Nothing is easy [editando]

CAPITULO 6

Clara K.

Mi estadía no era permanente en un solo lugar, me movía de Tumbes a Lima, de Lima a Tumbes y así repetitivamente

Mayormente estaba en Lima por salud y se había vuelto mi lugar menos favorito, estaba lleno de recuerdos dolorosos, recuerdos que aún me hacían arder el alma.

La última llamada que hizo Lucas desestabilizó mi sistema, sería mentira si dijera que no esperaba su llamada como solía hacerlo cuando estaba en la cárcel, pero mi lado razonable decía que era lo mejor, que estaba bien que mantuviera su distancia.

Las palabras que salieron de su boca me dolieron y aunque no fueron dirigidas a mí, las sentí mías, porque mi miedo más grande es que algún día a mi hija le digan lo mismo y entré en un conflicto indescriptible, cuando el hombre que amo repudiaba a su hermano por ser producto de una infidelidad.

-¿Estás bien? – escucho del otro lado de la línea.

-Sí, lo siento, ¿qué decías?

-¿Cuándo vienes?

-Dudo que viaje en estos meses, el negocio de la repostería está yendo bien y…

-Felicidades hija – escucho como Martin le pregunta algo – Le está yendo bien con la pastelería – le responde.

-Felicidades Clarita – escucho a Martin de lejos.

-Gracias Señor Martín – sonrío.

-¿Cómo estás con respecto a los dolores?

Me quedo en silencio, mi estado de salud era reservado, solo yo sabía exactamente mi condición, a veces reprimía los dolores para no preocuparlos, pero a Estela difícilmente se le pasaba por alto mis movimientos o muecas cuando la tenía al frente.

-Estoy mejor, he tenido días peores.

-¿Estás tomando las medicinas que te recetaron?

-Si, aunque los medicamentos que me recetaron son solo para controlar los dolores.

-No te olvides de tomar cosas naturales, eso también ayuda mucho, estuve viendo en el internet y te lo pasaré por mensaje.

-Está bien – sonrío. – Miraré todo lo que me mandes. Elaine se acaba de despertar, la llamo después.

-Ya hijita cuídate.

Miro hacia donde estaba Elaine dormida y me masajeo la parte trasera de mi cabeza, los dolores eran fuerte, pero tenía que mantener la mente clara. Miro la hora y tomo el medicamento que me tocaba a esta hora.

-Clarita – escucho la voz de Carmina.

-Dígame.- me levanto con lentitud para abrir la puerta.

-¿Estás bien? se te ve pálida

-Si, no se preocupe, es normal, he estado trabajando mucho.

-Cierto, has hecho muchas entregas hoy. Aunque, debes hacerme caso, contrata a más personas para que te ayuden, no es bueno trabajar sola, peor en tu estado.

-Lo sé. Lo haré, no se preocupe.

-Que necia que eres niña.

Sonrío y miro lo que traía en las manos.

-Te he traído una papilla de calabaza, es buena para el estomago y el cuerpo, cómelo ahorita que está calentita.

-No debió preocuparse.

-No digas tonterías, come antes de que se levante la bebé.

Carmina sabía que tenía algunos problemas de salud, pero no era consciente sobre lo que verdaderamente tenía, tampoco lo podría saber, era muy vieja para estarla preocupando con mi enfermedad que aún no tenía nombre.

-¿Tu marido no vendrá? – me pregunta en un susurro como si alguien más la podría oír.

No era la primera vez que lo preguntaba y sabía perfectamente que era consciente de la situación judicial de Lucas. Y no era la primera vez que le daba la misma respuesta.

-Lucas no es mi marido y está ocupado.

-¿Qué hablas? Si ustedes no negaron nunca que estaban juntos.

-Ya, ya, ya, Lucas está ocupado en el trabajo.

Ella asiente aceptando la respuesta, aunque no está contenta.

-Por cierto, tengo algo que contarte. – asiento – eh…

La miro, se soba las manos, mira hacia un lado y yo inclino mi cabeza hacia un lado esperando lo que tenía que decirme.

El teléfono suena, lo busco con la mirada y me levanto para ir por él, al llegar miro el nombre de contacto, mi corazón da un vuelco y siento como un calor sube por toda mi espalda.

-Clara – su voz profunda resuena en mi cabeza, por primera vez después de mucho tiempo escucho su voz tranquila.

-Hola.

-¿Cómo has estado? – el silencio invade la línea, quería ser sincera, quería decirle que lo estaba pasando mal, quería…

-He estado bien, todo va bien.

-Me pone feliz escucharte, te extraño.

-Lucas no es bueno, no deberíamos estar…

-No, no, yo sé, sé que quieres distancia, quieres tiempo, te juro Clara que no te llamo para presionarte, - agarro con fuerza el teléfono – Solo déjame escuchar tu voz.

Mi corazón dolía, porque se me hacía imposible alejar al hombre que amaba, pero mis miedos estaban por encima del amor.

-No quiero alimentar tus esperanzas, yo fui sincera contigo en esa carta, quizás mi error fue el no decirlo de frente y escribirlo en un papel.

-No lo digas por favor – muerdo mi labio al escucharlo suplicar. – Déjame ser el hombre que ustedes necesitan, déjame demostrarles que puedo ser mejor, Clara.

-No quiero que cambies por mí, no quiero que cambies por Elaine, tienes que hacerlo por ti, no quiero obligarte a algo que no eres tú. Lucas, tú odias a tu hermano, le dijiste que era un bastardo – me seco las lagrimas que amenazan con salir - ¿sabes quienes son los bastardos? Yo no permitiré jamás que mi Elaine se sienta como una bastarda, porque no importa su origen, no importa como fue que vino al mundo, ella es hija de mis entrañas, es mi vida, ella…

-Me equivoqué, lo siento, lo siento, sé que el odio que tengo hacia mi hermano no excusa lo que dije, pero no te quiero perder, no las quiero perder, se han convertido en lo vital de mi vida, son importantes.

Carmina se acerca a mí con un vaso de agua, se sienta a mi lado y acaricia mi espalda mientras yo sigo escuchando la voz de Lucas.

Mis miedos me invadían, mis inseguridades me atormentaban, sentía que no era merecedora de la felicidad, no después de hacer que dos padres perdieran a su hijo y que mi hija perdiera a su padre.



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En el texto hay: mentiras, embarazo, decepción

Editado: 14.04.2026

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