Nuestras noches en silencio

Capítulo 6: La cuenta regresiva (Parte 1)

Han pasado dos semanas desde que el portazo del despido de Lyra retumbó en las paredes de nuestro apartamento, y el tiempo parece haberse vuelto elástico, flotando en una monotonía extraña y pesada. San Pedro Sula sigue afuera con su ritmo caótico y su calor inclemente, pero intramuros, nuestra vida cambió por completo. Ya no hay alarmas estridentes a las cinco de la mañana, ni planchado de camisas de prisa, ni el pánico de Lyra por el tráfico del bulevar. Al principio, ese vacío se sintió como una liberación, pero con los días se ha transformado en una quietud que a veces asusta.

La mayor parte del día, Lyra se dedica a sanar. Es como si el cuerpo finalmente le estuviera cobrando la factura de los meses de maltrato, las horas extra interminables y el abuso psicológico del Sr. Sterling. Duerme. Duerme como si intentara recuperar años de insomnio acumulado. Se ha vuelto una constante que, al llegar la tarde, cuando el sol golpea con más fuerza y el apartamento se llena de esa luz anaranjada y pastosa, ella se retire al cuarto a tomar una siesta.

Me acerco sigilosamente a la puerta entreabierta de la habitación y la observo. Está acurrucada de lado, con el ventilador de techo refrescando su rostro relajado. Ya no tiene esa expresión de angustia permanente ni la rigidez en los hombros que me rompió el corazón en el Hotel La Naturaleza. Verla descansar de esa manera me genera una ternura infinita; me alegra saber que su mente por fin encontró un refugio lejos de la oficina. Sin embargo, al cerrar la puerta despacio para no romper su sueño, una punzada de frío me recorre el estómago. Ella está logrando apagar la cabeza porque confía en mí, pero yo sé perfectamente que la burbuja en la que estamos flotando tiene los días contados.




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