—¿Llevas tu almuerzo?
—Sí, mamá. El sándwich de atún que me hiciste.
—¿Y el de Irene? Hice uno para ella también…
—Aquí lo llevo.
—¿Qué vas a merendar? Allá la comida es un poco cara… Puedo hacer algo de rapidez. No me tardaré mucho y…
—Mamá, puedo comprar algo allá —ruedo los ojos, ya un poco exasperada por sus atenciones—. Además, solo será medio día. Relájate, te preocupas demasiado. ¡Ni que este fuese mi primer semestre!
—Bueno, al menos a ti mi tía Sol no te empacó como porción y media de espaguetis a la boloñesa como a mí —interviene Selene, rodando los ojos con un fastidio leve, aunque su sonrisa suave, divertida y cariñosa dice todo lo contrario de lo que siente—. Mi mamá insistió en que me trajera lo que quedó ayer para almorzar.
—¡Miren el lado positivo! Tienen variedad para el almuerzo —comenta Clarisa, mi hermana mayor—. Hay que admitir que los espaguetis de la tía Luna son excelentes… sin ofenderte, mamá.
Nuestra madre se ríe, y niega con la cabeza suavemente.
—Para nada. Luna siempre ha tenido más arte culinaria con las pastas que yo, mi especialidad son los sándwiches y los postres.
—Eso es verdad —asiento, y no puedo evitar reírme.
—Aún así, mi tía y mi mamá son tal para cuál —Selene se ríe—. Las quiero con el alma, a las dos, pero a veces… eh… no nos dejan… crecer.
Traducción: Las queremos muchísimo… aunque nos traten como niñas, siendo conscientes de que ya somos adultas universitarias en la mitad de nuestras carreras.
—Ya sé… exageran un poco —me río, y niego con la cabeza, yendo a abrazar a mi madre—. No te preocupes tanto, ma. Si me da hambre durante la hora libre, te prometo que puedo comprarme algo en la cafetería.
—Lo mismo le dije yo a mi mamá —Selene se encoge de hombros—. Y me respondió con…
—Pero allá todo es muy caro…
—Pero yo tengo mi dinero —le recuerdo con una sonrisa leve—. ¿Lo olvidas?
—No lo he olvidado, cariño. Es solo que…
—Se te hace difícil vernos crecer —Clarisa completa la frase por ella, y mi madre asiente, con lágrimas en los ojos.
—Sí. Crecen demasiado rápido, recuerdo cuando ustedes apenas y todavía eran unas niñas.
—Bueno, pero aún tienes a Cari y Cathe. Siguen siendo niñas.
—Pero ustedes siempre serán las mayores y, por tanto, es normal que a veces las sigamos viendo como unas niñas, aunque sepamos que ya no lo son —comenta mi tía Luna, apareciendo para despedirnos, o bueno, despedirme a mí y a mi prima, porque Clari solo vino a buscarnos a nosotras y a Irene, quien, por cierto… aún no ha llegado.
Le sonrío a mi tía, y también le doy un abrazo.
Ella, siempre cálida, y con su voz de sabia psicóloga, conoce a mamá como la palma de su mano, y no me extraña, siendo trillizas con mi tía Aurora obviamente se conocen desde el vientre.
Solo nos despiden ellas dos, porque Cari y Cathe hace rato que se fueron a la escuela con mis primas, mi padre tuvo que irse temprano a una reunión de emergencia en la procuraduría, y mi tío se fue a presidir la presentación del museo del chocolate, más específicamente la sección para los niños.
—Perdón por llegar tarde —dice Irene, apareciendo apresuradamente por una esquina.
Yo la miro, levantándole una ceja, porque tiene aspecto de… persona que está cansada y no ha dormido absolutamente nada.
—¡Buenos días, Ire! ¿Qué tal todo? —Sele se acerca para saludarla, pero mi amiga ni siquiera la mira.
Mi prima, en vez de enojarse, solo se encoge de hombros, con una sonrisa leve, pero incómoda.
—Buenos días, Ire —la saluda Clari, intentando lo mismo en vano, porque ella ignora a mi hermana y se acerca a mí.
—Bueno, nos vamos? ¿O qué?
Le lanzo una mirada de disculpa a mi hermana, a mi prima, a mi madre y a mi tía, aunque a estas dos últimas no les extraña para nada la actitud de Irene, siempre ha sido un poco distante de ellas.
Incluso de mi tío y mi padre. La verdad no sé por qué le cuesta tanto saludarlos, los modales no muerden.
Ni modo, así es Irene. Siempre ha sido un poco… ¿Cómo es la palabra? ¿Apática?
¿Antipática, no será?
—Sí, eso.
Y también es algo… por qué no decirlo, maleducada.
—A mí, personalmente, me gustaría saber por qué en ocasiones parece ser tan fría, aunque su infancia no fue muy… fácil tampoco.
De todos mis amigos, Irene es la más desconocida por mi familia, porque son contadas las ocasiones en las que ella les dirige el saludo, sea a mis padres o a mis tíos, o a mis hermanas.
Y una particularidad, no soporta a los niños, sabrá Dios por qué.
Pero con todo eso, y pese a que me hace pasar momentos de una vergüenza tremenda, sigue siendo mi amiga… mi mejor amiga.
—Sí. Ya nos vamos —comenta Clari, respondiendo por mí, y se acerca a las dos hermanas, abrazando primero a nuestra madre, y seguidamente, a nuestra tía.
Selene hace lo mismo, y luego le sigo yo, mientras Irene se queda observándonos de brazos cruzados y con una expresión indescifrable en su rostro.
—Nos llaman cuando lleguen —nos dice mamá, abrazándome de nuevo a mí.
—Prometido —contesto yo, y mi hermana, ya dentro de su automóvil —es la única suertuda de las tres que ha ahorrado lo suficiente para comprarse uno—, la saluda con la mano con un gesto militar, lo cual hace reír a mi tía.
Sacudo la cabeza, risueña, y mientras verifico que no he dejado nada, Irene me adelanta, y llega al automóvil, tomando un lado de los asientos de la parte de atrás, mientras Selene, silenciosa como una sombra, se desliza al otro lado.
Yo decido ir en la parte de adelante, junto a mi hermana, para ser su copiloto.
Aunque me encantaría conducir, y sin duda pienso sacar la licencia para hacerlo en el futuro, amo más el ir como copiloto.
Irónico que lo digas… ¿hace como dos años no se supone que disque querías comprarte una bicicleta?
#7128 en Novela romántica
#1784 en Chick lit
#1756 en Novela contemporánea
odio y venganza, enemies to lovers, romance profesor y alumna
Editado: 03.05.2026