No vuelvas con el Mamá

Especial: Día de las madres

Isabela

34 años...

— Por aquí, pasen—nos guía hacia nuestros asientos una de las tantas maestras de la escuela de mi hija.

El tiempo se desliza por los dedos como arena, mi pequeña criatura de luz ahora tiene siete años y socializa más, debo admitir que temía que mi hija no deseara participar en estos eventos muy lindos que hacen las escuelas.

No vengo sola, Ilse viene conmigo, ya que, Karla también está en el mismo salón que mi Ethel y ambas participaran.

El ambiente es cálido, risas que vibran, música alegre, madres con sus hijos.

Se respira la alegría.

Mi hija está en primer grado, y es de las primeras en comenzar; me siento culpable conmigo misma ya que me parece una falta irremediable el estar presente en los eventos de mi hija y que ella pueda verme, mientras que mis hijos ya no participan en los suyos.

— Hey, quita esa cara—percata Ilse a mi lado.

— Lo siento—me rio, nerviosa—. Estaba pensando en la invitación que me hicieron mis gemelos para ir a comer mañana.

— ¿A dónde planean llevarte?—inquiere Ilse con una ceja socarrona.

— Yo que se—contesto con la verdad—, Elian solo me llamo anoche diciendo que quería que fueramos a almorzar.

Suspiro profundo, aclarandome la garganta.

— ¿Crees que puedas cuidar a Ethel mañana?—pido más como súplica que como petición.

Yo paso las veinte y cuatro horas del día con ella, y los siete días de la semana. Pero no he visto a mis gemelos en un buen tiempo, si, he charlado con ellos por llamadas pero no a diario.

Solo podemos hacerlo en momentos claves, así nadie sospecharía.

Fidelina me ayuda desde allá.

— Por ti haría lo que fuera y lo sabes—me abraza—, tu ve tranquila.

— Gracias, amiga.

Dejamos la conversación para otro momento debido a que da inicio el evento.

Es hermoso ver a los niños pequeños, que aparte de tiernos, son grandes bailarines y actores, los de preescolar hasta les lanzaron besos a sus madres.

— Mira que pequeños galanes—bromeo girandome hacia Ilse.

— Si tan solo mis hijos no hubieran perdido el encanto—manifiesta con rotundidad mi amiga.

Asi fueron pasando acto tras acto; gozamos con algunas dinamicas que ostentaban los profesores que invitaban a las madre a bailar por premios.

No tuve el valor de subir al escenario a bailar, no he sido buena bailarina desde nunca.

— ¡Ah! ¡Mira que lindas se ven!—aclama a grito herido.

Karlita y Ethel—junto a sus demas compañeros— toman posición sobre el escenario, sin perder segundo alguno, Ilse y yo nos levantamos de nuestros asientos con celulares en mano buscando espacio para grabarlas y que podamos guardar esta pequeña presentación.

La musica rebota en los altavoces mezclandose con el bullicio de los gritos y aplausos; los niños empiezan con su rutina de Rockabilly bailando en parejas, dando vueltas con las manos entrelazadas y dando brincos.

Ayer pase toda la tarde practicando el arte del peinado, adquiri nuevas tecnicas para poder hacer un moño perfecto y me siento orgullosa.

— ¡Mami!—mi niña salta hacia mis brazos cuando me ve entrar en el salon.

— Estuviste grandiosa, amor de mamá—sonrio felizmente, devorando a besos las mejillas de mi pequeña.

Mi hija se voltea hacia mi entrelazando sus dedos entre los mios.

— ¡Mariam!—oigo la voz aguda de Karla gritar.

— ¡Abi!—le grita devuelta Ethel, mesiendo nuestras manos.

Ambas centran su vista en la otra y, si de telepatia se tratase, asienten al mismo tiempo volteando a vernos.

— Mami, mami, mami—exige atención mi Ethel—, Karla y yo queriamos saber si podemos ir por helado.

— Si mamá, vamos—Karla hace mojitos con los ojos para que su madre le diga un si.

Ilse y yo nos vemos de reojo curveando una sonrisa dulce.

— Hoy podemos permitirnoslo—me dice abrazando a Karlita.

Las dos niñas curvean sonrisas de alegría genuinas, disfrutando tiempo a nuestro lado.

Hay momentos en los que se me parte el corazón al ver lo que le doy a ella pero no soy capaz de dárselo como debería a mis hijos.

Ethel puede tener pocos juguetes, poseer una educación de menor calidad o no permitirse comprar cosas costosas, pero me tiene a mi presente.

Elian e Ilan tienen todo eso y más...pero no me tienen a mi, siento mi alma rota por mis dos pequeñas copias que necesitan comprensión, duele ser consciente que se debe a una decisión mía, que yo tome conociendo lo que estába en juego.

Mis hijos van antes que yo y antes de mi amor, cuando supe que mi bebé sería niña, en ese momento de pánico, pude entender las palabras que mi madre una vez me dijo cuando niña:

— Para nosotras no hay nada, sin un apellido no eres nadie, sin un hombre no serás nada, si eres mujer en este mundo, estás condenada a servirle a otros por encima de ti, no tendrás voz ni voto, si quieres seguir sola, morirás sin nada, no serás nadie y desapareceras sin haber sido alguien.



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En el texto hay: comedia y amor, ironía y picardía

Editado: 17.05.2026

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