para mí, era el pero al mismo tiempo era alguien diferente, sabía que estaba allí por mi, pero me molestó la manera condescendiente en que trato a su propia hija. Eso me enfurecio mas, pensé que la reconoceria con solo verla.

Mismos rasgos y carácter, pero el me decepcióno, dudo de su propia imagen y la trata como si no fuera parte de mi.

— Eres increíble, imbécil.—Mascullo contra el retrato familiar que tenemos.

Uno donde no está nuestra hija, mi hija, ya no es lo que solía ser, incluso yo me aburrí de pasar metida entre los lujos, poder ser normal por diescisiete años fue el mejor regalo que mi hija pudo haberme dado.

Fue más que suficiente para poder hacer que se valiera sola sin mi criterio pero también a desarrollar caracter y no dejarse pisotear. Ella no es una niña perfecta para otros pero lo es para mí.

Es mi pequeña guerrera, una mordaz pero gentil, la razón por la que no opuse resistencia a quedarme fue porque se que ya hice mi parte y ahora debo dejar que ella sea quien decida que hacer con su vida.

Aún así no puedo permitir que Marco le ponga un solo acuerdo encima, a mí me puede poner las restricciones que quiera, podemos amarnos más que a cualquier otra persona pero no permitire que el o su familia rompan a mi bebé.

Ethel solo necesita un empujón para saber cómo reaccionar y espero que se lo den pero no la hiera en el proceso.

— Es increíble, la eliges a ella antes que a nosotros.—Interviene Marco entrando a la habitación.

— Por qué tú decidiste elegirte a ti antes que a nosotros, no reclames.—Siseo, cada palabra como una cuchilla a su ego.

— Isabela entiéndeme, estaba pasando por una situación difícil, lo hacía por ustedes.—Trata de justificar.

— ¿Por nosotros? ¿Entonces donde está Elian? ¿Y que me dices de Ilan? ¿O yo? —Respiro tratando de no perder la compostura.

No hay manera de que no dejara pasar esto a la ligera.

— No va a haber un nosotros mientras no haya un ellos, Marco.—Declaro.

El se pasa las manos por la cara y suspira exasperado.

— ¿Que quieres que haga? No pedí una hija, ya tenía lo que quería contigo y esos dos.—Masculla entre gruñidos.

— Por eso estás solo—confirmo—, y hasta que no aprendas a valorar lo que tienes cerca vas a tener que aguantar compartirme con ella.—Sentencio sin titubeos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.