—¿Te sientes mejor, Liam? —preguntó mi madre, mirando con preocupación a Parker, quien tenía el cuello rojo por el forcejeo de hace unos momentos.
Mi madre me miraba mal. ¿Pero yo qué culpa tenía? ¿Cómo iba a saber que lo vería en mi casa? Además, vestido todo de negro… para ser modelo, qué estilo.
Y, en primer lugar… ¿qué hacía él en mi casa?
¿Cómo sabía dónde vivía?
—Sí, gracias, señora Lee —respondió él con calma. Tomó el vaso de agua que mi mamá le había traído de la cocina y bebió con total tranquilidad.
Rodé los ojos.
Mi madre me dio un pequeño golpe en el brazo. La miré indignada.
¿Acaso no se daba cuenta de que mi enemigo estaba sentado en mi sofá, frente a mí, en mi casa? Claro… ¿cómo iba a saberlo, si Parker le dijo que éramos amigos?
—¿Y tú no piensas pedir disculpas, niña?
—Ahgg… pero no hice nada malo —respondí, con mala cara.
—¿Cómo que no hiciste nada malo?
—No se preocupe, señora Lee, no es necesario. No lo hizo a propósito —intervino Parker, mirándome a los ojos con una evidente falsedad, como si fuera la persona más tolerante del mundo.
Fruncí el ceño.
—¿Y tú qué haces en mi casa? ¿A qué viniste, tonto? —pregunté, mirándolo con total estrés. Era sábado… ya soportaba a Parker todos los malditos días de lunes a viernes. Incluso en la calle tenía que ver su horrible cara en cada pantalla de publicidad que aparecía. Lo terrible de vivir en la ciudad.
—Qué manera de hablarle a un amigo, Yeri. Así no le hablas a Sunmi ni a Helen, mucho menos a Taemyn —dijo mi madre, sorprendida.
Cierto… olvidé que era mi “amigo”.
Ella desconocía nuestra rivalidad. Cada vez que el director llamaba a nuestros padres por nuestras peleas, como tutor siempre iba mi nana, quien me cuidaba desde pequeña. Yo le rogaba que fuera ella, para no molestar a mis padres con mis problemas. Así había sido desde primer año.
—¿Acaso no recuerdas que te dije que te ayudaría con los cursos? Estás bastante atrasada —dijo él, provocándome frente a mi madre con ese tono pasivo-agresivo.
Apreté los puños, conteniendo la ira.
—¡¿Cuándo me dijiste eso?! ¡Lo haces para molestarme, ¿cierto?! ¡Le dije al director que no necesito tu estúpida ayuda! —respondí, perdiendo la paciencia.
Olvidé por completo que mi madre seguía ahí. Este chico me sacaba de mis casillas. Le había dicho al director que no aceptaría su ayuda, así fuera un castigo… pero él solo respondió que, si no mejoraba mis notas, me olvidara de los beneficios a los que quería acceder. Y ni hablar de mi conducta…
—Yeri, ¿qué sucede contigo? —exclamó mi madre, confundida.
Tragué saliva.
—Nada… umm… ya recordé. Sí, me lo dijiste, Liam, lo olvidé —respondí, fingiendo calma, solo para evitar más preguntas.
Era la primera vez que lo llamaba por su nombre.
Él me miró con una sonrisa burlona, disfrutando cada segundo de mi derrota.
—No se preocupe, señora Lee. Yeri y yo nos llevamos así —añadió él con naturalidad.
—Bueno, mamá, como verás, tenemos que estudiar… —dije, forzando una sonrisa—. Ve a hacer tus cosas.
Mi madre nos miró confundida unos segundos… pero finalmente se retiró.
Apenas se fue, la sonrisa desapareció de mi rostro.
Lo miré.
—Eres un completo idiota —murmuré en cuanto mi madre desapareció por el pasillo.
Parker no se inmutó. Al contrario, se recostó con total tranquilidad en el sofá.
—Y tú eres una exagerada.
—¡¿Exagerada?! —di un paso hacia él—. ¡Insinuaste frente a mi madre de ser una inútil! Sin cerebro.
—No insinué nada—respondió, encogiéndose de hombros—. Solo dije la verdad.
Apreté los puños. Maldito el momento en que tuve mis brazos alrededor de su cuello y no lo asfixié lo suficiente.
—Te odio.
—Lo sé.
Eso solo hizo que la rabia me ardiera más por dentro.
—Entonces deja de actuar como si fuéramos amigos cuando no lo eres.
—No estoy actuando —dijo, mirándome fijamente—. Solo estoy evitando problemas a diferencia de ti.
Fruncí el ceño.
—¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo te importa evitar problemas?
—Desde que tus problemas terminan siendo también los míos.
—Nadie te pidió que te metieras.
—El director sí.
Silencio.
Si tan solo la pintura no hubiera caído sobre el profesor… ¡Maldición!
Desvié la mirada, molesta.
—No necesito tu ayuda.
—Eso ya lo sé —respondió con calma—. El problema es que SI la necesitas.
Volví a mirarlo, furiosa.
—No la quiero.
Parker se levantó del sofá, acercándose a mí lentamente.
—No tienes que quererla —murmuró—. Solo tienes que aprobar. ¿Y ya? ¿Algo tan simple no puedes?
Se detuvo frente a mí.
Demasiado cerca otra vez.
—Y al parecer tendré yo que asegurarme de eso.
Sentí cómo mi corazón se tensaba.
—¿Y si no quiero?
Él ladeó ligeramente la cabeza.
—Entonces perderás la última oportunidad de conseguir acceso a los beneficios escolares. Una lástima
Apreté los dientes.
Sabía que tenía razón.
Y eso me molestaba aún más.
—Eres insoportable…
—Y tú testaruda.
—Idiota.
—Problema.
—¡Cállate!
—Cállame.
…
Me quedé en silencio.
Lo miré con odio.
Pero no me moví. Estaba estática parada como tonta. Su respuesta me dejo helada no sabía que decir.
—Si ya terminaste de hacer tu berrinche —añadió con calma—, siéntate. Vamos a estudiar.
Chasqueé la lengua, girándome de mala gana.
—No eres quién para darme órdenes.
—Y tú no estás en posición de quejarte —replicó, sin siquiera mirarme.
Rodé los ojos, pero aun así me senté.
Parker dejó escapar una leve risa.
—Créeme, esto es lo último que quiero hacer en mi sábado.
—Entonces lárgate.
—No puedo —respondió con calma—. A menos que no quieras acceder a esos “beneficios”
Apreté los dientes.
Maldito.