CLARA K
La vida no es como lo hacen imaginar, no es como los videos motivacionales que aparecen en internet, la vida no es dulce, de rosas, ni la motivación llega de la noche a la mañana.
Con la muerte de papá entendí que solo me tenía a mí, que tenía que ser fuerte, no por mí, si no por el ser que crecía en mi interior, Elaine me salvó la vida y el amor que siento por ella no lo puedo describir.
Luché con mis fuerzas, tomé decisiones apresuradas y radicales, pero era lo que sabía hacer, soy consciente que no estuco bien y que me puse en peligro, pero agradezco que Dios siempre guio mi camino y puso a las personas idóneas en ella.
Mi embarazo no fue fácil, tuve mucho miedo, la incertidumbre me mataba, pero la compañía de Lucas me fortalecía y me hacía sentir más fuerte, podía sentirme indestructible y era algo que aún no puedo entender.
Pero siento el rencor arraigado en mi ser, con el paso del tiempo entendí que el que llamara bastardo a su hermano solo fue la gota que derramó el vaso.
Entendí que, aunque lo amara con devoción, él y yo éramos distintos, diferentes, de dos mundos que no se podían mezclar.
Él tenía una familia, aunque no era perfecta, aunque tenían muchas diferencias, él tenía a alguien, yo era una huérfana sin dinero, pobre, con una hija en el vientre que ahora también es huérfana.
Aunque quise silenciar las voces de mi cabeza, aunque quise no pensar en las diferencias, en dejarme llevar por los sentimientos y emociones, la realidad tarda pero siempre llega.
Su estilo de vida era muy diferente a la mía, su perspectiva, su cultura, su círculo social, eran diferentes.
Cuando supe que Lucas había perdido el juicio, me dolió dejarlo solo, me sentía tan mal y el mezclar el sentimiento de culpa por la muerte de Marcos, si tan solo no le hubiese estado embarazada o si no hubiese peleado con Lucas y él no lo hubiese llamado, él seguiría vivo.
Marcos perdió la vida, Elaine perdió a un padre y yo… yo perdí el sentimiento de plenitud, la culpa me calaba que en ocasiones no me dejaba respirar.
El pots parto lo viví como un infierno y aunque me acompañaron los padres de Marcos, me hacían sentir peor, habían perdido a su hijo por mi culpa y es que lo entendería si me hubiesen repudiado, odiado o insultado, porque ahora que tengo a Elaine en mi vida, el corazón se me hace chiquito el tan solo pensar en dejarla.
Actualmente no tenía una residencia fija, la mayor parte del tiempo lo pasaba en Lima, temporadas pequeñas estaba en Tumbes.
Elaine y yo teníamos una extraña enfermedad, era producto de unas hiervas y sustancias venenosas, aún no se sabía cómo lo consumí, pero la hipótesis era de algún alimento que ingerí prolongadamente, los doctores mencionaron que mi hija estaba limpia, lo cual era extraño, porque al ser una bebé había mayor riesgo de mortalidad, pero al ser yo la que lo había ingerido la sustancia se quedaba en mi sistema y de alguna forma mi cuerpo batalló para cuidar a Elaine.
Los médicos no se explican lo que ha sucedido, lo único que dicen que fue un milagro.
Actualmente Elaine tiene chequeos médicos cada ciertos meses, para tener en control su crecimiento, ya que lo que habíamos ingerido era Extraño, así fue como lo mencionó el especialista.
-Clara Keller – escucho el llamado de la enfermera y me levanto del asiento.
-Buenos días.
-Otra vez por acá – Me sonríe la enfermera.
Desinfecta mi brazo, pone el ligamento y acomoda los tubitos en las cuales iba a recolectar mi sangre.
-Te veo mejor – menciona – se ve en tu mirada.
-Mi pequeña sigue bien.
Al terminar de recolectar mi sangre, menciona que recoja los resultados un día antes de la cita médica.
Me levanto y me da fuertes mareos, intento sostenerme de algo, pero no alcanzo y caigo al suelo.
-¡Clara!
Estaba acostumbrada a los mareos, era el pan de cada día, era ocasionado por mi sistema envenenado. Por eso no podía tener en mis brazos a Elaine, podía darme un fuerte mareo y caerme.
-Estoy bien, no he desayunado, eso es todo.
Intento calmar a las enfermeras.
-¿Segura?
Asiento con una sonrisa, era buena mintiendo, tuve que serlo, porque era difícil convencer a Estela.
Me dejaron ir luego de unos minutos bajo su cuidado.
-¿Ya terminaron?
Miro con una sonrisa a Martin, el padre de Marcos.
-Si, el mismo procedimiento de siempre.
-Vamos a comer caldito de gallina, para recuperar la sangre que te han sacado.
-Estás siendo exagerado – me rio- pero nunca me negaré a un caldito de gallina y lo sabes. ¿Estela ha llamado?
-No, todo está bien con Elaine, no te preocupes,
Asiento y camino en silencio junto a Martin.
La culpa nunca se iría, está arraigada en mi pecho, en mi mente, en mi ser.
Martin y Estela comenzaron a residir en Lima, después de un mes, la decisión me sorprendió, pero dijeron que lo que menos querían era perderse el crecimiento de su nieta, la hija de su único hijo. A ese pedacito de luz que había quedado en el mundo.
Editado: 14.04.2026