No vuelvas con el Mamá

Capitulo 20: Ahora sí puedo volver a molestar, con prudencia está vez

Ethel

— Ethel, ve a abrir la puerta.—Mamá grita desde la cocina dónde se encuentra horneando.

Ya no está tan enojada conmigo por lo de ayer en la mañana cuando me dejó a cargo de don sonrisitas falsas, mi plan—que no era plan—fue un fracaso y casi me desvívo yo misma.

Volví a mi alegría por un día, nos quedamos a dormir aqui en nuestra antigua casa y por primera vez en los últimos días me sentí como yo, uso mi ropa holgada normal y hablar con los vecinos como antes.

Incluso mi madre lo ha disfrutado, y eso que ella le dió el peor reclamo a mi padre con ironía incluida, tiene mi respeto, es la mujer que más admiro y a la que más amo en toda mi existencia, aprendí una valiosa lección y esa fue: pensar en ella antes de saltar.

Aún así siento algo revolviendose dentro de mi estómago, lo siento desde que ella corrió a Marco de su propia casa y este se arrastrara por lo contrario, sinceramente fue comedia para mis ojos. Osea, el, que se cree muy muy, se dejó caer al suelo por una mujer que no le tuvo ni consideración.

Está loco por culpa de ella o está loco por ella.

— ¿Que necesita?— Le pregunto al hombre mayor que está parado con una sonrisa apenada.

— Buenos días, señorita, vine por la señora de la Barrera, ¿se encuentra?—Pregunta tambaleandose.

Ya sabía yo, perro faldero con varios huesos.

— Un segundo—cierro la puerta de golpe— ¡ma! Vienen a por ti.

— Diles que no estoy—me susurra desde la cocina—, que estás sola y que me fui a trabajar.

Abro la puerta encontrandome con el hombre que está sudando como si no tolerará verme a la cara, ¿de que me sirve tener una genética privilegiada si nadie se me quiere acercar por culpa de ese monstruo?

— No está, se fue al trabajo.—Digo exactamente lo que ella me pidió.

— Por favor...¿está segura que no se encuentra? ¿Dónde trabaja?—El viejo canoso empieza a tartamudear a medida que cierro la puerta.

Anticristo no se cansa, se pasa de migajero.

— Ya le cerré, mami, ¿ya puedo tomar una galleta?—El aroma a chocolate con canela pega fuerte en mi nariz.

Estiró la mano para tomar una cuando mamá me pega y la aparta negando con la cabeza y sujetando sus caderas con las manos.

— No, estás castigada.—Dice secamente.

— ¡No! ¡Me niego!—Vocifero indignada de no poder comer semejante manjar.

— Manos lejos, estás no son para ti—ella retrocede limpiando la isla.

— ¿Si no las vamos a comer entonces para que las haces?

— Dije que no son para ti, porque tú las vas a entregar.

Mis ojos se abren como platos al oir eso, ¿a qué se refiere? Ella solo hace estás galletas cuando sucede algo especial o quiere hacer las pases con alguien, ahora que lo dice así será que son para...

Hay no.

— Tu fuiste irresponsable y otro salió peor que tu, lo menos que puedes hacer es pedir perdón.

— Primero muerta—mascullo entre dientes—. Mamá, no voy a hacerlo, tu fuiste quien lo regaño, no, perdón, lo castigo.

— Lo hice porque tú no pusiste de tu parte—se encoge de hombros volteando hacia mi—, los dos tiene culpa.

Los toques en la puerta vuelven a fastidiar está vez más insistentes e insoportables, mamá es quien va a abrir la puerta con el delantal puesto y el cabello recogido en una coleta alta, hay algo de harina en sus mejillas pero eso la hace ver tierna.

Me apoyo en la silla viendo la escena que se desarrolla frente a mis ojos mientras la tentación de tomar una galleta ahorita que está distraída me llama.

Y lo hago, así de rápido como mi madre abre la puertas yo tomo una de las galletas y me la llevo a la boca de golpe masticando.

— ¿Que necesita?—Le pregunta ella al viejo que carraspea y habla con dificultad.

— Buenos días, señora de la Barrera, el señor quiere que usted-

— Dile que al rato—lo corta—, en este momento estoy haciendo algo sumamente importante.

Ella está a punto de cerrar la puerta cuando alguien mete el pie evitandolo, el viejito se hace a un lado y una voz que gruñe y sufre se hace presente haciendo aue me atore con la galleta que tengo en boca.

— Bela por favor—dice Marco haciendo la puerta a un lado—, anda amor mío, perdóname está vez pero no vuelvas a irte.

Toso sin poder contener la risa que me da verlo migajear un poco de amor donde lo único que va a ganar es ser desterrado de su casa, mamá se voltea y me fulmina con la mirada al ver las migajas en mis mejillas.

— ¿Que te dije?—Ella voltea medio cuerpo y me harta con la mirada.

— Isabela vuelve—le ruega el de rodillas—, no volveré a dejarla sin supervision pero no me tortures así maldita sea.

— Párate de una vez y deja tu show de lado—mi madre lo hace a un lado cerrando la puerta tras de si.

Ella se cruza de brazos mientras Marco se queda sin poder creer que ella le haya permitido ingresar, aún así al verme se le borra la sonrisa y trata de hacerse el fuerte y bravo pero no le sale porque ya ví lo mísero que actua por no soportar estar lejos de ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.