ódiame pero no me olvides

DIRECCIÓN OTRA VEZ

Lee bajó las escaleras lentamente. Cada paso… más pesado que el anterior tenía tanta culpa de ver la cara al profesor después de tanl acto que hizo. Otro castigo más seguro le otorgaría el director, esta vez sí era su culpa pero no iba admitirlo.

Cuando pasó junto a Parker, murmuró entre dientes:

—Maldición

Parker inclinó ligeramente la cabeza.

— Ya quiero escuchar lo que dirá el director. —dijo

Lee lo fulminó con la mirada.

—Cállate.

Parker soltó una breve risa.
—No puedo. Esto está demasiado bueno. Además, tu torpeza pudo mas que tu terrible venganza como siempre. Deberías disculparte con el profesor Bellini.

En ese momento, el profesor avanzó un paso. La pintura aún goteaba de su ropa, pero su expresión era serena, casi imperturbable. Conocía bien la rivalidad entre ambos chicos; no hacía falta formular preguntas. Bastaba con observarlos para entender que aquello no era un simple accidente.

—Ambos. A la dirección. Ahora.

Parker dejó escapar un suspiro.

—Genial… yo ni siquiera hice nada.

Lee cruzó los brazos, mirando de reojo a Parker.
—Vaya… al parecer no iré sola.

Soltó una pequeña risa por lo bajo, claramente burlona, cuidando que el profesor no la notara.

Parker suspiró, frustrado.

Antes de entrar a dirección, Lee se interpuso en el camino del profesor. De pronto, sin dudarlo, se arrodilló frente a él.

—Profesor Bellini, por favor, discúlpeme. Yo no quise hacer eso… No me lleve a dirección, se lo pido.

Parker soltó una risa seca, incrédulo.
—¿En serio? ¿Ahora te haces la víctima?

Lee lo fulminó con la mirada por un segundo, pero volvió a bajar la cabeza, fingiendo arrepentimiento. Aunque no era fingido, realmente estaba arrepentida.

—Señorita Lee, compórtese. Su actitud no le ayuda en nada —respondió con firmeza—. Si verdaderamente quiere que la disculpe, levántese y deje de arrodillarse.

Lee dudó un instante, pero terminó poniéndose de pie lentamente con mucha vergüenza, no sabía cómo mirarle a la cara.

El profesor hizo una pausa, claramente molesto.

—Sus peleas constantes y la rivalidad que tiene con Liam son excesivas. Todos los maestros lo saben. Esto necesita un castigo… quizá así reaccione.

Desde dentro de la dirección, los gritos del director retumbaban contra las cuatro paredes.

Parker se cruzó de brazos, completamente indignado. No tenía por qué estar ahí, soportando los sermones del director, cuando ni siquiera sabía del absurdo plan que Lee había ideado.
Después de todo… él era la víctima. O al menos, lo habría sido si la pintura no hubiera caído sobre el profesor Bellini.

—No me parece justo. Yo ni siquiera debería estar aquí —protestó Parker—. Yo no le lancé pintura al profesor Bellini.

Lee giró hacia él, indignada.
—¿Estás diciendo que es mi culpa?

Parker la miró sin dudar.
—¿Acaso no es obvio? Sí. Es tu culpa. Todo esto es tu culpa. Eres una inmadura que cree que toda gira a su alrededor. Ya supéralo.

Lee se cruzó de brazos, molesta.
—Si no hubieras faltado al castigo de ayer, nada de esto habría pasado.

Parker frunció el ceño.
—Ah, claro. Entonces ahora resulta que es mi responsabilidad lo que tú haces.

Lee lo miró con firmeza.
—Si hubieras cumplido con lo que te tocaba, yo no habría tenido que hacer nada.

—No —cortó él—. Que tú no sepas controlar tus impulsos no es mi problema. Yo no te pedí que hicieras esto.

El ambiente se tensó de inmediato.

—¡Suficiente!

La voz del director estalló en la sala, cortando cualquier intento de réplica y obligándolos a callar al instante.

Parker se pasó las manos por el cabello, dejando escapar un gesto de frustración que no pudo disimular.

—Me parece inaceptable lo que hizo, señorita Lee —dijo el director, con voz firme—. Al parecer, el castigo para ustedes no fue lo suficiente.

Parker no tardó en intervenir.

—Con todo respeto, director, no sé qué hago aquí si ella hizo todo esto.

Lee giró hacia él, molesta.

—Porque no es justo que yo limpie sola cuando el castigo es de los dos.

—¡Por el amor de Dios, pueden callarse! —estalló el director—. Estoy hablando. Dejen de pelear.

La paciencia del director claramente se estaba agotando.

A su lado, el profesor Bellini permanecía en completo silencio, observando la discusión con una calma que contrastaba con el caos frente a él.

—Señorita Lee —continuó el director, más controlado—, ¿no habría sido más fácil informarme? Yo habría decidido qué hacer con Parker por su incumplimiento.

Lee respiró hondo, intentando mantenerse firme.

—Si me permite hablar, puedo solucionar yo misma mis problemas por ese motivo no se lo dije… puedo arreglármelas con este —hizo una pausa, tensando la mandíbula y conteniendo la palabra oes que diría luego miro al director con una sonrisa falsa— digo, con mi compañero.

—¿Y le pareció justo tirarle un balde de pintura al profesor?

—¡No! —respondió Lee de inmediato—. Ese no era mi plan… no era para el profesor.

Parker dejó escapar una risa baja, casi inaudible, pero lo suficientemente provocadora.
—Queda claro que era para mí, ¿ve, señor director? Yo soy la víctima, mientras que ella es el problema. Yo solo me defiendo cuando me ataca.

Lee abrió los ojos de par en par, incrédula.
—¿Me estás llamando loca? —intentó interrumpirlo.

Parker ni siquiera dudó.
—“Loca” se queda corto, Lee. Además, tú te metiste a las duchas de hombres y robaste mi ropa…

—¡Pensé que teníamos un trato!

—Ups… ni modo, mi boca me ganó.

Parker rodó los ojos con molestia. Lee cerró los puños con fuerza; nadie podía notarlo, pues los mantenía ocultos debajo de la mesa.

El impacto de sorpresa en ambos adultos fue inmediato. El director y el profesor quedaron paralizados por un segundo, como si esas palabras hubieran desordenado por completo la escena. La sorpresa se transformó lentamente en una expresión dura, incrédula.




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