No vuelvas con el Mamá

Capitulo 29: Los diez mandamientos

Ethel

— Para la prueba del miércoles s los temas son-

La maestra es interrumpidapor la campana que alegra a todos en el salon, gritan y festejan como si los hubieran salvado de una mazmorra. Incluso Theo esta festejando con los demas que se abalachan sobre la puerta saliendo como locos, la profesora deja ver su furia dejando caer el libro de texto en el escritorio.

Un loco es el unico que se quedaria en este lugar encerrado con una señora que te quiere romper los huesos con la mirada.

— ¡Corran que la cafetería está vacía!—grita uno de los muchachos empujando a los demás que van en una estampida como la que mato a Mufasa.

Y yo estoy de por medio, atrapada sin saber que hacer.

— Momento—Theo me sujeta del brazo antes del impacto, un poco más lento y seguramente estaría estrellada contra la pared y la jeta destrozada.

— Perdon—oigo a los monos decir escaleras abajo.

— ¡No corran en los pasillos!—los regañan los profesores que están dándoles persecusión por esa conducta.

Verga...

Vengo de publica pero la privada me deja con la boca abierta.

—Según yo iban a ser Hai—Hai y fifirisnais, quisquillosos y fresas de esos que hablan naco como mamá osa—le comento a mi mejor amigo el cual me guía por el ala opuesta por dónde bajaron los demás.

— ¿Mamá osa? ¿Ahora a quien le pusiste así?

— Al taquero que se cree de Lomas, ni los López Pérez de Angangueo tienen el ego así de alto—hago una demostración levantando mi brazo lo más que puedo.

— ¡Oi gringo!—volteamos hacia atrás al ver que tres chicos se acercan a nosotros.

¿Quieren pelear o que les rompan el coxis?

Por qué ganas no me faltan, yo nunca le digo que no a una buena pelea salvó cuando mi oponente es la fuerza de la naturaleza llamada madre asesina. Peleando a puño limpio no le he ganado ni una sola vez a mamá, la suerte o los atajos tampoco me son de ayuda ya que ella siempre gana.

— Güero, Carbón, ¿no iban a jugar en la cancha?—les plática mi amigo cruzado de brazos.

Hhhm...

¿Que apodos son mas cuestionables?

¿Los que pongo yo, o los que pone Theo?

— Esque lo vamos a hacer—resopla Carbón alzando el balón.

— Pero nos falta un defensa, los del diez ya nos esperan ahí igual los del nueve A—añade el otro buscando a Theodore con la mirada del gato con botas versión cringe y de barrio.

— Y quieren que yo juegue—repite como afirmación.

Los dos asienten palmeandole el hombro.

— Tu novia también puede venir—me sobresalto al oir eso.

Ambos lo hacemos, ¿que parte de que no somos novios no queda clara? Por qué puedo hacer hasta un ensayo de ochenta páginas del porque nosotros no quedamos ahora.

Tenía que decirlo un pedazo de carbón y un grano de arena anemica.

— No soy su novia—obstigo con la voz.

Los dos se quedan viendo como si nunca les hubieran llevado la contraria o hablado de tal forma despectiva como la mía.

— Mierda...—murmura uno estoico.

— No pues si para esas estamos mejor pídanle a Leo que juegue por mi, total, nadie nota la diferencia—refunfuña Theo con mirada desvinculada.

— Era mentira, bro, disculpa a Finn, el pedazo de estiércol no razona y carece de sentido comun—defiende el otro cosa que me hace reír para mis adentros.

Estoy confundida, lo está defendiendo pero a la vez lo insulta y lo indigna, aquí la hombría no debe existir porque tener amigos así me deja con ganas de tener enemigos.

— Oye Ethel —me nombra el güerito con sonrisa pucara—dile que juegue, andale y no seas mala.

¿Y esque yo soy su dueña para que me vean como domesticadora de animales? Ya veo por qué las chicas dicen que ellos son monos.

— ¡Ahí estás!—reconozco la voz de una apresurada Arisha que aparece en mi campo de visión.

— ¿Que pasa?—cuestiono con normalidad, a este paso soy como Mahoraga, me adapto en tres raptadas.

— Es hora, Alma y Duke quieren que estemos todos en el “cocodrilo” reunidos—responde ella recobrando fuerzas.

— El cocodrilo—repiten los tres en coro con cara sería.

¿De dónde carajos han sacado un animal así?

— Si, el cocodrilo...

Observo a Arisha, luego a Theo, lo hago dos veces seguidas y decido tomar la iniciativa de acercarme a ella.

— Entonces vamos—habla la parte de mi que de verdad siente una inmensa curiosidad por ver un cocodrilo.

La única vez que ví uno real fue cuando mi madre me llevo al zoológico a los ocho años, pero siento intriga por tocar uno de verdad, cabe mencionar que soy parte amante de lo fuera de lugar o paranormal, este gusto también aplica para lo exótico como un cocodrilo en una escuela llena de niños que pueden ser acribillados por un reptil de agua con mandíbula de acero inoxidable como el que me vendieron y se me arruinó al mesa.




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