ódiame pero no me olvides

PINTURA

Lee esperaba con cautela.

Desde el segundo piso, observaba atenta la salida de Parker, todos los demás alumnos de música ya habían salido menos él. Se había escondido tras una de las columnas, sosteniendo un balde con pintura diluida en agua… lo suficiente para arruinar por completo la ropa de cualquiera.

Especialmente la de Parker.

Sus ojos no se apartaban de la puerta.

Solo tenía que esperar el momento perfecto e indicado.

Mientras tanto, en el primer piso dentro del aula de música se encontraba el profesor Bellini y Parker.

—Deberías inscribirte al grupo de música de la escuela, Liam —dijo el profesor, guardando los instrumentos y dejando todo en orden.

Parker negó levemente.

—No soy tan bueno.

El profesor soltó una pequeña risa.

—¿Qué dices? Realmente tocas espectacular el piano… y ni hablar del violín. Es un instrumento difícil, y tú lo manejas con un estilo único. Con sentimiento.

Parker se quedó en silencio.

A decir verdad… se sentía muy halagado. El piano era un instrumento que amaba tocar desde que tenia 10 años.

—Deberías pensarlo —añadió el profesor.

Luego tomó una hoja y se la extendió.

—Ten en cuenta esto.

Parker la recibió. Miro aquella hoja con atención.

Era una ficha de inscripción.

Un concurso de piano.

—Te he escuchado cantar muchas veces —continuó—. Este concurso combina interpretación instrumental y vocal. Y créeme tienes talento para ambos.

Parker dudó.

—Yo… no lo sé.

—Piénsalo, Liam —lo interrumpió con calma—. Es una gran oportunidad. Más aún cuando te he escuchado decir que no quieres seguir siendo modelo… y que no sabes qué hacer después de la escuela.

Eso lo hizo quedarse pensativo. Lo que había dicho el profesor era totalmente cierto. Aún no sabía a qué dedicarse después de la escuela; no sabía qué carrera escoger. Odiaba su vida de modelo: a donde iba, era hostigado.

Lo único “bueno” era tener una madre que se encargaba de evitar cualquier escándalo. Pero no lo hacía por protegerlo a él, sino por proteger su apellido, su imagen, su propia reputación. Todo estaba cuidadosamente controlado, cada paso vigilado, cada error ocultado, no por amor, sino por conveniencia. Por eso no estaba en boca de todos ni era perseguido por periodistas, además de vivir en una zona de familias ricas.

Aun así, muchos dirían que tenía la vida resuelta, pero él no se sentía él mismo, ni era algo que quisiera para su futuro. Tampoco quería seguir viviendo bajo las faldas de su madre.

—Podrías intentar esto —añadió el profesor—. Experimentar hasta lograr encontrar algo que realmente te haga feliz.

El silencio se instaló por un momento.

—Está bien… lo tendré en cuenta. Muchas gracias.

El profesor asintió con una sonrisa.

Parker salió del aula, distraído, mirando la hoja que aún tenía en la mano.

Y justo arriba…

Lee sonrió.
Era el momento.

No es que fuera vengativa… o al menos eso quería creer. Pero Parker había cruzado un límite. Si él hubiera cerrado la boca, Taemyn no habría decidido darse un tiempo en su relación. Y como si eso no fuera suficiente… la dejó limpiando todos esos baños sola. Sus dedos se tensaron alrededor del balde. Eso no era justo.

Lee alzó ligeramente el balde, conteniendo la risa.

—Esto será satisfactorio —susurró.

Esperó. Un paso. Dos. Tres.

—Cuatro…

—Un concurso… —murmuró para sí mismo.

Lee afinó la puntería. Sonrió.

Y…

—Ahora.

Volteó el balde. El líquido se derramó de golpe, rompiendo el silencio.
Todos los que pasaban por aquel ambiente, alertados por el ruido y la escena, se detuvieron de inmediato; las miradas se clavaron en lo ocurrido, sorprendidos, casi incrédulos ante lo que acababan de presenciar.

Pero para Lee, aquello no era lo que realmente quería, no era su objetivo.

Trágame tierra ¡TRAGAME!

Parker, casi por instinto, dio un paso hacia atrás justo en ese momento. Evitando que la pintura cayera sobre él totalmente, aun así, esta salpicó manchando su atuendo un poco.

El contenido no cayó sobre él.

Cayó…sobre otra persona.

¿Acaso era tan torpe como decía Parker? ¿Por qué todo le tenía que salir mal?

Lee cerró los ojos. No quería saber a quién había alcanzado la pintura que arrojo. Solo sabía que la pintura no había caído sobre Parker… pero no saber quién había sido el verdadero blanco le generaba una inquietud difícil de ignorar. Suspiró. Solo esperaba que no hubiera sido algún profesor… o incluso, si su suerte era peor que la sal del mar… el director.

Le pesaba abrir los ojos. Aun así… lo hizo.

—…me quiero desaparecer.

Abajo, completamente empapado de pintura diluida, yacía el profesor de música. Había salido apenas unos segundos antes, siguiendo a Parker, sin imaginar lo que estaba a punto de ocurrir. Un instante después, la dirección del chorro cambió de forma inesperada, y toda la pintura cayó directamente sobre él, cubriéndolo de pies a cabeza. Por un segundo, nadie reaccionó.

Luego, poco a poco, los murmullos comenzaron a crecer.

Los estudiantes que pasaban por el pasillo se detuvieron, girando la cabeza, sus miradas clavándose en la escena. Algunos susurraban, otros intentaban disimular la risa… pero todos observaban. El profesor, yacía inmóvil ante la mirada de todos, con la pintura escurriendo por su ropa impecable.

Y entonces…

ahí estaba Taemyn de pie entre los demás.

Mirándola.

No con sorpresa. No con enojo. Sino con una decepción tan clara… que dolía más que cualquier otra cosa.

Lee desvió la mirada al instante. No pudo sostenerla sabía que esto fue el colmo y el punto máximo que haría, que taemyn se decepcionara por completo. Más aun después de la pelea que habían tenido. Su pecho se tensó. Sabía perfectamente lo que significaba esa expresión.

Sabía que estaba en problemas.




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