¿ Nos Casamos? Soy un tío en apuros

Capítulo 13

Emma.

 

Despierto más temprano que de costumbre porque tengo algunos pendientes que no pude terminar ayer. Hoy debo abandonar este apartamento y según mi contrato tengo hasta la media noche para hacerlo, cosa que no será así ya que en la tarde vendrá Rob con su primo para ayudarme a llevar mis pertenencias al pequeño galpón que alquilé, al menos me alcanzó para eso.

 

Ya tengo mis cosas listas, solo me falta bajarle las plantas a Richard quien se ofreció a cuidarlas hasta que consiga un nuevo lugar para vivir, de igual modo aprovecharé para llevar algo de mis cosas a la pastelería, no fue muy grande el espacio que pude conseguir en mi oficina, pero estaré cómoda mientras todo se soluciona.

 

Tomo dos de mis macetas, una más grande que la otra, para dejarlas donde mi adorado vecino y salgo del apartamento rumbo al piso uno intentando no matarme por las escaleras gracias a la escasa visión que me ofrecían las verdes y frondosas hojas de mis plantas.

 

—Oh, Emma, espera. —me detengo de golpe al escuchar a la sargento quien se encontraba en el piso dos.

 

—Buenos días, no se preocupe, sé que debo tener cuidado con las cosas que puedan ensuciar o dañar las barandas de las escaleras. —me adelanté algo cansada de sus constantes reproches.

 

—¿De qué hablas niña? —los brazos se me comenzaban a acalambrar y la nariz me picaba por las hojas así que dejé los materos en el piso.

 

—No lo sé, ¿dé qué habla usted? —pregunté apenada.

 

La verdad es que había hablado guiada por mis emociones y no la dejé explicarse. Suelo ser un arcoíris, pero justo ahora me siento como una nube gris con relámpagos y todo, eso que sí consideré la limpieza energética de Molly, solo que por lo visto no funcionó.

 

—Yo solo te detuve porque me pareció prudente hacerte ver que no puedes seguir así. —su rechoncha nariz se abría más cada vez que respiraba, ese era un rasgo característico de su cara, uno que se robaba mi atención y me costaba disimular.

 

Era como si sus fosas nasales aletearan, lo hacía siempre, viéndose muy llamativo por el tamaño que tenía. En general todo en Carrie era grande.

 

—No la entiendo, ¿así cómo? —insistí sin comprender nada.

 

—Así, descuidada, dejas todo para última hora, pudiendo resolver antes.

 

—Me disculpa, pero…

 

—No tienes que disculparte —interrumpió impidiéndome hablar. —Así son ustedes los jóvenes, aunque tú ya no lo estás tanto. Sé que me adelantaste seis meses de renta, pero igual no dejes que esta desagradable situación se re…

 

—Espere.  —pedí, poniéndole fin a su interminable discurso, era la única forma de que me dejara expresar. —¿De qué está hablando?, ¿cuáles seis meses de renta? —o yo estaba alucinando o ella estaba muy loca.

 

—Veo que la pérdida de tu madre te afecto más de la cuenta, cómo no vas a recordar que me pagaste lo que debías y también adelantaste seis meses de renta.

 

—¿¡¡Que yo qué!!? Yo no he hecho tal cosa, debe haber un error. —balbuceé nerviosa, sin entender nada de lo que aquí ocurría.

 

¿Quién pago mi renta?, es imposible, es mucho dinero, tiene que haber sido otro vecino y ella se confundió.

 

—Eres Emma Williams, ¿verdad? —asentí. —Y vives en el tercer piso, apartamento tres C, ¿correcto? —volví a asentir como su fuese un muñeco igual al que colocan en el tablero de los carros. —Entonces no hay error, cancelaste tu deuda.

 

—¡¡Pero es que yo no fui!! —me miró con reproche observándome de arriba abajo.

 

—Pues ve tú a saber qué amiguito te ayudó, el punto es que ya no te mudas, pero no acepto más retrasos. —esa implícita acusación no me gustó, fue evidente su doble sentido.

 

—Señora Carrie, le aseguro que no es lo que usted insinúa. —mascullé entre molesta y espantada.

 

Cómo va a creer tal cosa si tengo años que no veo luz, venga que a este cuerpo le falta alegría de la buena, pero qué se le va hacer si en el amor me va tan bien como en los negocios. Un desastre total, eso soy.

 

—Bueno al fin y al cabo ese no es mi problema, yo tengo mi dinero y eso es lo que importa, lo demás queda en tu conciencia. —declaró meneando sus caderas dejándome confusa, molesta y casi, patidifusa en mitad de las escaleras.

 

¿Quién pagó mi renta? Eso era algo que tenía que averiguar cuanto antes. Aunque algo me imaginaba, solo conozco a una persona con el poder adquisitivo para lograrlo, Gael. ¿Quién más?, sino él. No sé si besarlo o golpearlo, agradezco lo que hizo, pero no tengo cara para agradecer tanta ayuda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.