Nothing is easy [editando]

CAPITULO 03

Lucas B.

Las luces, el ruido, el flash de las cámaras, la multitud es lo primero que me recibe al salir de la cárcel.

—¿Qué opinas sobre la declaración de Ainhoa?

—¿Es verdad que…

—¿Te declaras inocente de lo que se te ha acusado?

—¿Cuál es el trato que has hecho para salir antes de cumplir tu condena?

—¿Visitarás a Ainoha?

—¿Regresará al mundo de la literatura?

—Lucas qué opinas….

Era capaz de escuchar todo, pero a la vez no era capaz de entender nada, no entendía lo que preguntaban, me sentía invadido, me sentía de todo menos yo.

Camino entre la multitud con ayuda de mi abogado y Rogers, hasta un auto completamente polarizado. Abren la puerta e ingreso de inmediato.

Los reporteros se aglomeran, se escucha golpes sobre el auto, hasta que dejamos a todos atrás.

—Menos mal los que andaban protestando no se acercaron.

—¿Protesta?

Volteo mi rostro y veo como nos alejamos de una pequeña multitud que tenía carteles.

—No quiero saber ni una mierda, directo a mi apartamento.

—¿Te has comunicado con Clara?

Se me dificultó hacer la pregunta, porque me aterraba la respuesta.

—Podemos hablarlo cuando lleguemos.

—Yo bajo a unas cuadras — el abogado interrumpe mi respuesta.

—Me avisa, por favor. — responde el chofer.

—¿Hay alguna noticia sobre la enfermedad de Elaine?

—Lamentablemente no.

El auto se detiene y el Abogado sale, no sin antes mencionar que se estaría comunicándo conmigo, porque el proceso no ha acabado, más aún si quería hacer una contrademanda.

Al llegar a mi apartamento lo primero que hago es buscar una botella de alcohol, cerveza, ron, pisco, vino o lo que sea, necesitaba la quemazón de ese líquido.

—¿Qué buscas?

—Alcohol.

—Sobre eso.

Volteo a mirar a mi amigo de hace años.

—Quiero alcohol. Solo un trago, me lo merezco.

—No es bueno, tienes que estar sobrio si quieres estar al lado de Elaine.

Tenía razón y lo odiaba, pero quería un trago y no podían negármelo. Encuentro ron, lo sirvo y me lo tomo de un solo trago.

—Las cosas han cambiado — comienza hablar Robert —. No puedes permitirte perder la cabeza o desconcentrarte.

—¿Perder la cabeza? — me sirvo otro vaso —. ¿Sabes el infierno que tuve que vivir adentro?

—Lo sé…

—No, amigo, no sabes una puta mierda.

Y era verdad, Robert no vivió en carne propia lo que tuve que pasar, ver y oír. Era consciente que había cosas importantes en las que tenía que enfocarme, pero ahora que estaba afuera, me sentía como la mierda, no me sentía yo, incluso se sentía irreal.

Busco ropa limpia, me doy una ducha larga y cuando salgo, Robert estaba recibiendo comida por delivery.

—He pedido aeropuerto, tu favorito.

Muevo mi cabeza en una afirmación corta, el olor llega a mis fosas nasales y me siento en una silla del comedor.

—¿Crees que me quiera ver?

Es lo primero que pregunto al mirar el arroz humeante. Era mi duda más grande y con el único en el que podía confiar era Robert.

—Bro…

—Yo sé que tiene una hija que necesita toda la atención de ella y toda su concentración, pero…

—No es tu hija.

—Pero la siento como si fuera mía, yo la vi crecer en el vientre de su madre, escuché los latidos de su corazoncito.

—Es su decisión. Clara es su madre biológica.

Robert se va del departamento cuando termino de comer y promete ponerse en contacto conmigo.

Lo primero que hago estando solo es entrar al internet y ver si había alguna noticia de Clara, pero lo último que se sabía de ella era por la noticia mediática que ocasionó la muerte de Marcos en manos de Ainhoa.

Me sirvo otro vaso y lo tomo todo en un solo trago. Quería tanto el perdón de Clara que no sabía como conseguirlo, ni siquiera quería verme y yo quería respetar su decisión, pero a la vez quería asfixiarla con mi presencia y hacerle saber que no estaba sola.

Nunca dejé de apoyarla en el tratamiento de Elaine, al enterarme que tenía complicaciones, mi corazón se contrajo al dolor, ni el encierro dolía tanto como el saber que ella no estaba bien de salud.

La cabeza comenzaba a darme vueltas, me sentía más triste, más apenado y de cierta forma desesperado. Llamé, marqué su número como un obseso, esperé y esperé, pero ella no respondió.

—¿Qué haré? — paso mi mano sobre mi frente — ¿Qué haré para recuperarla? La amo tanto, mierda.

Camino hacia mi cama, ingreso a la galería de fotos y me quedo dormido mirando las fotografías que le tomaba en secreto.



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En el texto hay: mentiras, embarazo, decepción

Editado: 08.01.2026

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