Joseph
Esta vida de padre-tío es más difícil que enfrentarme al mejor de los fiscales o que competir en unas olimpiadas, creí que con alimentarla, vestirla y enviarla al colegio bastaría, pero no. Lily habla, expresa lo que siente y padece, exige, llora, se molesta y hace berrinches los cuales provocan que quiera huir.
Ayer fue el primero de ellos, todo porque pedí comida china a un restaurante y ella quería una pasta casera como la que hacía su madre, ¿cómo rayos hago eso?, ¡no sé cocinar! Jamás he sido útil en una cocina, sin embargo, traté de complacerla, seguí una receta paso a paso y solo logré que se pusiera a llorar y me gritara lo mucho que odia vivir esta situación y lo mucho que extraña a su mamá y a su papá.
Fue ahí cuando yo, un hombre adulto, responsable y ecuánime quise huir como un niño y encerrarme en un closet a llorar necesitando consuelo. La amo, descubro cuánto cada día, por eso me resulta frustrante todo esto porque pese a que no sé nada de niños, estoy haciendo mi mayor esfuerzo, pero nada será suficiente porque nadie, incluyéndome, podrá llenar el vacío que siente.
Uno que también siento, que también sufro y que por todo lo que ha pasado no he tenido tiempo de procesar. He pensado muchas cosas, incluso anoche acostado en ese incómodo sofá rodeado de las cajas de mis libros y demás cosas que estaban en mi antigua oficina, la que ahora está pintada de rosado unicornio, pensaba en tomar clases de cocina junto a mi pulga aquí en casa con un chef profesional, quizás esa sea una buena forma de compenetrarnos un poco más. No quiero que sufra, no soporto verla llorar.
Lo positivo es que al fin conseguí a una nana, la cual comenzará a trabajar el lunes, después de que coloquen las cámaras de seguridad en todo el apartamento, no pienso dejar a Lily con una extraña sin ninguna protección, aunque en realidad esa no fue mi idea, sino de Gael. Yo solo pensé que tener a esa señora aquí me servirá para resolver la crisis alimentaria que se vive en este hogar.
—Tío, buenos días. —volteo a verla encontrándome con la tierna imagen de sus ojitos adormilados, su cabello revuelto y su peluche en las manos.
Suelto una de las naranjas que estaba exprimiendo para nuestro jugo y me acerco a ella viendo como alza sus brazos para que la cargue. Al hacerlo usa mi hombro como almohada y algo muy grande y reconfortante calienta mi pecho.
—Buenos días mi pulga hermosa, ¿cómo dormiste? —saludo besando su cabello pasando mis manos por su pequeña espalda.
—Me gusta más cuando me dices princesa, ¿alguna vez me llevarás a Disney? —negué divertido sentándola en el mesón.
Con los pocos días que llevábamos conviviendo había aprendido que esta pequeña ama pedir y chantajear con dulces caritas hasta lograr lo que quiere, es una traviesa hermosa.
—Podríamos ir más adelante, luego de que arreglemos todo aquí. —expliqué dándole un toque en su nariz volviendo a la tarea en la que estaba.
—¿La señora Úrsula me alejará de ti? —casi me corto al picar una naranja por oírla decir eso.
Me paré frente a ella, igualando nuestros tamaños para hablarle viéndola a los ojos, así recuerdo que lo hacía mi hermana cuando se agachaba para tener una comunicación efectiva con la pequeña, de esa forma me lo había explicado en esa ocasión.
—Escúchame, eres mi princesa, mi pulga, mi niña hermosa y lo más importante, eres mi familia. Te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que esa señora nunca te aparte de mi lado. ¿Me crees? —asintió abrazando con fuerza su peluche volviendo su vista hacia las naranjas así que decidí continuar haciendo el jugo.
—¿Te tienes que casar? —esta vez exprimía por ello mis dedos no corrieron peligro cuando abruptamente detuve lo que hacía.
—¿De dónde sacaste eso? —cuestioné inquieto, ella no estaba en edad para tener esta conversación conmigo.
—Tu voz es gruesa y las paredes de esa oficina eran muy finas, escuché cuando te decía que para adoptarme debías estar casado y no lo estás. —su voz se iba apagando a medida que hablaba hasta quedar en silencio con la tristeza reflejada en sus ojitos.
—Lo arreglaré, Lily. Lo prometo, estoy haciendo todo para ser tu tutor legal, hay términos que no puedo explicarte, pero sí puedo asegurarte que nadie te apartará de mi lado. —esperé que hiciera o dijera algo, sin embargo nada sucedió, así que me centré en terminar el bendito jugo para servir el desayuno.
Al menos esta comida del día no representaba un gran problema, mi menú estrella constaba de un tazón de cereales con leche, pan tostado, mermelada, huevo revueltos y jugo de naranja recién exprimido, gracias a que mi mejor amigo recientemente me regaló un exprimidor junto con una bolsa de naranjas.
#395 en Novela contemporánea
#1239 en Novela romántica
matrimonio por contrato, amor del pasado, drama romance y humor
Editado: 12.08.2023