Novatadas

Capítulo 04: Insubordinación y castigos

Christopher & Faith

Me adelanto y abro la puerta, ignorando lo que los demás vienen diciendo detrás.

—¿Puedes creerlo?

—Echarnos agua fría solo por llegar tarde unos minutos. Por favor.

Sus pasos apenas resuenan, a diferencia de sus voces. Como si no les importase ser descubiertos por los profesores entrando a sus sanitarios.

Repito, éstos chicos definitivamente viven como si cualquier lugar fuera su casa.

Mi pecho se aliviana al ver los baldes, escobas y brujas en el mismo lugar. Hurgo detrás de ellos, y lo único que siento es el lugar vacío.

Abro los ojos, aparto las cosas y para mi mala suerte, no hay nada detrás más que un poco de polvo. Ni mi mochila ni la de los demás.

Ellos vuelven a verme al no encontrar las suyas donde las dejaron y, recién me viene a la mente lo que dijo el chico que iba conmigo sobre qué los superiores podrían encontrarlo.

No, imposible, ellos no hurgan entre las cosas de los profesores, menos en los baños. Eso es algo que jamás harían.

—¿Se lo dijiste a alguien?

Pregunta el azabache.

—¿A quién se lo dijiste? —ataca el de aretes—. ¿Cómo pudiste traicionarnos así?

No, no, no. Ellos no las encontrarían, no las encontraron… ¿O sí?

Maldita sea yo, mis ancestros, mi mala suerte, los superiores, y todos en este maldito lugar.

Mis ojos se abren cuando escucho unos pasos acercándose, luego un par de risas bajas y, esas voces terminan convirtiéndose en los superiores.

Dos de ellos traen colgando una mochila en un solo dedo mientras los demás la traen en el hombro, a excepción de la mujer que trae los cabellos atados en una coleta y dos bandas blancas, una en cada brazo. Ella solo trae una, abierta de par en par, revisando el contenido además de la ropa mientras se acerca despacio abriéndose paso entre los demás.

—... Bishop.

Ella dice, leyendo mi documento de identidad, mirándolo de ambos lados mientras asiente.

—Christopher Bishop—exhala, guardando otra vez el documento, pero esta vez sacando otra cosa, un calzoncillo para ser exactos—. Así que tú eres el Insubordinado—sostiene el calzoncillo con flores rosas dibujado en él apenas con las puntas de los dedos, pasándolo de un lado a otro, de nariz en nariz hasta que termina en la mía; que por cierto, huele mal—. El que osó responder de mala manera y desafiar a sus superiores.

¿Qué qué le respondí mal? No, no, no. Eso es algo que nadie jamás parece haberles dicho, es por eso que les duele el ego. Porque por primera vez alguien les hizo frente y les dijo la verdad.

Levanto una mano y me acerco, intentando tomar mi mochila de vuelta de su mano, pero ella es más rápida y retrocede antes de que me acerque.

El silencio y el aire se vuelven pesados en cuanto quedamos a centímetros del otro. Sus ojos son del color y del tamaño de una avellana, un color amarronado perfecto. Sus labios, carnosos y tan esponjosos que quisieras mantener tus manos un largo tiempo, o los labios, con tal de memorizar su tamaño, su sabor.

Y ni hablar de su aroma. Es fresco y a la vez dulce, como la vainilla y el chocolate.

Vuelvo a mi en cuanto sonríe y da un paso atrás.

¿En qué momento me perdí en ella?

Mis ojos siguen sus movimientos; da varios pasos más atrás hasta que termina de salir por completo hacia el lado de los sanitarios, donde tres personas con uniforme rojo esperan con libretas en manos.

No podría ser tan injusta y acusarme con el Comité Disciplinario. Pero al parecer sí lo es, porque en cuanto se alejó, ellos se acercaron, pidiendo nombre, apodo, línea, y para darnos un castigo que seguro nos humillaría y a ellos les daría gracia.

...

—Hacerles limpiar los baños, ¿en serio?

Keia murmura divertida sentada encima de la mesa, bebiendo una bebida sin gas. Mientras los demás están sentados alrededor de la mesa.

Matth y yo con seis carpetas cafés en manos; Duor y Larry haciendo tarea, y Darric riendo con Keia.

—Ellos querían estar mucho tiempo en el baño, nosotros sólo los ayudamos—Digo y los demás ríen. Mis manos y ojos pegados en una de las carpetas en la mesa—. Además eso le dará unos días de descanso a los señores de la limpieza. Hacen mucho como para que ellos solo vengan a jugar a las escondidas.

Los del Comité Disciplinario dijeron que debíamos dar una declaración de cada estudiante que participó para ocultar cosas en los sanitarios de los profesores, ellos luego se encargarán de darles un castigo, además de limpiar los baños, por supuesto.

Matth termina primero y me los pasa y señala con el dedo donde debo firmar, accedo ya que si lo dejo para después se me olvidará o algo parecido.

—Por cierto—éste dice, cerrando las carpetas que ya tengan la firma de ambos—, mañana es el día que comienzan las actividades oficialmente. ¿Les falta algo por hacer?

—Naaa—Larry niega, dejando de escribir para vernos—. Solo me queda preparar mis oídos para escuchar las súplicas y mi voz para pedir que hagan esto y aquello.

Niego cuando los demás están de acuerdo con él.

Termino de firmar la última carpeta y la cierro, dejándola encima de las demás. Me preparo para escuchar la conversación y participar si es necesario, pero esa idea se va por el drenaje al instante en que los de Bruma se acercan con su líder.

Las manos en los bolsillos de su ropa gris, su cabello peinado y recién cortado, una sonrisa ladina adornando su rostro, un caminar que dice que están muy seguros de sí mismos.

Exhalo. Realmente son creídos.

Guest, su líder, llega y pesa las manos en la mesa, muy cerca de las carpetas y la tarea de Larry y Duor.

—Así que… problemas en su primer día—afirma con una sonrisa, sus ojos dirigiéndose sin ningún temor a mi persona—. He escuchado algunos rumores.

—¿Ah sí? —Matth dice, de brazos cruzados—. ¿Y puedes decirnos cuáles?




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