—Llegas tarde, Liam —dijo la mujer sin apartar la mirada de la ventana. Su voz era calmada, pero fría. Tan distante como siempre la caracterizaba.
Liam se quedó de pie cerca de la puerta. Sabía muy bien, que su madre le daría un gran reproche de su impuntualidad, había olvidado completamente la sesión de hoy.
—Lo siento… tuve un pequeño problema.
Ella soltó una breve risa sin humor.
—¿Lo sientes?
Finalmente se giró para mirarlo.
—Tus disculpas no recuperarán el dinero que se perdió hoy. Por tu negligencia tuve que cancelar toda una sesión de fotos.
Sus ojos recorrieron a Liam de arriba abajo.
Entonces notó su uniforme mojado.
—¿Por qué estás empapado?
Liam dudó un segundo.
—Tuve… un accidente.
La mujer entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Un accidente?
Caminó lentamente hacia él, observándolo con detenimiento.
—¿Sabes cuántas personas estuvieron esperando hoy? Fotógrafos, estilistas, patrocinadores… todos perdiendo el tiempo por tu culpa.
Se detuvo frente a él.
—¿Y tú apareces así? Mojado, desordenado y Oliendo mal…
Liam bajó la mirada, sin responder.
Ella suspiró con evidente fastidió.
—Déjame adivinar… ¿esa chica otra vez? Te lo repito una vez más Liam no quiero volver a recibir llamadas de esa escuela por tus “problemas”. Esa institución ya es suficientemente mediocre como para que encima mi hijo se vea envuelto en escándalos.
Liam apretó los puños con discreción. Le molestaba lo perjuiciosa que podría llegar a ser su madre. Y los términos diminutivos los cuales utilizaba, para ella nada era suficiente, Ni siquiera su propio hijo.
—No pasará.
—Pasará —respondió ella con frialdad— si sigues comportándote así, como un completo infantil.
Lo miró con una mezcla de decepción y severidad.
—Liam, tú no eres un estudiante cualquiera. Tu nombre, tu imagen… todo lo que haces afecta tu reputación.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Y no pienso permitir que tus peleas con una chica problemática arruinen todo lo que he construido.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Liam tardó unos segundos en hablar.
—No volverá a pasar… mamá.
— Eso espero. Mañana, a la hora que sales el señor Ross, te recogerá a la salida.
Liam sintió cómo el peso del castigo impuesto por el director volvía a caer sobre sus hombros.
¿Cómo iba a explicárselo a su madre?
Si no cumplía… Lee no dudaría en acusarlo.
—¿Sucede algo? —preguntó la voz al otro lado, notando la pausa.
Liam dudó. Apenas un segundo. Pero fue suficiente para que la mentira empezara a tomar forma.
—No… bueno, sí. Mañana tengo que estudiar para un examen importante —dijo, procurando que su tono sonara natural—. ¿Podrías postergar la sesión de fotos?
El silencio que siguió no fue largo. Pero sí lo bastante incómodo como para hacerle apretar el teléfono con más fuerza.
—¿Es enserio Liam? —lo miro con decepción— Acabo de cancelar la sesión de hoy por tu imprudencia. Estudia hoy para tu examen. Mañana asistirás sin falta. No te hagas problemas ni uses excusas para no asistir.
Dicho esto, salió de aquella habitación. Dejando a Liam pensativo y solo.
Toda su vida había sido manipulada por su madre, desde el momento en que nació.
Jamás recibió ese cariño que otros llamaban “amor de madre”. A veces sentía que no era más que un objeto… uno que generaba ganancias. Y, más allá de eso, comenzaba a creer algo peor: que su madre no lo quería.
O incluso… que lo odiaba.
Siempre intentaba hacer todo lo que ella le pedía. Pero nunca era suficiente.
Ser modelo no era lo que él deseaba, pero tampoco podía decirlo. Sus propios sueños iban en dirección contraria a los de su madre… y eso lo hacía sentir atrapado.
Resultaba irónico que todos pensaran que tenía una vida perfecta.
¿De qué servía tenerlo casi todo? Ser “el estudiante estrella” como le decía Lee, tener fama, dinero… incluso ser considerado atractivo.
Nada de eso llenaba el vacío.
Porque sentir que tu propia madre no te ama… es como caer en un agujero negro. Un vacío del que no puedes escapar.
Nunca le importó lo que los demás dijeran de él. Pero lo que su madre pensaba… eso sí.
Porque, a pesar de todo, ella seguía siendo lo más importante en su vida.
Y, aun así, estar a su lado lo hacía sentirse pequeño. Mediocre. Vacío.
Como si solo fuera un medio para llenar su cuenta bancaria.
Mientras tanto en otro lugar….
—¡Qué guapo!
—¡Sí!, aparte de guapo, es amable e inteligente. Todo un sueño.
Ambas chicas lanzaban alagaos mientras observan con maravilla la nueva revista de productos estéticos de belleza pero no la veían por ese motivo, sino por el modelo.
—Si van a seguir elogiándolo, me largo de aquí —exclamó Yeri, visiblemente molesta, incorporándose de su asiento.
—Hey, hey… tranquila, Yeri —intentó calmarla una de sus amigas, alzando las manos.
—¿Que me tranquilice? —replicó, fulminándola con la mirada—. ¡Están elogiando a mi peor enemigo en mi cara!
Hubo un breve silencio antes de que alguien más hablara, con una media sonrisa.
—No puedes negar que es muy guapo…
Yeri rodeo sus ojos
—¿Qué fue lo que te hizo ahora? —dijeron ambas chicas al mismo tiempo. Notando su evidente molestia
—¿Qué, ¿qué me hizo? —Yeri les contó todo lo sucedido con Parker—. ¡Y él muy descarado se burló en mi cara y se fue, dejándome el trabajo a mi nada más!
Ambas comenzaron a reírse.
—No se rían, no es para nada gracioso —exclamó Yeri, indignada—. ¡Tuve que bañarme con medio frasco de productos de limpieza!
Las dos chicas estallaron en carcajadas aún más fuertes.
—Claro que lo es. No puedo creer que terminaran jugando como un par de niños —dijo Sunmi entre risas.
—No será que se aman en secreto… —insinuó Helen, alzando una ceja con picardía.