Ethel
— ¿Te das cuenta de lo prepotente y necia que eres?—Mi madre se dirige a mi caminando de un lado a otro en la sala de nuestra casa.
Crei que iríamos a la mansión pero ella decidió traerme a nuestro viejo hogar el cual no ha cambiado, solo han pasado tres días desde que nos fuimos pero este lugar se mantiene.
— Creí que podía confiar en ti, me fui tranquila creyendo en ti, Ethel, y me llaman angustiados de que mi hija se lanzó de una ventana en le tercer piso—levnata tres dedos— de un edificio en remodelación.
Ella está entrando en crisis nerviosa, está angustiada y también molesta por la estupidez que hice, Marco tenía algo de razón cuando me dijo qué no pensé en como se sentiría ella.
— ¿Que te costaba mantenerte a raya por un momento y no atentar así contra tu vida? ¿Siquiera tenías un plan?
— No lo tenía—respondo apenada— lo siento.
— Con decirlo no basta, ahora mismo éstoy furiosa contigo pero...
Mamá respira sentadose en el sillón y hace la cabeza para atrás, se masajea las sienes y su pecho sube y baja más lento.
— No vuelvas a hacer eso de esa manera—dice finalmente—, por favor Ethel, se lista ante el enemigo y no actúes por impulso.
Me siento su lado bajando la cabeza, estoy arrepentida de haber hecho eso puesto que la hice preocuparse demás y le estaba dando una crisis nerviosa, ella debería estar decepcionada de mi por no haber hecho uso de sus enseñanzas.
— Perdóname mami, te prometo ser más inteligente la próxima vez y no arriesgarme así.—Ella levanta la cabeza y se voltea hacia mi lado.
Hago lo mismo y ambas nos quedamos viendo a la otra, ella es muy bonita, sus ojos marrones claros parecen miel, ella tiene pecas en el rostro y son de las pocas cosas físicas que herede de ella. Mamá traza mis facciones hasta bajar el dedo por mi nariz.
Me siento como la niña pequeña que se reía cuando ella lo hacía, me acostumbré siempre a ser nosotras que a veces el ella o el yo se me hacen desconocidos.
— Por favor mí amor, se más prudente.—Me acerca a su pecho juntandonos en un tierno abrazo maternal.
— Lo haré mamá—correspondo.
Me siento algo mal por mi padre, si bien es egoísta y para el solo exiten el y mamá, prometió no decir nada porque sabe que ambos la pasaríamos mal, y se que solo me incluyo porque yo fui la que le causó el problema.
Pero si parecía bastante consternado y dolido cuando nos fuimos, viendolo así no es tan diferente de alguien que ama genuinamente a su pareja y no tolera estar lejos.
No caigas, recuerda que te vendió a una institución educativa fifi.
— Ese hombre debe estar loco si piensa que va a dormir dentro hoy —murmura mamá—, no aprende.
— ¿Por qué lo dejas durmiendo afuera? —dejo ver mi curiosidad.
— Marco es como un perro apegado a su dueño, lo trato así porque me recuerda a uno.
Su respuesta me deja confundida pero entretenida.
¿Osea que parece perro, actúa como perro, y por eso lo trata como perro? No puedo con mamá, ella sigue creyéndose chavalita como yo y en actitud lo es, solo que una más experimentada de la vida.
— Mamá eso es funable, ¿tratas a tu pareja como un a imal porque te recuerda a uno?—cuestiono incrédula.
— También por otra cosa pero tú estás muy chiquita para eso.—Responde.
— ¿Pues y esque es el cincuenta sombras de Grey o que?
— Después me entenderas—susurra acariciando mi cabello—, vámonos a quedarnos a dormir aqui hoy, no confío en ese señor para cuidarte.
— Bueno sobre eso, la verdad es que ya no me fastidia tanto verle la cara ni el dinero, pero si siento algo de culpa.
— ¿Le estás dando un voto de confianza?—ella se separa sobresaltada con una sonrisa en el rostro.
— ¡No he dicho eso! —ajetreo los brazos— pero osea, el ya no me cae tan de la verga cómo para decir que está bien lo que le hiciste, también tengo culpa.
Mamá me ve con orgullo en los ojos, solo dije la verdad, yo también tengo culpa de lo sucedido y no sería correcto que el pague todo, me cae mal, pero tampoco debo así de inmadura como para hecharle toda la culpa.
— Hay mi niña, ya estás avanzando.—Me aprieta fuerte.
— Las costillas mamá.—Digo sin aire.
Nos separamos cuando el teléfono de ella suena, lo poco que alcanzo a leer es el nombre de una tal Mildred, mamá toma el teléfono rápidamente y se aleja de mi.
— Dame un segúndo, ya regreso.
Ella sube las escaleras encerrandose en su habitación, yo estoy por subir a la mía cuando oigo el timbre de la puerta y al abrirla me llevo una grata sorpresa.
— ¡Hola, Asmodeus!—Me saluda mi mejor amigo con su bella sonrisa.
— Que no me digas así, Leviathan.—Lo molesto recayendo en el marco de la puerta.
— ¿Y eso que volviste?—Me pregunta entrando.
— No volví en si, mamá me trajo aquí para respirar un rato.—Cierro la puerta detrás de nosotros.