Joseph.
Por primera vez desde que abrí el bufete con mi amigo no había ido a trabajar y desde ya sospechaba que esto sería probablemente una constante en mi vida a partir de ahora. Lily con tan solo horas está cambiando mi mundo de formas que ni se imagina.
Fue un día duro, un día largo. Jamás me interesó obtener la ciudadanía americana, estaba bien honrando mis raíces, esas que tanto honor le causaban a mi padre hasta hoy, donde me arrepiento de no haberlo hecho. Si la hubiese solicitado como lo hace todo extranjero para cumplir por completo su sueño americano todo sería más fácil para mí en estos momentos.
Gracias a mis contactos en los sitios correctos pude conseguir una pronta cita para entregar mis requisitos y hacer el examen que obligatoriamente debo rendir, pese a mis años en el país, así que, aunque quiera no podré evitarlo. Lo malo es que la aprobación de mi solicitud de naturalización para mi ciudadanía se puede demorar un tiempo que no tengo, por lo que si antes me urgía casarme ahora me urge muchísimo más.
Pasé horas reunido con mi abogado y dado lo urgente de mi caso, mis años aquí y mi empresa legalmente constituida intentarán hacer algo para que todo se agilice, y de igual modo no me siento tranquilo, aunque sí agradecido.
No puedo permitir que me quiten a Lily, entre mi impotencia he culpado a mi hermana y a su esposo por no haber dejado un tutor legal a sabiendas de que practicaban deportes de alto riesgo, pero no sería justo con ellos. La amaron tanto que nunca pensaron que le faltarían, me toca a mí honrar ese amor que le tuvieron a su hija y protegerla.
Debo dejar de ser el hombre centrado únicamente en mí que hasta ahora fui porque un pequeño ser depende de mis acciones. Ambos debemos adaptarnos el uno al otro, necesito que sienta mi casa como su hogar, por eso le hice caso a Gael y en pocos días ya no tendré oficina en donde trabajar, sino una hermosa habitación de princesas y unicornios como me contó mi sobrina que le gustaba antes de quedarse dormida plácidamente en mi cuarto.
Debido a eso la espalda me mataba, ese sofá no es nada cómodo para un hombre de mi tamaño. Lo único que deseaba era dormir un rato en mi espaciosa y cómoda cama, cosa que logré porque al llegar al departamento no había nadie; imaginé que Gael había llevado a Lily al parque y me dormí mientras esperaba, el problema fue despertar y no verlos.
Llamar a mi amigo y que no respondiera alimentó mis nervios. Nunca pensaría que Gael la dañaría, al contrario, temía de que algo les hubiera pasado a ambos, sentía el mismo terror que cuando recibí aquella llamada del hospital. Insistí, lo llamé tantas veces que no recuerdo cuántas fueron hasta que recordé que su camioneta tenía un GPS vinculado también a mi teléfono ya que mi preciado amigo como buen abogado sufría de algunas paranoias sobre todo lo que le puede pasar a un ciudadano.
Deprisa tomé las llaves de mi vehículo y seguí la dirección que se me indicaba hasta detenerme frente a una pastelería. Fruncí el ceño al comprobar que estaba cerrada, con casi todas las luces apagadas, pero la camioneta de Gael estaba aparcada justo aquí.
Estacioné observando el lugar e insistí nuevamente al llamarlo por teléfono, obteniendo el mismo resultado, no respondía, así que me bajé del auto y toqué la puerta del local, pero nadie salía, no me rendí e insistí otra vez, y al igual que antes nada sucedía hasta que no pude más y con todas mis fuerzas volví a tocar sin parar, desesperado, asustado, temeroso de lo peor; fue allí cuando una sombra que reconocí caminó hasta mí para abrirme la puerta.
—¿Qué rayos haces aquí? —pregunté entre furioso, aliviado y extrañado.
—Eso lo puedo preguntar yo, ¿qué haces aquí? —quería guindarlo, ¿cómo se le ocurría hacerme tal pregunta?
—Es tardísimo, te desapareces con mi sobrina, no respondes mis llamadas, me preocupé, ¡me imaginé lo peor! —revisó sus bolsillos mirándome con extrañeza sacando su celular. Lo revisó e hizo un movimiento con su boca y con su cara.
—Lo siento, no me di cuenta de que estaba en silencio. Lamento que pasaras por esto, lo bueno es que comprobaste lo útil que son los GPS para encontrar a tu familia. —puso expresión de amor e intentó abrazarme, pero lo alejé. No estaba para sus juegos de colegio.
—Dónde está Lily y qué haces todo lleno de harina. —sonrió como quien conoce un gran secreto y me pidió que lo siguiera.
—Como ves es una pastelería, la enana está bien, horneábamos.
—¿De cuándo acá eres pastelero?, ¿de quién es esto? —se volteó un segundo para mirarme y salirme con una de sus payasadas al guiñarme el ojo.
—Ya lo descubrirás.
Con esa única respuesta pasamos el mostrador para dirigirnos a una gran puerta que por su forma y tamaño imaginé que le daría paso a la cocina. Al entrar todo el lugar olía divino y allí estaba ella, mi pequeña pulga cubierta de harina en brazos de una mujer espectacularmente bella que se me hacía ligeramente familiar, aunque sería imposible que se tratara de ella, ¿o sí?
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Editado: 12.08.2023