ódiame pero no me olvides

Plan erróneo

—Uno…. Dos…. tres

—¡Lee! —gritar a Parker—¡Regresa ahora mismo mi ropa! ¡sé que estás ahí! Esto no es gracioso.

Yeri había entrado a las duchas del entrenamiento de básquet, decidida a vengarse de lo sucedido de ayer. Su objetivo era robarle la ropa a Parker y divertirse con la situación. Y realmente lo estaba disfrutando. Lee saco su teléfono.

Esto tiene que ser grabado si o si, como un gran recuerdo. Pensó.

Con sumo cuidado, Yeri entreabrió la puerta del lugar donde se había escondido, lo justo para poder observar sin ser descubierta.

Contuvo la respiración.

A través de la pequeña abertura —y con ayuda de su celular— lo vio.

Parker estaba de pie, cubierto apenas desde el torso con una toalla, el cabello húmedo y desordenado, con gotas de agua deslizándose aún por su piel. Su expresión lo decía todo: frustración pura, mezclada con una desesperación que lo hacía perder la compostura.

Yeri tuvo que morderse el labio para no reír.

Verlo así… completamente fuera de control, le resultaba demasiado satisfactorio.

Antes de arriesgarse a ser descubierta, guardó el teléfono con rapidez.

—¿Dónde demonios se habrán metido? —gruñó Parker, su voz resonando en el lugar mientras golpeaba ligeramente la puerta de una de las duchas.

El sonido seco se repitió una y otra vez mientras comenzaba a abrirlas, una por una, con creciente impaciencia. Con cada puerta en la que no se encontraba, la poca paciencia que no tenía, pero se desvanecía se agotaba, como una pregunta sin respuesta…

¿Qué es la nada?

Yeri entrecerró los ojos, divertida, siguiendo cada uno de sus movimientos.

Sonrió para sí misma.

Tenía todo bajo control.

Se había asegurado de que Parker fuera el último en entrar… lo suficiente para ejecutar su pequeño plan sin dejar rastros y evitar meterse en problemas.

Hasta que llegó a la puerta de la ducha en la cual ella estaba escondida.

Parker intentó abrir la puerta, moviendo bruscamente la manija, pero era en vano, pues no se abriría.

El metal vibró bajo la fuerza de su mano. Frunció el ceño, claramente molesto, y volvió a intentarlo, esta vez con más fuerza, como si su frustración pudiera romper la resistencia de la cerradura.

La puerta permanecía firme, inamovible.

Del otro lado, el silencio era absoluto.

Yeri contuvo la respiración, sintiendo cómo su corazón latía con tanta fuerza que temía que él pudiera escucharlo, aunque era evidente que ella estaba ahí. Su espalda estaba rígida, pegada a la fría pared, y ni siquiera se atrevía a moverse.

Afuera, Parker dejó escapar un suspiro pesado, pasando una mano por su cabello húmedo, cada vez más irritado. Y eso solo hacía que su impaciencia creciera.

—¡Habré esa puerta ahora mismo, Lee! Si lo haces ahora, tal vez tendré en consideración, que mi venganza no sea tan mala.

Vio por la esquina de la puerta a Parker apunto de explotar, si no fuera, porque escucho entrar a alguien.

Lee se quedó atónita, pues ella se había asegurado de que nadie más, excepto Parker, estuviera ahí.

—¿Qué haces ahí parado, Liam? ¿Por qué no estás listo? Las clases ya van a comenzar en unos diez minutos —dijo el entrenador, mirando su reloj con impaciencia.

—Sí, lo que sucede es que…

Lee vio cómo Parker le lanzaba una mirada cargada de malicia.

Su corazón dio un vuelco.

Esto no estaba bien.

¿Estaba a punto de delatarla?

El entrenador lo observó con atención, esperando a que continuara, sin notar la tensión invisible que se había instalado en el ambiente.

—Esta puerta está atorada —continuó Parker, señalando la ducha—. Y, como puede ver, aún no estoy vestido por este motivo. Mi ropa ha quedado ahí dentro, junto a mi mochila.

Hubo un breve silencio.

Lee apenas podía creer lo que acababa de escuchar.

Lee se quedó atónita, pues ella se había asegurado de que nadie más, excepto Parker, estuviera ahí.

—¿Qué haces ahí parado, Liam? ¿Por qué no estás listo? Las clases ya van a comenzar en unos diez minutos —dijo el entrenador, mirando su reloj con impaciencia.

—Sí, lo que sucede es que…

Lee vio cómo Parker le lanzaba una mirada cargada de malicia.

Su corazón dio un vuelco.

Esto no estaba bien.

¿Estaba a punto de delatarla?

El entrenador lo observó con atención, esperando a que continuara, sin notar la tensión invisible que se había instalado en el ambiente.

—Esta puerta está atorada —continuó Parker, señalando la ducha—. Y, como puede ver, aún no estoy vestido por este motivo. Mi ropa ha quedado ahí dentro, junto a mi mochila.

Hubo un breve silencio.

Lee apenas podía creer lo que acababa de escuchar.

—Has intentado mover la manija— pregunto a lo que él asintió.

El entrenador se acercó a la puerta moviendo la manija de izquierda a derecha. Yeri adentro de la ducha, su corazón no para de bombear sangre a velocidad de la luz hasta que el entrenador se dio por vencido.

—Espera aquí iré por las llaves de seguridad, ya regreso.

Parker asintió, sin apartar la mirada de la puerta.

Del otro lado, Lee apretó los dientes, sintiendo cómo el pánico comenzaba a subirle por el pecho.

Maldijo por lo bajo.

Ahora…

¿cómo demonios iba a explicar que estaba ahí dentro?

—¡Maldición, Parker! —susurro para sí misma haciendo una rabieta.

—¿Vas a salir por tu cuenta? ¿O esperaras, que el entrenador te encuentre aquí?

—¡ahggg te odio!

—Que coincidencia, compartimos el mismo sentimiento, Lee. —rio con ironía— Si fuera tú, hubiera salido ya — se hizo el pensativo— ¿Me pregunto?, que castigo adicional te pondrá ahora el director. ¿Limpiar las aulas? o algo mejor, tal vez en quedarte sin vacaciones ¿Qué te parece ayudar a los profesores en los campamentos? Que aburrimiento — insinúo con un tono burlón.




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