ódiame pero no me olvides

PERSONAJES

—¿Y bien, Parker? ¿Qué sucedió en las duchas? —interrogó el director.

Lee se encontraba sentada en la cafetería, hablando con Helen.
Sunmi se acercó con su recipiente de comida y se unió a la conversación.

Lee estaba recostada sobre la mesa, sin probar bocado.

—No es tan malo lo que hiciste —dijo Helen, intentando animarla.

—¿No es tan malo? —respondió totalmente en desacuerdo, levantando la cabeza solo para dejarla caer otra vez—. Tirarle pintura a un profesor… definitivamente fue lo peor que he hecho.

Sunmi rió.

Lee y Helen la miraron mal.

—¿Qué? ¡No van a negar que fue gracioso! Yo estuve ahí.

—No fue gracioso —respondió Lee, ocultando su cara.

—La verdad, Sunmi, tu opinión no ayuda en nada —añadió Helen.

Sunmi rodó los ojos.

—Bueno, está bien… solo decía.

—Y bueno… ¿qué sucedió allá adentro con el director?

Lee les contó todo: desde el momento en que se arrodilló frente al profesor Bellini, implorando perdón, hasta que Parker abrió la boca y mencionó lo de las duchas. Y sobre que taemyn la había visto salir de aquel lugar.

—Espera… ¿cómo que te metiste a una ducha junto a Parker? —gritó Sunmi.

Todos giraron a verla.

—Baja la voz —dijo Lee entre dientes.

Poco a poco, todos volvieron a lo suyo.

Helen la miró, esperando una explicación.
Lee aclaró que había sido una especie de venganza… que salió mal.
(Omitió, por supuesto, la parte en la que lo vio desnudo).

—Eso explica muchas cosas —dijo Helen—. Ahora entiendo por qué Taemyn no te busca como siempre.

—Debe estar pasándola mal. ¿Por qué no se lo dijiste? Convertiste un problema pequeño en uno más grande, Yeri… y ahora seguro está aún más molesto por lo de la pintura —añadió Sunmi.

—Bueno… yo… en realidad…

—Lee Yeri, debemos hablar.

Lee levantó la vista.

Parker había salido de la dirección totalmente molesto.
Lo que había dicho el director debía ser una broma.

No estaba dispuesto a convivir —ni mucho menos perder su tiempo— con Lee.

Así que esperó a que el profesor Bellini se retirara junto a ella para poder hablar a solas con el director.

Tocó la puerta.

—¿Sí? ¿Quién es? —interrogó el director desde adentro.

—Soy Parker, nuevamente.

—Adelante.

Parker entró, claramente incómodo.

—¿Qué sucede, Parker?

—No estoy de acuerdo con tener que darle clases a Lee. Hay otros alumnos que también son buenos… ¿por qué precisamente yo?

El director lo miró con calma.

—Es un castigo, Parker. Ambos no se toleran. Esto les servirá para que, al menos, puedan soportarse un poco.

Parker soltó una risa seca.

—Lo mismo dijo con lo de los baños… y fue lo peor.

El director se quitó los lentes, tomándose un momento antes de responder.

—Lo sé perfectamente. Pero inténtalo, Parker. Confío en ti. Sé que serás más profesional que Lee, así que tómalo de esa manera.

Hizo una breve pausa.

—Además, esto servirá para que Lee pueda alcanzar los beneficios de la escuela.

Parker no dijo nada.

—Su familia está pasando por momentos difíciles —continuó el director—. Y sus rivalidades no la ayudan en nada… ni en su conducta ni en su rendimiento académico.

El silencio se volvió pesado.

—Así que necesito que seas un buen compañero.

El ruido constante de las cámaras fotográficas y los flashes llenaba el set. Frente a ellos estaba Jean, uno de los modelos principales de YoungRise Corporation, empresa que pertenecía a la madre de Liam, Sophie Parker.

Jean Ethan era el mejor modelo de toda la corporación. Sophie lo consideraba incluso superior a su propio hijo. A diferencia de otros, Jean era una persona disciplinada: desde que entró al mundo del modelaje, seguía estrictamente las dietas y rutinas impuestas por la corporación, dirigidas por su mánager, Sophie.

Aquel chico no podía negar la rivalidad con Liam. Desde el momento en que fue descubierto por la señora Parker, sintió la evidente molestia del hijo de esta. Jean no tenía nada en contra de Liam, pero sabía aprovechar todo lo que su jefa le ofrecía como resultado de su esfuerzo.

Al principio, aquella rivalidad pasaba desapercibida; no le daba importancia. Después de todo, no era su culpa que Sophie pareciera preferirlo. Sin embargo, tras pequeños intercambios de palabras, la tensión creció hasta convertirse en una enemistad abierta: ambos comenzaron a provocarse constantemente.

—Bien, es todo por hoy.

Jean bajó del set mientras se abotonaba la camisa. La sesión de fotos de ese día había sido con una temática sexy para un perfume y desodorante en spray.

—Lo has hecho perfecto, como siempre.

—Gracias, señora Parker.

—No tienes por qué agradecer. Después de todo… naciste para esto. Y yo lo vi primero.

Jean esbozó una sonrisa. Realmente amaba su trabajo. Además de que ganaba bien, años atrás había trabajado en un restaurante, pero la paga no era buena. No podía negar que le alcanzaba para lo básico, pero nada más.

Desde que fue descubierto, todo cambió. Ahora tenía lo suficiente para pagar las deudas de sus padres, mejorar su casa y elevar su estilo de vida. Pero, sobre todo, la salud de su madre había mejorado, y eso era lo que más valoraba.

Aún seguía en la escuela, una escuela pública. No veía nada de malo en eso; después de todo, toda su vida había estudiado allí, así que no tenía motivos para cambiarse.

Su fama estalló ese mismo año en que Sophie lo descubrió. A veces faltaba a clases, pero no por arrogancia. No tenía problemas con sus profesores ni con sus notas, ya que ocupaba el segundo puesto en toda la escuela.

Desde niño había sido aplicado. Odiaba la pobreza. Odiaba ver a sus padres esforzarse hasta el límite y soportar abusos de sus jefes. Por eso, se exigía tanto a sí mismo: no quería volver a esa vida.

—Jean, ¿no has pensado en cambiarte de escuela? —preguntó la señora Parker.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.