ódiame pero no me olvides

CAOS

—¡Eso no prueba nada! —respondió Lee, empujándolo con fuerza—. Y deja de acercarte así. No intentes intimidarme… aprende lo que es la distancia personal.

—¡¿Aún siguen aquí?! —gritó de repente el director desde la puerta de su despacho—. ¡Esto es el colmo! Vayan a sus aulas ahora mismo

Ambos se dieron una última mirada asesina y se dirigieron a su aula. Las horas pasaron lentamente.

Cuando finalmente sonó la campana que anunciaba el final de las clases, la mayoría de los estudiantes salían del edificio con entusiasmo. Sin embargo, Parker no compartía ese ánimo.

Caminaba por el pasillo con evidente fastidio, cargando un balde, un trapeador y varios productos de limpieza que el personal de mantenimiento le había entregado.

—No puedo creer que esté haciendo esto… —murmuró para sí mismo.

Al doblar el pasillo del ala sur, vio a Lee ya esperándolo frente a los baños, apoyada contra la pared con los brazos cruzados.

—Llegaste tarde —comentó ella con tono seco.

Parker dejó el balde en el suelo con un pequeño golpe.

—No estoy tarde. Solo no tenía prisa por venir a limpiar baños contigo.

Lee soltó una risa corta.

—Créeme, tampoco estoy feliz de pasar “tiempo” contigo.

Durante unos segundos se miraron con evidente disgusto. Parecía una guerra de miradas, como si de eso dependiera vivir.

Parker suspiró con desganó.

—Bien. Terminemos con esto rápido.

Lee tomó un par de guantes de limpieza y le lanzó unos.

—Póntelos, “estudiante estrella”. No quiero que luego digas que el trabajo manual es demasiado para ti. Y termines culpándome que tus manos delicadas se dañen por mi culpa.

Parker atrapó los guantes y la miró con irritación.

—JA JA que graciosa— respondió fingiendo una risa para luego mirarla con mala cara.

—¿Verdad que sí? —respondió Lee con una pequeña sonrisa desafiante.

Parker rodeó los ojos.

—Tú limpias los lavamanos. Yo me encargo de los pisos

—¿Y quién te puso a ti de jefe? — dijo cruzándose de brazos.

—Alguien tiene que organizar esto si queremos terminar lo antes posible.

Lee suspiró. Tomó un trapo, lejía y unos desinfectantes.

—Bien. Pero si intentas mandarme otra vez, el trapeador termina en tu cabeza.

Parker sonrió ligeramente sin que lo notara Lee.

—Lo tendré en cuenta.

Ambos comenzaron a limpiar en silencio… al menos por unos minutos.
El director estaría feliz si los viera, pero nada puede salir bien cuando dos elementos químicos que jamás se mezclan se ven obligados a trabajar juntos.

El silencio terminó cuando se escuchó un fuerte golpe metálico.

Parker se giró.

Lee había dejado caer accidentalmente un balde lleno de agua, que ahora se extendía por todo el piso recién limpio.

Parker la miró con incredulidad.

¿Es en serio? Tenía que ser broma, pensó.

Se había esforzado mucho en dejar limpio todo el piso.

Se había esforzado demasiado en dejar impecable cada rincón… y ahora todo estaba arruinado.

—Increíble. Lo que faltaba, tu gran torpeza.

Lee levantó las manos inocentemente.

—Fue un accidente. Lo juro.

—Claro. Igual que mi maqueta.

Lee entrecerró los ojos.

—¿Vas a empezar otra vez con eso?

—No empiezo nada. Solo digo que parece que tienes un gran talento para arruinar cosas.

Lee soltó una risa incrédula mirándolo con enojo.

—Oh, por favor. Tu maqueta probablemente se cayó porque estaba mal hecha. Y lo que sucedió ahora fue un accidente no fue a propósito.

Parker la miró como si acabara de cometer el peor insulto posible.

—Mi maqueta estaba perfecta. Y ya deja de excusarte con que todo es un accidente.

—¡Que no son excusas! Yono tuve nada que ver con tu maqueta,

—¿Sabes cuánto tiempo me tomó hacerla?

—¿Tres horas mirándote al espejo mientras la construías? —respondió con ironía

Parker abrió el grifo con brusquedad para llenar el balde otra vez.

—Eres imposible. No sabes nada de mí y me estereotipas como un superficial.

—¿Ahora te ofendes? ¿Sabes qué? —dijo Lee con evidente molestia—. Si vas a seguir acusándome, al menos trae pruebas.

—Es demasiada coincidencia ¿No crees? —respondió Parker, cruzándose de brazos—. Justo tú estabas ahí y, mágicamente, todo se rompe o se cae.

Parker la miró fijamente por un segundo… y luego, sin previo aviso, levantó el balde.

—¿Qué estás intentando hacer? —preguntó Lee, desconfiada. Retrocediendo unos cuatro pasos.

Un segundo después, y sin el menor aviso, Parker levantó el balde y lanzó el agua directamente en su dirección.

El movimiento fue tan repentino que Lee apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras daba un salto hacia atrás, intentando apartarse.

Pero fue inútil.

El agua la alcanzó de lleno, empapando su ropa y salpicando el suelo que, hacía apenas unos segundos, había estado impecable.

Parker bajó el balde lentamente, con una gran sonrisa.

—¡¿Estás loco?

—¡Ups! Fue un accidente.

Lee se quedó mirándolo con evidente frustración, completamente empapada. De reojo vio un balde con agua.

— ¡Eres un infantil!

Tomó aquel balde pequeño que estaba junto al lavabo.

—Entonces esto también será un accidente.

Le lanzó agua directamente.

El agua salpicó el suelo… y también a Parker

—Ni se te ocurra… ¡Eso es abusivo Parker! —advirtió Lee.

Parker levantó lentamente el balde, en aquel contenía agua sucia.

—Muy tarde.

Lee intentó esquivarla, pero su reacción llegó demasiado tarde. El agua la alcanzó de lleno, dejándola completamente empapada.

Con una mueca de asco, bajó la mirada hacia su ropa, ahora pegada a su cuerpo.

Las risas de Parker no tardaron en llenar el lugar.

Lee alzó la vista lentamente. Sus ojos ardían de furia, una que no necesitaba palabras para explicar la poca —o más bien nula— tolerancia que le tenía.




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