Nuestra Vida Juntos

Capítulo 5

—Preparadas…

—Listas…

—¡Ación!

Volteo hacia Alonso y este al mirarme niega mandando el mensaje de que no corrija a nuestra hija por su mala pronunciación.

—Aurora, no se dice ación, es acción.

Sus ojos azules me observan con aburrimiento.

—Es mejor ación, ¿verdad papi?

Con una mirada y sonrisa de disculpa, Alonso asiente dándole la razón como la mayoría de las veces, hago un gesto de negación.

—Lo siento, costal mayor —agarra mis manos entre las suyas —. Es muy pequeña, cuando esté más grande lo dirá bien. —dice antes de llevar mis manos a sus labios.

—Entiendo —sonrió porque sé que él siempre intentará hacerla feliz.

Suelta mis manos al mismo tiempo que Aurora alza sus brazos hacia Alonso y la levanta de la cama.

Se acerca nuevamente a mí, con ella en sus brazos y con el brazo libre rodea mi cintura, un escalofrío pasa por todo mi cuerpo, he intentado no moverme para que él no note esa reacción innecesaria de mi cuerpo.

—Adara —dice en forma de regaño.

—Lo siento —agacho la cabeza —Sabes que me cuesta no hacer eso.

—Lo sé, costal —un suspiro sale de sus labios antes de continuar —Nunca te haría nada malo, lo sabes, ¿no?

Also rápido la cabeza para encontrar su mirada.

—Claro que lo sé, tesoro.

Empuja mi cuerpo para que este un más cerca del suyo.

—Estoy hablando en serio, Adara —entre cierra los ojos.

—Yo también, tesoro.

Acuno su mejilla izquierda, él comienza a bajar su rostro hasta que sus labios suaves tocan los míos.

—¡Mami, papi!, ¡no hagan esas cosas de adultos!

Con sus manos comienza a empujar mi pecho para que me aparte de Alonso, su brazo en mi cintura se afloja lo suficiente para que me pueda alejar.

Aurora esconde su rostro en el cuello de su padre, sonrió al ver lo celosa que es con él. Me encanta que ella ame tanto a su padre, me hace recordar cuando yo hacía lo mismo con el mío.

—¿Listas para irnos al parque?

Mi pequeña aura sale de su cuello y comienza a mover la cabeza mientras grita que si está lista.

Son estos pequeños momentos en familia que me hacen ver que todo lo que ha pasado vale la pena, aunque perdí la confianza y el amor de mi familia, no sabía que sin querer iba a formar otra que me quería el doble al igual que yo los quiero a ellos.

—Adara, ¿te vas a quedar? —comenta Alonso desde la puerta con nuestra hija.

—Donde ustedes vayan, yo iré.

Una sonrisa se instala en sus labios ofreciéndome su mano para estar junto a ellos.

Aproximadamente llevamos una hora y media en el parque, Aurora está con un grupo de niños jugando a la pelota, nosotros nos encontramos a unos metros de donde ella está, sentados en una manta de picnic.

El sol ha comenzado a ocultarse y los colores en el cielo te hacen soñar con poder tocar cada uno de ellos, me encanta esta época del año porque el atardecer dura mucho más.

Terminé mi pedazo de pastel, el cual hicimos los tres después que Alonso llegara de su trabajo.

Desde la esquina de mi ojo observo como Alonso sigue comiendo su pastel. El tiempo a veces pasa tan rápido que se instala en mi pecho una opresión que no me deja respirar, como si se estuviera burlando de mí por todos estos años que han pasado.

Hay tantas cosas que pasaron, que me sigo preguntando cómo es que sigo de pies después de todo eso, y siempre consigo la misma respuesta: Alonso.

Si él no estuviera a mi lado lo más probable es que hoy no estaría aquí viendo cómo los años han pasado y como mi pequeña hija ha crecido.

Esas pesadillas que en ocasiones aparecen burlándose de mí, como si me dijeran que no importa a donde vaya porque siempre estarán ahí.

Prefería mantenerme toda la noche despierta para evitarlas, ahora puedo dormir un poco mejor, pero anoche después que volvieron a parecer no logré conciliar más el sueño hasta que me pase a la cama de Alonso.

Siempre sin importarme nada, estaré agradecida con él, porque él me sostuvo cuando creí que me caería y nunca más volvería a levantarme.

Fue esa roca que a pesar de mis tormentas nunca se movió de mi lado.

Pero también sé que la culpa juega un papel fundamental en su vida.

—Adara.

Parpadeo unas cuantas veces para enfocarme en él

—¿Sí? —dirijo mi mirada hacia la suya.

Una media sonrisa se desliza por sus labios al negar con la cabeza.

—Te fuiste unos instantes —comenta despacio—. No quería que pensaras algo que no te haría bien, pero creo que no lo conseguí, ¿verdad?

Esfuerzo una sonrisa para que vea que todo está bien, todo lo bien que puede estar.

—No pensé en eso, solo… —hago una pequeña pausa para seguir— A veces no lo puedo controlar.

Al llegar justo a mi lado me rodea con su brazo izquierdo acercándome a él, es cálido, como si estuviera en casa, recuesto mi cabeza en su pecho y busco con mi mirada a Aurora que sigue jugando con los niños.

—Sé que te incomoda cuando te pregunto por eso, lo siento —su voz es suave como si todo lo que puede decir me rompiera.

Intento pensar en algo para responderle, pero la verdad es que no quiero hablar del tema, nunca quiero tocar ese tema.

Aurora viene corriendo hacia nosotros con una niña de su edad detrás de ella.

—Mamá —dice con la voz entrecortada agarrando un poco de aire.

—Dime mi aura —me separo un poco de los brazos de Alonso.

—Quería saber si puedo darle un pedazo de pastel a mi amiga —señala a la niña de cabello rizado.

—Ah, está bien mi vida.

Alonso retira su brazo de mis hombros para darme la comodidad que necesito para buscar un plato que no esté usado para servirle a la niña.

—Toma Aurora —le extiendo el plato y con cuidado ella lo agarra para entregarlo a su amiga.

Ellas se sientan a unos metros de nosotros en el pasto, tengo la intención de decirles que se sienten con nosotros, pero al mirar el rostro tan feliz de mi pequeña no puedo hacer nada, me gusta que ella no sea delicada o le preocupe ensuciarse, yo siempre lo hice y no disfrute de muchas cosas.




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