Nuestro amor sabe a chocolate

∞ Capítulo 16

La cena había transcurrido con tranquilidad, luego del pequeño inconveniente con Nayla. Los Wagner estaban encantados con Chiara; no eran la típica familia que discriminaba por clase social, eran amables y de buen corazón.

—¿Y qué planes tienen? —dijo Rita, intentando ejercer presión. Ella no iba a esperar más, quería ver a su nieto ser feliz.

—¿A qué te refieres, abuela? —le respondió Dan con otra pregunta, pero él sabía muy bien a qué se refería.

—Compromiso, matrimonio, hijos —enumeró la astuta anciana, logrando que Chiara se removiera incómoda, sobre todo con el tema de los hijos.

—Mamá… —intentó intervenir el padre de Dan, pero fue interrumpido por su madre.

—Si traes a la joven aquí, es porque saben muy bien lo que significa. Ahora queremos saber qué planes tienen —siguió presionando.

—Nosotros ya tenemos planeado el compromiso; de hecho, era nuestra sorpresa para esta noche —dijo Dan, causando que Chiara se ahogara con su propia saliva y lo mirara lanzándole dagas con sus ojos.

—¿No es así, cariño? —le preguntó con malicia, notando su desconcierto.

—Sí, es así. Solo que, con el momento incómodo que tuvimos hace un momento, les gustaría conocerme más y realizar las típicas preguntas, ya que yo no… —el empresario sonrió al escucharla hablar con nerviosismo y darse cuenta de que las palabras de Nayla le habían afectado.

—Sabemos lo necesario para saber que eres la indicada para nuestro Dan —dijo Rita, interrumpiendo a la joven.

Chiara lo miró; que le dijeran así le trajo recuerdos de su amigo, quien había prometido jamás abandonarla. Así se llamaba, o al menos era lo que ella recordaba. La anciana había utilizado aquella abreviación del nombre de su nieto con toda la intención de ver la reacción de la joven. Mientras Chiara luchaba con el sinfín de emociones que sentía, todos la analizaban. Era inconsciente de que dos personas en aquella mesa la conocían y ambas tenían una meta.

Rita anhelaba al fin ver a Danzel disfrutar de lo bonito del amor, mientras que el CEO deseaba con todas sus fuerzas descubrir todo de ella y, sobre todo, saber la verdad.

—Gracias, yo les juro que soy tal cual me muestro con ustedes. —«Solo una cosa oculto», pensó, sintiéndose demasiado incómoda, ya que todos en la familia la habían recibido con cariño.

—Puedes venir mañana y hablamos sobre la fiesta de compromiso. Mañana ya podrá asistir la madre de Danzel; hoy no pudo acudir, ya que sus padres necesitaban de su presencia —Rita no dejaría pasar la oportunidad de seguir conociéndola.

—Mamá, deja que ellos hagan sus planes; no comiences con tus ideas —Kendrick intentó abogar por la pareja.

—Puede ser a la hora del almuerzo, ya que es cuando podría reunirme sin intervenir en mi trabajo —la abuela miró a su nieto con aquella mirada acusadora.

—Serás la mujer del dueño; puedes hacer lo que tú desees —siguió Rita.

—Pero yo seguiré trabajando; ya lo hablé con Danzel y él aceptó —aquello era uno de los puntos que había mencionado en la lista de pautas que le había entregado al empresario.

—Así es, abuela, y yo apoyaré la decisión que ella tome —tomó la mano de Chiara y dejó un suave beso en ella, dejándose ver como un hombre comprensivo.

Con el paso de las horas, iban hablando más y Chiara se sentía más cómoda entre ellos, preguntándose de dónde había sacado las malas actitudes su jefe, sabiendo que era un hombre frío y difícil de manejar. Y así como ella analizaba todo, Danzel también lo hacía, pero a él le causaba un efecto que nunca había sentido, ni en su corazón, como tampoco experimentar aquel deseo que crecía en su interior como fuego.

Cuando llegó la hora de partir, Rita volvió a recordarle a Chiara la reunión que habían organizado para el día siguiente, dejando demasiado nerviosa a la joven, pero con una sensación bonita en su corazón, ya que hacía tanto que alguien la trataba con aquel cariño que solo su madre le otorgaba.

(•••)

Chiara se miró en el espejo del baño de la empresa; quería verse presentable para la reunión que tendría con la abuela y la madre de Danzel. Sabía que Rita era una mujer agradable, pero no estaba segura de su supuesto prometido, y aquello le daba un poco de miedo.

Se colocó un poco de brillo en los labios y acomodó su abundante cabello; ella se sentía a gusto con su ropa y su apariencia, por lo que salió y caminó hasta el despacho de su jefe. Dio unos leves toques en la puerta e ingresó cuando él se lo permitió. Lo miró, sintiéndose nerviosa al encontrarse con aquellos ojos oscuros.

—Señor, saldré a la cita que tengo con su madre y su abuela —Danzel sonrió mientras se ponía de pie y caminaba hacia ella, observándola de pies a cabeza, admirando su belleza natural.

—Deberías comenzar a tutearme; se escucharía demasiado extraño que me hables así cuando para el resto tú y yo nos conocemos demasiado bien —elevó una de sus manos y tomó entre sus dedos un rulo rebelde del cabello de Chiara. Danzel se estremeció al sentir la suavidad de aquel cabello que le fascinaba.

—¿Algo que deba saber sobre tu madre? —le preguntó, intentando no darle importancia al comentario de su jefe.

—Ella no es mala, pero es demasiado intensa; deseaba que la mujer con la que uniera mi vida fuera Nayra —Chiara sonrió con ironía y se alejó un poco de él.

—Gracias por aclararlo; ahora sé con certeza que ella me odiará —soltó el aire con fuerza, sintiéndose aún más nerviosa. Ella era una mujer segura de sí misma, pero era consciente de que no todas las personas de alta sociedad eran amables como la señora Rita.

—Mi abuela no dejará que mi madre se sobrepase. ¿Por qué piensas que ella no asistió a la cena? —la relación entre Danzel y su madre no era buena.

—Por sus padres —el CEO sonrió y decidió contarle un poco de la verdad.

—No; ella no fue porque mi abuela así lo decidió. Sabe que mi relación con mi madre no es buena y quería que estuviéramos relajados —Chiara se sorprendió.




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