—La calificación se queda así. No haré ningún supletorio, la nota que cada uno tiene ahora es la definitiva.
¡El colmo con mi profesor!
Me hace perder un examen… a mí, que soy la mejor estudiante de la carrera, ¿y tiene el descaro de echarnos la culpa?
Inadmisible. No lo aceptaré. Y menos, si ahora hay que conformarse con la nota asignada, que es la del examen que me hizo perder.
Y, para aumentarme todavía más la vergüenza, a mí me puso la nota más baja… inaudito.
No se lo voy a tolerar.
—Profe Luis, con todo respeto, pero eso no me parece justo —le frunzo el ceño, demostrando mi descontento, y no soy la única—. Todos tenemos derecho a hacer un supletorio, no puede dejarnos con esas notas así.
—Es culpa suya por no estudiar, señorita Hawasli —me contesta con naturalidad, aunque puedo ver que le brillan los ojos de satisfacción al percibir mi indignación—. Y yo no quiero realizarles el supletorio, no cuando perdieron el examen dos veces.
—Bueno, si lo perdimos fue por culpa suya —le envío una mirada de hastío, y empiezo a recoger mis cosas para marcharme del salón.
Ya de por sí estoy atrasada con el otro examen.
Claro, ¿cómo se supone que íbamos a aprobar ese, si este profesor nos puso una cadena de carbonos tan larga que era imposible de resolver? Igualito que el examen anterior…
Ni siquiera la abuela de él, por no decir otra cosa, hubiera podido con ese montón de dibujos en miniatura, ahora el muy descarado nos deja como los culpables que no estudiamos.
Y, además, ¡se nos cruzó con otro examen!
—Cata tiene razón —le dice Irene, mi mejor amiga, y quien está sentada a mi lado—. Usted nos hizo perder ese examen a propósito.
—Sí, además me parece inmerecida la calificación que le puso a Catalina. Ella es brillante, y no veo motivos para calificarla de ese modo —añade Jaime, otro compañero, y quien, por lo menos, sacó la calificación más alta del grupo, pero igual perdió.
—No sé de qué está hablando, jovencito —responde él, impasible, y cierra su portátil, en cuya pantalla nos estaba mostrando las calificaciones con anterioridad—. Yo solo hago mi trabajo, y por ello, puedo poner la nota que quiero a quien me plazca —añade, y me mira a mí, específicamente a mí…
¿Por qué a mí? Podría haber mirado a cualquiera…, pero por alguna razón que yo desconozco, siempre termino siendo lo más interesante para observar.
Incómoda por la fijeza de sus ojos, y enojada con él al mismo tiempo, desvío la mirada a mis manos, evitando corresponderle el contacto visual.
—Nos vemos en la próxima clase. Espero el trabajo que quedó pendiente —dice, y luego, sin remordimiento alguno, toma su maletín, ya con su portátil dentro, y se va, con una sonrisa de satisfacción al ver mi expresión enojada de reojo.
Suspiro con resignación.
Ni modo. No hay forma de razonar con él, pienso, porque es la verdad.
Este profesor me viene haciendo la vida imposible, poniéndome trabajos absurdamente largos y encima, para entregárselos en un período ridículamente corto de tiempo.
No entiendo por qué está tan ensañado conmigo, pero no se lo voy a tolerar.
Me vengaré. Juro que lo voy a hacer. Pagará por su insolencia, ya lo creo que sí. Y se las voy a cobrar todas.
Conmigo, Catalina Hawasli, no se juega, y un odioso acosador no me va a tirar por tierra mi carrera…
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¡Les doy la bienvenida a esta nueva historia!
Esta vez vamos con algo que sé que les encanta, profesor y alumna.
Espero les guste, intentaré actualizar a diario, o como mucho, cada actualización se tarde dos o tres días en salir, porque estoy trabajando también en los libros de Alice.
Les leo atentamente.
Un abrazo grande...
mafe Magri.