Novatadas

Capítulo 01: Noche de (Bienvenida) bromas

Faith

Duor se apresura para llegar a nuestro lado mientras volvemos por el pasillo que da a la sala de la Decana. Pega un salto y abraza a Matth.

—¿Presentaron la propuesta de las actividades?

—Volvemos de hacer eso—responde Matth, mostrándole las manos vacías—. ¿Y ustedes?

Duor asiente.

—Accedieron—dice, refiriéndose al equipo de enfermeros con los que trabajamos desde hace tiempo—. Pero su décano nos pidió que elijamos a algunos de segundo y los integremos, o les demos el lugar de quienes ya no quieren formar parte para que el grupo esté completo.

Enarco una ceja y lo miro.

—¿Cuántos ya no quieren formar parte?

—Solo dos—responde por encima del hombro de Matth—. Dijeron que los exámenes se interponían, así que decidieron no seguir con ello para no hacernos perder el tiempo.

Asiento.

Matth me mira con los ojos completamente oscuros.

—¿Tendremos que buscarlos?

Niego.

—¿Cómo sabríamos si alguien es bueno en esa área si no sabemos nada de eso? Dejemos que Dairy se encargue de ellos. Ella sigue siendo la líder de ese equipo, ¿no?

Duor asiente repetidas veces, el palito del chupetín que está comiendo se balancea de arriba abajo dentro de su boca.

Mañana será la presentación con los novatos. Muchos quieren estar aquí solo por esto, pero no tienen idea de qué las Novatadas no son nada en comparación con la carrera que eligieron.

Duor suelta a Matth para pasar al frente donde los otros del grupo se acercan a pasos largos.

Enarco una ceja y no me detengo al ver a Darric y Keia sonreír.

—¿Qué?

—Ellos llegan en la noche—murmura Keia con los labios abultados. Sé a dónde va lo que quiere—. ¿Crees que podamos…?

—Solo no sean pesados, es su primera noche aquí—concedo y éstos sonríen a boca abierta para alejarse tan rápido como vinieron, volviendo a dejarnos solos a mí y a Matth.

Él me mira y sonríe.

—Los consientes demasiado.

—Es el último año, déjalos.

Quién sabe qué clase de broma tendrán pensado para recibir a los novatos.

...

La luz de la lámpara apenas ilumina la parte del escritorio donde estoy sentada, las letras de los papeles apenas son visibles más no me detengo. Al amanecer todos deben estar firmados y en manos de la Decana.

Si no me hubiese olvidado de cargar la lámpara en la mañana ahora no tendría que estar utilizando la linterna del teléfono para iluminar. Un error y descuido que no volveré a cometer. Sin duda mi padre me regañaría si lo supiera.

Siento mis cejas arrugarse cuando la tinta de mi bolígrafo se acaba a media firma. Urgo en el cajón de abajo para buscar otro y mis ojos siguen en el expediente, leyendo sus gustos, sus motivaciones, su nombre, su fotografía y, por último, mi vista se desvía hacia la fecha de nacimiento.

—...1994—levanto la vista en cuanto tengo el bolígrafo; me reincorporo y tomo el expediente en mis manos para leerlo bien—. Christopher Bishop, veinticinco años, cumpleaños el nueve de Agosto—cuando estoy a punto de poner mi firma en lo último del papel como lo dicta, mis ojos se desvían hacia su descripción.

“Tuve que pausar mis estudios por motivos personales, los cuales, la Decana actual está al tanto y me permitió volver y empezar de cero en esta carrera que para mí, tiene un lugar especial en mi corazón debido a que mi madre también la cursó. Sí, en esta misma universidad hace ya muchos años. Gran parte de mi conocimiento acerca de esto, se lo debo a ella…”.

Exhalo al terminar de leer y acerco la mano hasta lo más bajo del papel y lo firmo sin mucho rodeo.

Una buena descripción que seguro le hizo ganar un lugar para entrar en esta universidad, igual que los demás. Pero, menciona que la Decana ya sabe el motivo de haber dejado la carrera y, eso, le quita un punto.

Aunque, no le hubiese caído mal poner la razón.

Dejo el bolígrafo a un lado y tomo el último folio que queda, pongo dentro el expediente que termina en lo alto, encima de los demás, justo cuando suena el teléfono.

Las luces parpadean y la linterna se apaga por lo que lo tomo y visualizo el nombre de Matth en la pantalla; respondo y lo dejo de vuelta en el escritorio.

—Matth.

Un chillido suena del otro lado antes de que la voz de éste se escuche, entre baja y enojada. Seguro debe estar con una mano en la cintura, alejado de todos y donde la luz apenas llega.

—¿En serio no piensas venir?

Lo ignoro un segundo para levantarme con todos los expedientes en manos y acercarme a la caja que yace en la esquina de mi cama para ponerlos dentro y cerrarla. Vuelvo al escritorio para tomar el teléfono y escucho a Matth resoplar.

—¿Por qué? ¿Hicieron algo que se salió de control y necesitan alguien a quien echarle la culpa?

—¡¿Cómo te atreves a decir algo así?!—brama fastidiado—. Aunque, tienes razón, porque tú sí tomarías la responsabilidad ya que eres la líder.

Una risa malévola que hace mis oídos doler se escucha del otro lado; tomo los cuatro bolígrafos sin tinta y los tiro en el cesto, hago lo mismo con el nuevo que saqué pero con la diferencia de que lo devuelvo al cajón.

—¿Además de firmar cuatrocientos treinta y ocho expedientes también debo hacerme cargo de ustedes? —bromeo, pero sin reírme. Él conoce mi humor por lo que ríe.

—Anda, ven. Los novatos llegan en quince.

—Tengo que llevar los...

—Te espero en el cuarto edificio.

Alejo el teléfono del oído para ver y ya había cortado. Suspiro con pesadez. Muy pocas veces Matth escuchaba un no por respuesta.

Guardo el teléfono en el bolsillo del pantalón y me acerco a la caja para tomarla y colocarla debajo de un brazo y con la otra tomo la tarjeta para abrir la puerta y luego cerrarla.

El pasillo yace más o menos vacío dado que algunos deben estar cenando en la cafetería, otros en la biblioteca y unos pocos apenas volviendo a sus dormitorios. Y yo, bueno, apenas tomando las escaleras.




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