Christopher
Otro día, otra pérdida de tiempo infundado en un salón lleno de estudiantes cuya neurona y defensa parecen ser nulas.
Pero al menos obtuve lo que buscaba: saber dónde queda el casillero de la Líder Faith.
Y nadie va a poder arruinar mi día, al menos no más de lo que ya está.
Pero como siempre, éstos días no he tenido esa suerte.
Mis ojos siguen los pasos de los tres primeros superiores de la Línea mayor que van por delante en dirección al escenario. Y, detrás de ellos, la esperada Líder de Novatadas: con las manos en la espalda, con esa mirada que siempre parece decirte que te detesta sin necesidad de abrir la boca, con esa autoridad que pisa a quien sea que se cruce en su camino. Y detrás de ella, los otros dos superiores que terminan de formar dicha línea.
Se posicionan uno al lado del otro, dejando más de dos metros de distancia con el de al lado, y a la Líder en medio y un poco más adelante que todos.
La veo pasar la mirada de un lado a otro, tomándose el tiempo de observar y memorizar cada rostro, o quizás el apodo y línea y…
Oh, no, no, no.
Entro en pánico al bajar la mirada a mi pecho y encontrarlo vacío al igual que mi cuello.
¿Dónde demonios dejé mi credencial?
Cierro los ojos y aspiro. Debería estarle rezando al de arriba para que nadie se dé cuenta de que no traigo mi credencial. En especial esos seis que ya están con los ojos en mí.
Mi pecho sube y baja al sentir la mirada de cada uno.
Levanto la cabeza y veo a la Líder exhalar con fuerza y relamerse los labios, con la mirada en el techo.
Y anticipo, que en cuanto la baje, ya estaremos en problemas.
—Alguien levante la mano y responda una pregunta.
Ella dice en voz alta, demasiado pesada.
Un estudiante de adelante parece levantar la mano y ella no lo mira, pero igual hace la pregunta.
—¿Qué tan importante es la credencial?
Ella ataca con otra pregunta, esta vez más general.
—¿Entonces por qué algunos no la traen puesta?
Espera, espera. Dijo, ¿“algunos”?
¿Entonces no soy el único no la trajo?
El estudiante no responde, nadie lo hace. En su lugar, permanecen en completo silencio, inmóviles.
¿A qué le temen?
¿A qué le temo?
¿A lavar los baños otra vez?
Golpeo mis dedos en un gesto ansioso al verla suspirar y a los demás compartir miradas y ocultar sonrisas.
—Al parecer no quieren que nos conozcamos—ella dice—. Al parecer no quieren que sus superiores los conozcan.
Asiente despacio.
—Entonces, ya que la credencial no es una buena idea para conocernos, usaremos otro método, ¿les parece?
Inquiere, aunque más bien parece que no quiere una respuesta.
Los otros superiores a su lado asienten sonrientes, complacidos, tal parece.
—Nos conoceremos a través de firmas—sus ojos ni siquiera se desvían cuando sus compañeros comienzan a irse de su lado para bajar del escenario y tomar varias cajas con las cuales se ponen enfrente de cada estudiante—. Sus superiores les entregarán una libreta a cada uno, en la cual, ustedes deben tener todas las firmas de sus superiores, empezando por los de segundo año hasta nosotros, para la clase dentro de una semana, que es el miércoles próximo.
Espera, ¿qué?
—Recuerden presentarse al llegar con algún superior y, si éste accede, les dará su firma—dice ya bajando del escenario—. Quiénes no consigan las mil trescientas cuarenta y dos firmas, tendrán un castigo mucho más pesado que éste.
No puede ser tan injusta. ¿Cómo conseguiremos tantas firmas en una semana?
UNA SEMANA.
Es algo imposible.
La sigo con la mirada en lo que le toma acercarse a los superiores cerca la puerta e irse luego de hablar con ellos en voz baja.
Realmente es un dolor de cabeza.
Vuelvo la vista al frente y me sobresalto en cuanto veo a dos superiores frente a mí. Uno de ellos sosteniendo la caja ya casi vacía y el otro extendiéndome la libreta.
Asiento e intento tomarla, pero el superior no parece querer entregármela, pues la fuerza con la que la sostiene me lo dice.
—¿Hay algún problema? —pregunto mirando a ambos, en especial al que sostiene la libreta.
—¿Debería?
Él dice, con una ceja arriba. Pronto suelta la libreta y sigue su camino sin despegarme la mirada.
Vaya superior.
...
Al pasar por los pasillos, campus, e incluso comedor, se puede ver a los estudiantes donde los superiores. Uno que otro dando su firma, mientras que otros, dejan mucho que decir.
Me detengo cuando veo al chico con el que choqué y aún no sé su nombre, pararse frente a un par de superiores que están cerca de las escaleras.
“¿Cuál es tú nombre?” alcanzo a escuchar a uno de ellos preguntar.
“White”, dice él.
Éste asiente, extiende su mano y White le entrega su libreta. Hojea la libreta de comienzo a fin y luego la cierra. Levanta la cabeza y lo mira.
—“Me halaga ser el primero en firmar” él dice y sonríe apenas—“Dado que aún no tienes ninguna firma, imagino que no sabes cómo son las cosas, ¿o sí?”
White niega y el superior le sonríe genuinamente.
— “Te explico. Para obtener la firma de algún superior, ellos te harán hacer algo. Ya sea cantar, bailar, ejercicios, resolver algún problema matemático, o declararte a alguien. Lo que sea que ellos quieran. Solo así te darán su firma”.
Abro los ojos en cuanto lo escucho. ¿Por qué habría que hacer algo que ellos quieren solo por una tonta firma?
Eso ya es demasiado. ¿Y si quieren que hagamos algo fuera de lugar?
“Cómo es la primera vez, te daré mi firma sin nada a cambio”.
¿“Sin nada a cambio”? Ja.
Muy amable y considerado, en serio.
Ruedo los ojos y me alejo hacia el segundo piso donde están los casilleros.
En serio es una locura tener que aguantar lo que quieran solo porque ellos son superiores.