Odioso acosador

7. Oficialmente nuevo profe

El profesor Luis se presenta en el salón cinco minutos después de que se fuera la profe Ovi, y mientras yo estoy respondiéndole a la mamá de Thomy, —otro de mis alumnos—, gimiendo para mis adentros.

Otro con gripa y fiebre que faltará esta semana… genial. Con él, ya van siete de los diez que tengo…

Mientras se acomoda frente a la clase, y organiza sus cosas en el escritorio, Luis comienza a hablar.

—Buenos días, jóvenes.

Malos días, dirás. Desde que llegaste ya es un mal día para mí.

—Mi nombre es Luis Pulgarín, para los que no me conocen…

Sí, sí, eso ya lo sabemos. Ya todos aquí sabemos perfectamente, o al menos yo, quién eres. Hazme un favor, y déjate de formalidades, que aquí no sirven. ¡Además, a ti ni siquiera te luce eso! Y te ves ridículo con ese pantalón del uniforme docente por allá arriba, déjame decirte.

—Y los que sí… —sonríe y me observa de reojo, haciéndome voltear la mirada hacia otro lado—, ya saben mi nombre, obviamente.

¡Cuánta altivez la tuya! Te crees mucho.

¿Y por qué me miras tanto? ¿Y solo a mí? ¿No tienes para dónde más mirar?

¡Mira a Jaime!

¿No? Ains.

Qué fastidio. Siempre mirándome. Siempre a mí. No tienes qué sé yo, ¿una novia? Yo no estoy interesada, por si querías saber.

Pese a que obviamente es incapaz de oír mis dardos mentales dirigidos contra él, creo que hasta mi mirada afilada le habla, porque por una fracción de segundo decide apartar la suya de mí, solo para posarla en su bolso, donde trae, cómo no, su portátil —definitivamente he quedado como la ridícula que no trae tecnología a las clases, por más que Jaime me haya prestado su tablet—.

Ni modo, mañana dejo de ser anticuada.

—Hoy no haremos gran cosa…

Vaya, ¡qué novedad! La mejor novedad de la historia. ¡Cuánta ordinariez!

—Solo pasaré lista, y les dictaré el temario que ustedes darán conmigo en este semestre.

Por fin. ¿Terminaste? ¿Sí? Menos mal.

Al menos no puede oír mi desahogo mental. Debo reconocer que es bastante divertido para mí gritarle, aunque sea, mentalmente, porque en parte, siento que me desahogo del odio que le tengo acumulado. Solo de una parte del mismo, porque le tengo mucho, muchísimo guardado…

Me recuesto contra el respaldo de la silla, mientras observo lo que sucede a mi alrededor.

Los otros estudiantes asienten a lo que ha dicho nuestro profesor, y empiezan a sacar de nuevo sus tablets, mientras poco a poco van llegando los que se habían ido lejos del salón, probablemente avisados por… miro mi móvil, específicamente el grupo de la uni. Sí, definitivamente por Jaime… como siempre.

El profesor Luis, o debería llamarle… ¿Simplemente Luis?

¿Cómo te llamo ahora?

Qué humillación es ser alumna de tu mayor rival en la secundaria… ¡y, además, de la universidad también, académicamente hablando!

Bueno, no importa. Profe, Luis, Pulgarín, coso… Como sea que se llame.

Tratando de desviar mis pensamientos hacia otro lado, decido concentrarme en la tablet prestada por mi mejor amigo, y la cual tengo en frente, enfocándome en abrir un nuevo documento para tomar apuntes.

Saber que tengo que pasar los apuntes a mi propia tablet cuando llegue a casa… qué pereza, Dios mío.

Bueno, no pasa nada. Siempre puedo pedirle el favor a Jaime para que me mande al whatsApp los dos archivos, y yo mañana traeré la mía.

Y, aunque sé que Jaime no tendría problema en prestármela el resto de la semana si se lo pidiera —él es todo un amor, pero no romántico, solo somos amigos… aviso por si acaso—, lo cierto es que a mí me da algo… o mejor dicho, muchísima pena abusar de su generosidad.

—¿Te fastidia su presencia, no es así?

Me sobresalto ligeramente al oír la voz de Irene tan cerca de mi oído, y doy un pequeño brinco en mi asiento.

No ha hablado muy fuerte, es más, ni siquiera ha gritado, pero me ha asustado por estar tan metida en mis reflexiones.

—¿Eh?

Irene me toma la mano con la suya, helada al tacto porque alguien, no sé quién, ha encendido el aire acondicionado, y me señala discretamente al profesor.

—Él. ¿Te fastidia, verdad? —asiento bruscamente—. Sí, a mí también. Lo odio —lo mira, con fuego en los ojos, y Luis parece sentir su mirada sobre él, porque voltea levemente.

Sin embargo, para cuando observa en nuestra dirección, mi amiga ha dejado de mirarlo y dirige su atención de nuevo a mí.

—No creas que no he escuchado lo que te ha dicho Jaime.

—¿Cuánto has escuchado?

—Todo. Y si quieres mi consejo, no le hagas caso. No tienes prejuicios sobre Luis, tienes derecho a odiarlo. Y es mejor así, porque él es una mala persona.

Asiento, dándole la razón.

Si Irene dice que él es una mala persona, le creo.

Lo conoce mejor que yo, fue su novia hace algunos años, y, por tanto, lo conoce como nadie… además, si a eso sumamos lo del aborto, del cual ella fue víctima por parte suya… con razón, más rabia le tiene.

Creo que, por esta vez, Jaime se equivocó.

—Voy a pasar lista antes de dictarles el temario —nos anuncia el mala persona…

Sí, así te llamaré. De ahora en adelante, serás mala persona para mí.

Irene se vuelve a acomodar en su asiento, mirando con hastío hacia el frente, y acomoda su tablet sobre la mesa.

Yo hago lo mismo, aunque a diferencia de mi amiga, quien poco después baja la mirada con desagrado al oír cuando Luis comienza a llamar a lista, con tan mala suerte que Irene Alarcón va de primera y él ni la mira cuando la nombra, por mi parte procuro alzar la barbilla con orgullo, para que cuando él me llame a lista… pueda verlo bien de frente, y sin que me tome por sorpresa su mirada sobre mí..

—¿Claudia Álvarez?

—Presente, profe.

—¿Emmanuela Ayazo?

—¡Aquí estoy!

—Muy bien. ¿Lorena Bravo?




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