Ethel
— Estoy aburrida.—Le digo a Marco quien no hace más que ignorarme.
Desde que salte de la ventana está mañana el no me ha quitado el ojo de encima, se tomo muy enserio lo de mantén a tus amigos cerca y aún más a tus enemigos porque no me deja ni salir de su oficina.
Estamos en tregua por ahora, si bien es cierto que salte sin pensar, y que si algo me pasaba mamá era la que la iba a pasar mal, el no ha hecho más que pintarme de piedritas en el zapato.
Me tiene casi que secuestrada aquí dentro.
— ¿Tienes una televisión con todas las plataformas de Streaming que puedan haber y dices que estás aburrida?—Gruñe con un deje de bravura.
— ¿Y que se supone que voy a ver si son perfiles para niños pequeños? —señalo mostrándole la restricción que tiene la cuenta en la que me puso a ver Netflix.
Marco se levanta, me arrebata el control remoto de las manos y configura la cuenta desvinculandola del control parental, cosa que me permite ver películas de acción y terror sin avisos.
— Ya lo tienes, ahora déjame trabajar en paz.—Se sienta de nuevo en su silla.
Podría quedarme de brazos cruzados y ver todas las películas que quiera pero, la mejor diversión que tengo es sacarlo de quicio, vaya a saber yo en qué momento empezó a gustarme pero lo que se es que me encanta.
Adoro fastidiarle la existencia como el hace conmigo, aunque yo se las devuelvo peor y como mamá está de mi lado el pobre no le queda de otra que tragarse las quejas.
— Tengo hambre, no he comido desde el desayuno.—Agito la mano llamando su atención.
— No la tendrías si no hubieras burlado al guardia.—Murmura con los ojos centrados en la computadora.
El teclea con una velocidad que me hace cuestiónar si de verdad está tan viejo como para ser padre, me levanto del sofá donde estaba acostada y me coloco a un lado de el viendolo trabajar.
Un muy buen ángulo para molestar.
— Tengo hambre.—Vuelvo a decir está vez más fuerte para que lo oiga bien.
— ¿Tienes un teléfono no? Úsalo para pedir a domicilio.—Bufa tomando un monto de papeles y organizandolos.
— No tengo bateria—menciono—, estoy aburrida.
Marco deja lo que hace a un lado y se da la vuelta en su silla giratoria hacia mi, entreleza los dedos de las manos y me fulmina con la mirada dejándome saber que no está para interrupciónes.
Mal para el, yo solo cumplo con mi propósito.
— ¿No tienes nada mejor que hacer que sacarme de quicio? —Pregunta en un ademán con la mano.
— Comer—me encogo de hombros—, o también jugar ajedrez con mamá.
El abre los ojos con sorpresa.
— ¿Juegas ajedrez?—inquiere alzando la ceja confundído.
— No, yo como ajedres—ruedo los ojos— obvio que lo juego, ni que el ajedrez se comiera.
— Ya me urge ir a la iglesia—murmura— ve a jugar algo o lo que sea, déjame trabajar en paz, me sales cara.
— ¿Por qué cara? Ni me acerco a ti ni te pido nada.
— Ya solo en tu matrícula se me fueron cincuenta mil pesos y ahora debo mantenerte, parásito.
Que grosero, yo no le pedi nada de eso, el solito se quema la cara de tacuazin. Regreso a mi área original a regañadientes aburrida de estar encerrada por los motivos incorrectos.
Anticristo no ha querido que ande merodeando por los pasillos por el bien de sus lacayos, que pase algo interesante por amor a Dios, parezco un objeto inanimado que se usa para stop motion.
El teléfono lineal me distrae al escuchar tremendo sonido horripilante, échenle aceite o algo para que deje de chillar así.
— ¿Hola Pamela?—Marco contesta la llamada pero así como se cambia de canal se le cambia el semblante.
Ahora palidece y traga con dificultad.
— Dile que no estoy.—Le ordena a su secretaria.
Me incorporo en el sofá atenta a lo que es una posible amenaza o peor aún, cobradores que tienen conexiones con el banco.
— ¡¿Que dices?!—Grita de golpe llevándose la mano al pecho.
— ¿Que te pasa?—Le pregunto al verlo a punto de desmayo.
El no me responde, me da la espalda tratando de recobrar la compostura que claramente no tiene.
— Pamela retenla, no se, invéntale una historia de que salimos a comer o al parque pero no la dejes pasar.—Marco habla con rapidez estilo Eminem pasmado.
— ¿A quien? ¿Que te pasa?—Vuelvo a preguntar frustrada de que me ignore siendo el quien me prohíbe salir.
La puerta se abre de golpe dejándonos a los dos aturdidos, mientras yo reaccionó rápido Marco se queda petrificado con miedo en el rostro prediciendo lo que le va a pasar.
— Antonio, estás en serios problemas.—Sisea mamá con furia en los ojos.
Ella deja caer su bolso acercándose con paso firme, el silencio es tan sepulcrar que resuena el eco de sus tacones, su mirada está prendida en fuego puro.