No vuelvas con el Mamá

Capitulo 15: ¿Tiempo padre e hija? ¡Es tortura infantil!

Ethel

— Ethel, siéntate por favor.—Pide mi madre sentada a un lado.

Me siento a su lado extrañada por qué Don sonrisas no está, solo han pasado dos días pero ya le aprendí la rutina, tengo buena memoria cuando me conviene.

Cómo si de una invocación satánica se tratase, el aparece en escena viéndome como si fuera su peor enemiga, que se joda.

— ¿Que te dije anoche, Marco?—Le recrimina ella juntando los dedos.

El rueda los ojos y después de gruñirme como un animal salvaje que debería ser dormido, toma asiento en el otro extremo de la mesa cerca de mi madre pero lejos de mi.

Eso, quedate lejos de mi y también de ella, voy a arruinarte.

Una sonrisa maliciosa se me escapa captando la atención de ambos.

— Si uno de ustedes dos se atreva a ofender al otro les digo que se pueden despedir de mi.—Suelta ella dejándonos boquiabiertos.

— ¡¿Que?!—Gritamos la unisono.

Los dos nos vemos, nuestras miradas se cruzan como tormentas de polvo, uno que no me a ensuciar el cabello.

— Esto es lo que haremos hoy, tengo una reunión familiar y Ethel no se puede quedar sola, la llevaras contigo, Marco.—Informa como si fuera el clima

Los dos queremos refutar, eso es impensable, me está abandonando, me está regalando al enemigo. Siento la traición en la boca, el miedo en el cuerpo y las ganas de arruinarle el día al mío por hora.

— Bela pero sabes que no puedo llevar niños al trabajo.— Dice con trabas.

No te rías que fácilmente podrías ser tu.

— Tiene diecisiete, no es tan niña.—Responde ella encogiéndose de hombros.

— Mami no—suplico— llévame contigo, me quedo ahí en una esquina o me duermo pero no me dejes.

De solo imaginar que tendré que estar cerca de ese señor quiero darme en la cabeza para tener una contucion cerebral y asi librarme también de la escuela.

Ella arquea una ceja y me fulmina con la mirada.

— Ya dije lo que harán hoy, ustedes pueden ingeniarselas sin mi.—Retoma su café.

— Pero Bela en la vida he cuidado de una mocosa poseída.—Musita el llevándose las manos a la boca.

Jaja, lo primero que le dicen lo primero que hace.

— ¡Ja! Tonto, lo primero que dice mi madre y lo primero que haces.—Inhalo de golpe al darme cuenta de mis palabras.

Anticristo contiene una risa seguramente por que mamá será mas fría con el, ella a mi solo me tiene avisada con la mirada.

— Señora ya podemos irnos.—Informa el viejo canoso que conduce.

Órale, ¿cuando habrá caducido ese permiso?.

— Bueno, pasen bonita tarde, tiempo padre e hija.—Sonrie levantándose.

— ¿Tiempo padre e hija? ¡Es tortura infantil!—Exclamo abrumada.

Ya me va a dar la patatosis.

— Yo también los amo, mi amor.—Ignora lo que dije y sale del comedor.

La habitación queda en silencio espeso, cortante, ninguno de los dos se atreve a empezar la voluntad de quien nos tiene así de castigados.

Yo no pienso ceder primero.

— Patrón, lo llamaron de la oficina, necesitan que vaya a la reunión con el señor Muñoz.—Interrumpe otro trabajador.

Bendito sea el momento en que ha pasado, maldigo la hora donde me toca quedarmele cerca, todo sea por mi mamita y que no me hechen.

— Avísales que llegaré pronto, dile a Pamela que los deje ingresar a la sala de juntas.—Ordena

Después de hacer una reverencia curso el canoso se va dejándome perplejica por qué ahora sí debo andarle pisando la cola de cerca a este mounstro.

— Levantate, no me hagas llegar tarde.—Dice con el ceño rígido.

Pinche vejestorio, ponte botox aunque sea si no puedes artícular bien la cara.

— Tsk, no es mi culpa que no sepas ser buen padre.—Refunfuño.

El se queda tieso con la mirada oscurecida por un momento como si mis palabras tuvieran algún efecto en el.

El trayecto es otra hora de tensión porque ninguno soporta estar sentado al lado del otro, literalmente lo tengo a mi derecha y sigue siendo imponente, pero no para alguien como yo.

— Ten cuidado cuando te bajes, si ensucias algo o lo rompes lo arreglas, ¿entendído?—Sentencia pero estoy absuelta de otra cosa.

Cristo redentor, ¿cómo es posible que si existan está clase de jardines? No puedo ni creer que estoy viendo uno en persona, hay tantos cipreses, flores y esculturas con hojas que no se ni a dónde mirar.

Le pierdo el paso a Marco adelantandome para apreciar mejor el lugar, estás instaláciones son gigantescas, es más, la mansión se queda corta. Tenía razón, aquí se respira el lujo y se vive.

— Ya está el señor Muñoz junto con su equipo como usted ordenó, licenciado de la Barrera.

No manches, como el de la novela de Teresa, esque a los ricos si les ponen esos nombres fifirinais y largos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.