Odioso acosador

2. Él

—¿Todo bien, Cat? El café se te va a enfriar.

Despego los ojos de la pantalla de mi móvil para observar a Selene, mi prima hermana y una de mis mejores amigas, y quien me mira con una ceja levantada.

—Sí, es solo que le estaba respondiendo a la mamá de Isabella. Ayer amaneció con gripa, y desde anoche anda con fiebre, dice Micaela que le ha llegado hasta treinta y nueve grados C, y probablemente mañana no pueda ir ni a la escuela ni a hacer el examen conmigo por la tarde —contesto con un suspiro, y dejo mi móvil sobre la mesa, centrando mi atención en la taza de café con leche y la rebanada de pastel de chocolate que han sido colocadas frente a mí hace unos minutos—. Le estaba diciendo que no había problema, que lo importante es la salud de Isa, pero ya es como la quinta de mis alumnos que cae enferma.

—Probablemente sea un rotavirus —responde ella, bebiendo un trago de su café negro—. Luci está también con fiebre y, aunque quería ir a la escuela, mi madre dejó en claro su negativa con un rotundo no. Miranda y Ariel están bien, por ahora no se han contagiado y ojalá no terminen enfermándose.

Mi hermana Sandy está igual —añade mi amiga Fanny, quien se acaba de sentar en medio de mi prima y yo mientras bebe su malteada de chocolate—. Parece que limita va a caer también, anda con mucha tos y esta mañana se quejaba de que le dolía la garganta, y también la pancita. Mamá dice que probablemente hay contagio masivo en los colegios, porque como no ha llovido… ya se imaginarán.

—Sí, ya me lo imagino. Además, para esta época suele haber mucha gripa. Solo espero que ni Carina ni Catherine se contagien.

Bebo un trago de mi café con leche, mientras las dos me observan; —Fany, con una sonrisa leve, y Selene, con su sonrisa de medio lado, un gesto que me recuerda a mi amada tía Luna, porque es la expresión cálida que reserva para quienes somos más cercanos a ella.

El café está agradable. Ni muy frío, ni muy caliente; está a una temperatura tibia, y no es muy dulce ni amargo, tiene la combinación perfecta para mí.

Suspiro profundamente. De verdad no quiero que mis hermanitas se enfermen, porque la siguiente en caer… sería yo.

Siempre pasa así: alguna de ellas se enferma primero, luego o caigo yo o cae la otra, pero siempre pasa. Mis papás son robles, no sé qué tienen sus sistemas inmunológicos, pero casi nunca se enferman.

Ojalá el mío fuera así, como el de ellos…

—Por cierto, Cat. ¿Ya te enteraste del último chisme? —pregunta mi prima, sacándome de mis pensamientos.

—¿El del nuevo profesor? —ella asiente—. Sí, cómo no me iba a enterar, si estuvieron gran parte de la tarde del viernes y todo el día de ayer hablando de eso —ruedo los ojos, haciéndola reír—. Honestamente, no sé por qué tanto drama. Todos los semestres hay algún profesor nuevo, me parece muy normal.

—Pues sí, pero lo que no es normal, es que dicho profesor, además de nuevo, sea recién egresado.

—Pero Sele, es normal que entre un profe joven. Hemos tenido profesores con apenas uno, dos y hasta tres años de experiencia —le recuerda Fanny, mordiendo su cupcake de fresa—. Yo, por ejemplo, el año pasado tuve uno en neurociencias, tenía apenas año y medio de egresado y un año de experiencia, pero era muy agradable.

—Yo tuve una profesora de sociología jurídica que tenía como tres años de experiencia también. Pero, e independientemente de que cursemos distintas carreras, ¿alguna vez ha habido un profesor recién graduado, que no tuviera ni siquiera un semestre de haber salido de la facultad y ya estuviese ejerciendo?

Su pregunta me deja pensando porque, si soy sincera conmigo misma, nunca he visto un profesor recién graduado impartiendo Clases en la universidad. Normalmente los profes tienen uno o dos años de experiencia, como mínimo, pero nunca son recién salidos de la facultad de ingeniería.

Y ahora que lo pienso, creo que de las otras facultades tampoco, porque si ni mi amiga ni mi prima —quienes estudian en la facultad de psicología y derecho, respectivamente—, han visto un recién graduado enseñando aquí, entonces este caso será… muy poco común.

—Bueno, siempre hay una primera vez para todo —respondo yo finalmente, y me encojo de hombros, restándole importancia mientras le doy un mordisco a mi rebanada de pastel.

—Supongo…

Selene no parece muy convencida, pero decide dejar ese tema quieto por ahora, mientras disfruta de su brownie de chocolate.

Después de todo, es nuestro último día de descanso antes de iniciar semestre de nuevo, y no quiero, y al parecer ellas tampoco, pasarnos toda la tarde pensando en el nuevo profesor.

A fin de cuentas, como digo siempre hay una primera vez para todo, y apuesto a que ese profe será agradable.

Y ojalá, muy inteligente también, porque sería genial poner a prueba mis conocimientos.

No es que me crea nerd ni nada de eso —ya entre mi amiga Gabriella y Selene se disputan ese título—, pero sí sería genial tener un profesor que no le moleste charlar con una de sus alumnas sobre temas profundos, además de nuestras asignaturas.

También sería genial charlar con él sobre cultura general, física, historia, filosofía…

—Caty, Caty —me susurra mi prima, repentinamente con tono de urgencia, y se inclina hacia mí, hablándome en voz baja—. ¿Ya viste quién está en el mostrador comprando donas?

Ladeo la cabeza, extrañada por su pregunta, y la miro con las cejas alzadas.

—No, ¿por qué debería importarme? Debe ser algún cliente habitual de la cafetería, como nosotras.

Selene niega con la cabeza, y señala disimuladamente hacia atrás de mí, donde está ubicado el mostrador.

Luego, se inclina aún más sobre la mesa, y, colocando sus manos alrededor de su boca, se acerca a mi oído para susurrarme a toda prisa:

—Catalina, no es cualquier cliente habitual. Te lo digo, porque lo veo con mis propios ojos. Observa en mi dirección, y verás por qué te lo estoy diciendo.




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