La sesión de fotos había culminado por fin.
Después de una hora soportando la cercanía de aquella chica, Parker no pudo evitar sentir cierto rechazo hacia ella.
Apenas la conocía.
Pero su forma de tratar a los demás no le había pasado desapercibida.
La había escuchado minutos antes hablarle de mala manera a una estilista, quejándose de que el color de las sombras en sus párpados no le favorecía. Típico de las chicas que se creían superiores a los demás y a las cuales él no soportaba. Y, sin embargo, en cuanto él entró al set, había fingido una amabilidad impecable. Su instinto no le había fallado.
Parker se alejó de inmediato de la chica.
Daniela lo notó y comenzó a seguirlo.
—Liam, espera.
Parker se detuvo y volteó a verla, claramente fastidiado.
—¿Qué es lo que quieres?
Ella alzó una ceja.
—Qué humor.
Parker rodó los ojos.
—No tengo tiempo para esto.
Intentó seguir caminando, pero Daniela dio un paso adelante, interceptándolo.
—Relájate —dijo con una sonrisa ligera—. Solo quería hablar.
—Pues ya lo estás haciendo —respondió él con frialdad.
Ella lo observó con más atención, como analizándolo.
—No eres como dicen.
Parker frunció el ceño.
—¿Y cómo dicen que soy supuestamente?
—Encantador. Fácil de tratar… y muy amable.
Hubo un pequeño silencio.
—Supongo que se equivocan —añadió ella.
Parker soltó una leve risa sin humor.
—No te confundas… ¿Danielle? ¿Daniela? Como te llames. No soporto a las personas falsas.
Daniela sonrió.
—Daniela —corrigió con calma—. Qué observador. Estoy segura de que seremos amigos. Lo de hace rato fue porque estaba estresada… tú, más que nadie, deberías entenderlo.
Parker sonrió con sarcasmo.
—A diferencia de ti, sé que los demás no tienen la culpa —respondió con frialdad—. Y no me creo superior.
La sonrisa de Daniela desapareció poco a poco.
—¿Interrumpo algo? —se escuchó entonces.
Ambos giraron la cabeza. Su madre se acercaba a ellos con una ligera sonrisa, observándolos con evidente interés.
—No —respondió Daniela rápidamente—. Solo estábamos hablando.
Luego miró a Parker un segundo y volvió a sonreír.
—Liam es muy carismático… y guapo.
La sonrisa de su madre se amplió apenas, como si esa respuesta le hubiera gustado más de lo normal. Parker apretó ligeramente la mandíbula.
—Te espero en el auto, mamá.
No esperó respuesta. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse. El señor Ross le abrió la puerta del auto. Parker asintió en señal de agradecimiento y subió.
Minutos después, su madre ingresó.
Durante el trayecto, el silencio fue constante.
Al llegar a casa, esa gran casa que, a pesar de compartir con su madre, solo le recordaba lo vacía y monótona que era su vida.
—¿Qué te pareció Daniela? Es muy guapa.
Parker soltó una leve exhalación. Sabia que su madre tramaba algo.
—¿A qué viene eso, mamá? —respondió con cierta molestia.
—Simplemente digo que deberías salir con ella un par de veces… y ver si..
Parker la interrumpió y negó con la cabeza.
—No tengo tiempo para eso. Y si eso es lo único que quieres decirme, tengo que ir a estudiar.
Su madre frunció el ceño.
—¿Por qué te comportas de esta manera? ¿Tan cortante tan egocéntrico?
Parker la miró por fin. Esta vez no guardo su opinión, como siempre hacia para evitar discusiones y tener satisfecha a su madre. Pero esta vez diría las cosas sin rodeas.
—Que haga lo que tú decides, por mí en lo profesional desde pequeño, no significa que también puedas decidir sobre mi vida personal —dijo con firmeza—. Sé que eres mi madre… pero hay un límite.
Se hizo un breve silencio.
La madre de Parker lo observó con cierta incredulidad.
Estaba escuchando a su hijo responderle con una firmeza que no era propia de él. ¿Realmente era su hijo quien le estaba hablando así?
No era solo lo que decía.
Era el tono.
La forma en la que, por primera vez… no estaba cediendo.
Y estaba segura de algo que eso no le agradaba para nada.
—No es propio de ti hablar así —dijo finalmente—. Siempre has sido razonable… obediente.
Parker soltó una leve risa sin humor.
—Si tienes razón. Puedes manipular mi vida profesional como te plazca.
Ella lo miro con incredulidad y ofendida.
—Pero mi vida personal.no—continuó—. Daniela es tan falsa. No me agrada en absoluto.
Su madre rodó los ojos con evidente fastidio.
—Por favor, Liam. Estás exagerando. Recién la conociste hoy.
—No —respondió él con firmeza—. Y si quieres una comparación diría que me cae peor que Lee.
Eso comparación desencadeno el enojo e indignación total de su madre. ¿Cómo se atrevía a ser esa comparación mediocre?
—No compares —dijo con desdén— a una modelo como Daniela con alguien como esa chica.
Parker tensó la mandíbula.
—¿“Esa chica”? Tiene nombre.
—¿Ahora la defiendes? No me interesa cómo se llama —respondió su madre con frialdad—. Además, todos saben de la decadencia de su familia. Es… bastante lamentable.
Hubo una pausa.
—Y si sigue en ese colegio es solo por esa beca que obtuvo gracias a las donaciones que hicieron antes de caer en lo más profundo… ¿cómo era? ¿Lee?
Parker no dijo nada.
—Una lástima —continuó ella—. Pasar de tenerlo todo a… eso.
Su tono cambió, volviéndose aún más despectivo.
—No está al nivel de Daniela. Ni en prestigio… ni en posición.
El silencio se volvió pesado.
—Y no vuelvas a compararla con alguien como Lee —añadió, con una leve sonrisa—. Son mundos completamente distintos.
Parker apretó la mandíbula.
Esta vez… sí le molestó.
Las palabras de su madre, tan cargadas de desprecio hacia la familia de Lee, le generaron un rechazo inmediato.
¿Por qué tenia que ser asi?
La miró, sin apartar la vista.