Ethel
— Miren quien apareció, la perdida.—Dice mi amiga al contestar la video llamada.
— No exageres, que no me perdí por mucho, solo fueron tres días.—Ruedo los ojos.
— Cuatro, recuerda que estoy en la otra parte del mundo.—Saca la lengua mostrando una calle de Londres.
— Quien como tu que se va de viaje a esos lugares con las demás.—Rechino los dientes al recordar cuando se fueron de intercambio.
— Me voy de viaje con ellas pero con guardaespaldas, mis hermanos son muy paranoicos, de verdad.—Bufa.
Ambas nos ponemos al día contando anécdotas que nos hacen reír como focas, salir de la oficina de Marco fue juego de niños, hice lo que me pidió. Le dije al guardia que quería un café frío con crema batida y el fue por el.
Como nadie me conoce debo hago uso de esa información y fingo ser una pasante, hace rato escuché que está es su hora de descanso y me servirá para que no me echen.
Me gustaría causarle problemas a don telenovela pero si lo hago mi madre estaría decepcionada de mi y yo también por actúar de manera inmadura, así que para no aburrime vine al enorme jardín verde y llame a una amiga.
— No lo puedo creer, estás en una misión de escape estilo Enola Holmes sin mi—toma aire—, encima te espas de tu propio padre, me encanta.
— Te encantara más saber cómo lo hice.—Camino de un lado para otro.
Volteo a cada salida que hay y trato de parecer una más del sistema despistando a los guardias.
— Ethel de verdad eres la mvp de tu propio vida, te dejo, el avión está por salir y debemos abordar, saludos a la tía Bela.—Me lanza un beso al aire y corta la llamada.
Karla es como mi prima, es hija de Ilse y íbamos juntas al técnico, se fue de vacaciones con las demás para tomarse un tiempo antes de comenzar con todo el odio del mundo último año.
Ahora que estare en una escuela diferente no se que voy a estudiar, en mi anterior colegio habían distintos bachilleres; tenía pensado graduarme de ciencias y humanidades pero como cambio la cosa no se que debo estudiar.
Que te cambien de escuela cuando solo te falta un año para graduarte es un sin sentido.
Honestamente no creo poder adaptarme como ellos piensan, mamá solo se ha limitado a decirme como es el ambiente más no me da ningún consejo de como actuar y que debo hacer en caso de ciertas situaciones.
Es como si estuviera conmigo y a la vez no, siempre recuerdo lo que ella me enseñó de pequeña, como me llevaba a clases de defensa personal y me adelantaba temas para no quemarme la cabeza después.
Soy fan de la literatura antigua y me gustan las matemáticas, soy buena en ellas y eso es por qué ella me enseñó a no verlas difícil sino a verlas completas, es decir, unirlas para resolver un solo problema.
Complicado para algunos, algo sencillo para mí.
— Cacharpo ven rápido.—Oigo a uno de los guardias murmurar.
Se ve pálido como si le hubieran dado el susto de su vida, le dice algo al odio al otro guardia y este se tensa inmediatamente, los dos corren hacia el interior del edificio y dejan la puerta sin seguridad.
Que suerte tienen los que no se bañan.
Estar afuera fue lindo pero creo que voy a regresar antes que Anticristo se enfade conmigo y se las desquite con mi madre, evito miradas por qué se desmayaran como la muchacha de la mañana.
Hablando de ella debería preguntar cómo está, se le bajó la presión de la impresion que le di, dejo sin aire a todos.
— ¿Alguno de ustedes ha visto a una chica como de esta altura de ojos grises?—Interroga un guardia.
Coño, ya me andan buscando.
Escucho los murmullos de los trabajadores del piso así como algunos niegan y otros voltean hacia mi, trago grueso sintiendo un nudo formarse en mi garganta, trato de aparentar tranquilidad pero al sentir como el guardia se acerca cambio de planes y hago lo que cualquier persona razonable y lista haría.
Correr por mi vida.
— ¡Detente ahí, niña!—Me llaman pero solo continúo.
Corro por un pasillo en remodelación el cual está despejado, el piso está resbaloso lo que ocasiona que una de mis sandalias salga disparada cayendo por el borde.
Me quito la otra para emparejar y le resto importancia al objeto no obstante me arrepiento al sentir aún más liso el suelo.
— Ay Jesucristo.—Mascullo aterrada llegando a un callejón sin salida.
— Ya estuvo bueno, vienes con nosotros.—Toma aire el guardia recayendo en sus tobillos.
Retrocedo hasta pegar de llano con la fría pared que divide mi salida perfecta de un castigo por parte de mi progenitor.
El otro guardia regordete se acerca hasta que es detenido por el otro.
— No la toques si no quieres perder la cabeza, el señor dió órdenes claras de ponerle ni un dedo encima.—Le recuerda al gordo.
El delgado suspira pero no me quitan la mirada de encima, mi mano llega a tocar un polvo espeso pero tierroso, se me enciende el foco se las ideas y cuando hago como si fuera a hacer caso, les lanzo el polvo cegandolos por un momento.