Emma.
Cierro la última caja que contiene parte de mi vida en ella. Hace nada pensé en vender los muebles, pero no sería mucho lo que pudiera obtener por ellos. Ya solo quedan horas para que se venza el plazo que me dio la sargento para abandonar este apartamento que guarda los últimos recuerdos que compartí con mi madre.
Me duele mucho, sin embargo, lo que más me pesa es la sensación de fracaso que me envuelve, por más que intento no logro dejar de ser la perdedora que desde la secundaria fui. Trato y trato, y a pesar de pensar que puedo, que esto es solo un bache más, en ocasiones me canso, me agobio y me provoca rendirme.
Pese a eso soy Emma Williams, he podido con muchas cosas y podré con lo que viene. Guardaré todos mis muebles en un galpón y dormiré en la pastelería, al menos mientras logro conseguir dinero para arrendar de nuevo, así sea algo pequeño, aunque eso será hasta después de que logre recuperar el collar de mi madre, eso sí no lo dejaré perder, así tenga que vender un riñón.
Luego de dejar todo listo voy a Sugardream’s, hoy no había podido hacerlo, estuve averiguando y viendo galpones de alquiler para guardar cosas y luego me fui a casa para terminar de empacar la mudanza.
Lo bueno era que había dejado todo listo y confiaba plenamente en Rob y en Molly quienes han hecho todo lo posible por ayudarme, pero lastimosamente contábamos con poco tiempo para recaudar el dinero de la renta y a esta altura no creo que Carrie se conforme con pagarle un solo mes, es todo o nada.
—¡Jefa!, pensamos que no te veríamos hasta mañana. —exclamó Rob, sin poder creerse que estuviera aquí.
A este moreno tan guapo y único lo conocí apenas abrí el local con mi madre, recuerdo que para ese entonces fumaba hasta por los codos, pero creo que las buenas reprimendas de mi progenitora lograron su cometido porque al tiempo lo dejó. Y así, día a día se fue convirtiendo en mi amigo fiel, ese que a pesar de no tener el mejor empleo, ni la mejor paga, no me abandona.
—Me dio pena dejarlos con todo el trabajo, quise estar con ustedes al menos para cerrar. —expliqué luego de dejar un beso en su mejilla y caminar directo al mostrador de donde tomé un delicioso brownie con nueces, lo que vendría siendo mi almuerzo.
—¡Amiga!, estás aquí. —saludó una efusiva Molly saliendo de la cocina.
Ella era alegre, colorida, chispeante y algo alocada con su cabello rosa, el cual contrastaba muy bien con su nívea piel y sus increíbles ojos verdes como grandes aceitunas, era preciosa, la vi por primera vez en el aeropuerto cuando llegué de París. Tropezamos y luego lo volvimos a hacer una tarde en la plaza del centro, ese día decidimos presentarnos y de allí nació nuestra amistad.
—Sí, quise acompañarlos a cerrar, ¿cómo estuvo el día? —deseé saber mientras degustaba mi postre al cual solo le faltaba un helado de vainilla para acompañar.
—Hoy fue un buen día, tuvimos más clientes de lo habitual. —expuso Rob emocionado.
—Así es amiga, la publicidad está funcionando y la mayoría se ha ido feliz con los sabores. —sintiendo una opresión en el pecho me dirigí a la caja la cual revisé, junto con lo acumulado en el punto de venta y no lo podía creer.
No había sido una fortuna, pero definitivamente sí vinieron más personas este día al local. No quería adelantarme, no deseaba pensar y crearme expectativas, sin embargo, era imposible no hacerlo, no puedo vivir sin esperanzas, algo bueno se acerca, lo presiento.
—Estoy segura de que esto es una señal, los terribles días grises se irán, ya verás. Por algo siempre sale el sol detrás de cada tormenta. —pronuncié con convicción de un próspero futuro.
—Estoy seguro de que así será, bombón. —dijo mi amigo, alejándome de la caja porque le iba a cobrar al último cliente que quedaba.
—¿Cuándo te mudarás conmigo? —inquirió Molly con toda la terquedad que la caracteriza.
—Ya lo hablamos, estaré bien aquí por un tiempo, no quiero estorbar. Te lo agradezco mucho, en serio. —se que le molestaba mi negativa, pero no me sentiría a gusto.
Bastante lucha ella sola, como para tener que cargar conmigo. Molly siempre ha sido muy cerrada con su vida privada, es como si escondiera algo grande, lo cual me hace agradecer aún más su ofrecimiento, sólo que de verdad no puedo.
—No, no permitiré que vivas en tu oficina cuando puedes estar en mi casa, deja de ser tan terca y acepta la ayuda de las personas que te queremos. —iba a responderle cuando una vocecita que conozco bien saludó a todos al mismo tiempo que una lágrima escapaba de mis ojos conmovida por las palabras de mi amiga.
#860 en Novela contemporánea
#2992 en Novela romántica
matrimonio por contrato, amor del pasado, drama romance y humor
Editado: 12.08.2023