No vuelvas con el Mamá

Capitulo 17: ¿Que le pasa en la cabeza a mi adolescente poseida?

Marco

Tengo la presión y el ritmo cardíaco altos, la dejo en mi oficina por media hora con un electrónico para que se entretenga y dejo a un guardia para que la vigilé y llegó encontrando la oficina vacía y el guardia llegando con un café.

¿Que le pasa? De mi solo tiene la apariencia porque eso de escaparse lo saco de su madre. Pero esque ni Isabela había atentado así contra su propia vida antes, está niña está mal.

Si algo le hubiera pasado mi esposa me habría matado y después me revive para darme el divorcio, ¡no podría permitir tal cosa! Antes muerto que separarme de ella.

Les ordene a los guardias de todo el complejo que la buscarán, les di sus características—que no se ni de dónde me aprendí su altura— y cuando me avisan que la han encontrado me asusto al oir que está en las oficinas de remodelación.

Por alguna razón que desconozco, sentí el impulso de correr hasta aquí y cerciorarme de que nada le haya pasado, pero el pasmo de terror escalo cuando la veo saltando por la ventana. Mi mundo se detuvo por un momento y cuando me obligue a reaccionar ya la estaba atrapando.

— ¡Estas loca!—bramo con el corazón aún en la mano—,¿no tienes ni el más mínimo aprecio por tu vida?

Ethel se retuerce en mis brazos gritandome que la suelte, que la deje sobre la tierra. Está aún más loca si piensa que lo voy a hacer, casi se mata lanzándose sobre una ventana, ¿que sigue?

¿Lanzarse al lago del jardín trasero? ¿Subir a la azotea y hacer acrobacias en el aire?

— Bájame mounstro, el mayor aprecio que tengo en la vida es hacerte la tuya imposible.—Me escupe sin filtros.

No me molesta eso, después de todo yo también estoy en hacerle las mismas, lo que me molesta esque no piensa antes de actuar, se pudo haber matado frente a mis ojos.

¿Que le pasa a mi adolescente poseida?

Y sobre todo ¿que me pasa a mi?

— Piensa en tu madre, Ethel, ¿no sabes que hubiera sufrido si algo te pasaba?—Ella se petrifica al oírme decir eso.

No puedo ver a Bela llorando como cuando perdimos a Lana—mi sobrina—, ella me dejó en claro lo preciada que está niña es para ella, es nuestra hija después de todo y algo en mi se remueve al verla en peligro.

¿Que es?

— ¿Por qué te importa lo que me pase a mi? Es cosa mía si ando lesionada o adolorida.—Clarifica con desgana.

A ella le afecto lo que le dije, lo puedo ver en sus ojos por qué...es el mismo brillo opaco que se refleja en los míos cuando me siento culpable al cometer alguna estupidez que pudo haber perjudicado a mi familia.

Y lo sé bien por qué fue lo único que se reflejo cuando Isabela se fue y ese par de dos también.

— Es cosa tuya, exacto, pero no arrastres los sentimientos de tu madre contigo, se más consciente.—Digo desde la preocupacion.

La bajo cuando estamos en las mesas al aire libre, le ordenó que se siente en lo que le consigo otro par de zapatos por qué no puede andar descalza y peor cuando puede lastimarse los pies.

Lo que debo hacer para no preocupar a mi mujer.

— Tu calzas del ¿que?—escaneo su pie con la mirada.

Creo que es un treinta y nueve o un cuarenta, no es tan patona como otros de su edad.

— Treinta y nueve.—Contesta tamborileando los dedos sobre la mesa

Hay Dios mío, lo que debo hacer por contentar a mi esposa si no quiero que sea ex.

— Ya cálmate, no le voy a decir nada a ella, no quiero meterme en problemas.—Aclaro tomándola por sorpresa.

No miento, Isabela me va a querer ahorcar si se entera que su preciada hija salto desde el tercer piso en remodelación de mis oficinas. Ni el dos por uno me dieron tanto problema, bueno, creo que es porque casi no los traia aquí por su seguridad.

Ilan casi se mata de la misma forma que Ethel hizo ahora. La diferencia es que en aquel entonces logré sujetarlo antes que saltara pero está niña lo hizo antes de que siquiera subiera.

— ¿No le vas a decir? ¿De veritas?—Duda inclinandose.

— ¿Quieres que Isabela haga lo que no hiciste ahorita?—Siseo haciéndola volver a su lugar.

— No.—Niega apenada.

— Entonces no digo nada si no quieres meternos en problemas a ambos.—Respondo sentandome frente a ella.

Paso una mano por el cabello rascandolo, ahora tengo baja la presión del susto que me dió este espíritu maligno, no es inmortal pero se cree. A este paso voy a envejecer más rápido.

— ¿Por qué no puedes estarte quieta un momento?—Siseo sintiendo una extraña punzada de miedo.

No puedo imaginar que algo le haya pasado a esta mocosa malcriada, se que es hija mía, no dudo de Bela sino de esa cosa, es mi viva imagen pero con tendencia suicida y la única forma de tener a mi esposa cerca.

— No me gusta estar encerrada—admite—, y ni te molestaste en desbloquear la computadora.

Caigo en cuenta de eso al recordar que es la mía y que no lo hice, ¿que clase de padre soy? Me fui en cuanto pude y no opte por el bienestar de esta escuincla que lo quiera o no, es parte de mi familia y parte de mi esposa.




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