Joseph.
Han pasado algunos días desde mi encuentro con Emma y no he logrado sacarla de mi cabeza, por más que intento la imagen de sus ojos tan azules como el cielo siempre vuelve a mí, sin contar que Lily no ayuda mucho para que la olvide, su nombre no sale de su boca y sus deseos de verla tampoco.
Me lastima romperle el corazón, pero no puedo imponerle mi presencia a la rubia, no sería justo con ella después del daño que le hice, fui un tonto. Un crío hueco y vacío que no supo apreciar el verdadero valor de una persona por encajar y demostrar que era lo mejor del mundo, que era el chico malo, el chico popular, el más deseado por todas las del colegio, en conclusión un tremendo idiota.
Como capitán del equipo de fútbol tenía una reputación que cuidar, ser amigo de Emma o peor aún, sentir algo por la gorda era casi que ilegal, sin embargo, no pude evitar relacionarme con ella cuando descubrí el escondite de Gael. Recuerdo que al inicio me shockeó verla allí, pero luego, con el tiempo la fui conociendo y realmente podía sentirme a gusto con miss piggy como al final frente a todos la nombré.
Fui un cobarde que traicionó lo bonito que teníamos al sentirme casi descubierto por mis compañeros y las porristas del colegio, metí la pata, no solo traicioné nuestra amistad, sino que la humillé y la continué humillando frente a todos hasta el último día de clases, aunque mi peor canallada fue haberlo hecho justo después de darle su primer beso, uno que borré de la peor forma al fingir que no la conocía, del mismo modo que ella lo hizo conmigo hace días.
—¡¡Si hay alguien con vida emita un sonido. Soy del personal de rescate!! —asustado por aquel grito amortiguado por lo que presumo fue su mano haciendo túnel en la boca, volteé en la silla viendo a Gael parado frente a mi escritorio. —Confirmado, hay vida.
—De seguir así tendré que llevarte a un loquero. —con su típica expresión divertida alisó su corbata tomando asiento frente a mí.
—Dado el caso tendríamos que ir juntos porque hace un buen rato que llegué y no me sentiste, estás ido y creo que hasta más loco que yo. Hermano, en serio, si no quieres ir a esa cita con Amy no lo hagas. —tomé el lápiz y comencé a jugar con él mientras lo escuchaba y pensaba en sus palabras.
¿Quería hacer esto?, no. No quería, pero debía, era mi única salida, alguna de esas mujeres me tiene que ayudar, alguna debe servir.
—Iré, no tengo alternativa, además Amy se escuchó muy interesada cuando se lo propuse. —expliqué lo que aquella conversación me transmitió.
Tuve que mentirle y decirle que había estado un tiempo afuera y me encantaría reunirme con todos algún día para hacer una especie de reencuentro. También le dije que me encontré su perfil en una red social y decidí escribirle para salir y así ponernos al día con nuestras vidas. Algo que jamás me interesó porque nunca fui su amigo, recuerdo que ella era medio rarita en esa época, espero que haya cambiado y sea la indicada para este loco acuerdo.
—Ok, perfecto, ella no era fea, era medio dark, pero no fea, quizás te guste. —respiré profundamente sin dejar de observarlo.
—Te recuerdo que este es tu plan, si alguna de esas mujeres me mata o si todo falla será tu culpa. —advertí señalándolo.
—¿Por qué no haces lo que tienes que hacer y dejas de darle tantas vueltas? —cuestionó de repente en tono de reclamo, uno que no comprendí.
—¿Hacer qué? —quise saber intrigado por su cambio de humor, parecía aburrido y obstinado, dos características incompatibles con su personalidad.
—Pedirle perdón a Emma, disculparte con ella, ¡tener pantalones! Lily la ama y mi amiga necesita ayuda. —negué poniéndome de pie para tomar el balón de fútbol americano y relajarme.
—No puedo hacer eso, ella me dejó en claro que no me quiere ver. —refuté sin muchos ánimos.
—Claro que no querrá verte, le hiciste daño, ¡por eso debes disculparte como cualquier ser humano normal! —exclamó moviendo sus manos con cada palabra que decía.
—Haga lo que haga no me va a perdonar. —aseguré, apretando con fuerza el balón.
—Sigues siendo el mismo tonto de la secundaria. Mucha cara bonita, mucho músculo y cero gallardía, te faltan pantalones. Te quiero amigo, pero debes madurar de una buena vez, sigues pensando en ti y en la vergüenza que te da rogarle a una mujer, lo que te hace no pensar en Lily. —le lancé el balón con fuerza queriendo lastimarlo, solo que él fue más rápido y lo atajó.
—Hago todo por Lily, voy a esas citas por ella, muevo influencias por ella, cambié mi vida por ella, así que no me hables de egoísmo e inmadurez. —bramé muy molesto con mi mejor amigo.
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Editado: 12.08.2023