Nuestras noches en silencio

Capítulo 2: Lazos Invisibles (Parte 2)

Lyra dejó caer los brazos, rindiéndose finalmente ante el cansancio acumulado. No opuso resistencia cuando Ren la guio suavemente fuera de la cocina y la llevó hacia la habitación principal. El contraste entre la agresiva luz blanca de la oficina y la penumbra acogedora de su cuarto fue el golpe definitivo para sus defensas.

—Quítate los zapatos, yo me encargo del resto —le dijo Ren con voz queda, ayudándola a acomodarse en el borde de la cama.

Mientras ella se recostaba con pesadez, aún vistiendo la ropa arrugada de la oficina, Ren se dirigió al baño. Abrió la llave de la ducha, regulando la temperatura hasta que el vapor comenzó a empañar el espejo, creando un ambiente cálido y relajante. Sabía perfectamente que un baño caliente era lo único capaz de liberar la tensión acumulada en los hombros de su esposa.

Cuando regresó al cuarto, Lyra ya estaba medio dormida, abrazando una almohada como si fuera un escudo contra el resto del mundo.

—El agua ya está lista, amor —susurró Ren, sentándose a su lado y apartándole con delicadeza unos mechones de cabello del rostro—. Date un baño rápido. Te prometo que te vas a sentir mucho mejor.

Lyra asintió con los ojos apenas abiertos, conmovida por la paciencia infinita de su esposo. Se levantó con torpeza y se dirigió al baño. Al cabo de unos minutos, el sonido del agua cayendo llenó el pasillo, trayendo consigo una merecida sensación de paz a la casa.

Ren aprovechó ese momento para ir a la cocina. No preparó café; en su lugar, puso a calentar agua para un té de manzanilla y preparó algo ligero para que ella pudiera comer antes de desplomarse a dormir. Cuando Lyra salió del baño, envuelta en su pijama cómoda y con el rostro notablemente más relajado, se encontró con una taza humeante esperándola en la mesa de noche.

—Gracias —alcanzó a decir ella, con la voz suave, antes de tomar el primer sorbo—. No sé qué haría sin ti.

Ren sonrió de lado, acomodándole las cobijas mientras ella por fin se acurrucaba en la cama.

—No tienes que hacer nada. Descansa. Yo cuido el fuerte.

Lyra no tardó ni dos minutos en quedarse profundamente dormida, pero Ren se quedó un rato más observándola en la penumbra. El agotamiento de su esposa no era solo físico, era un desgaste emocional que estaba consumiendo su chispa y levantando un muro de silencio entre los dos. Sabía que un par de horas de sueño no bastarían para arreglar el problema de raíz. Tenía que hacer algo más. Tenía que recordarle quiénes eran antes de que Sterling & Co. se convirtiera en el tercer integrante de su matrimonio.




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