Odioso acosador

1. Catalina: Me vengaré

—Listo, chicos. La calificación se queda así.

El murmullo indignado de toda la clase no se hace esperar.

Las voces se elevan, enojadas, pero el profesor ni siquiera se inmuta.

Permanece impasible, indolente, y una sonrisa adorna sus labios, como si encontrara en el enojo de nosotros cierta gracia...

—Profe, pero el supletorio...

—¡Eso es injusto!

—¡Fue su culpa!

—Profesor, ¡tenga compasión de nosotros!

—¿Nos matamos estudiando para que nos diga eso?

—Yo madrugué a las cuatro de la mañana para terminar de repasar, ¿y usted nos dice esto?

—¡No hay derecho!

La furia de mis compañeros se intensifica, pero el docente alza la mano.

No necesita decir ni siquiera la palabra silencio, porque ese breve gesto suyo ya impone orden por sí solo.

—Chicos, ustedes son los responsables de este fracaso, no yo. Y lo he decidido así, porque les realicé el examen, y además el día que todos escogieron. Recuerden que el parcial equivale al sesenta por ciento de la calificación del semestre, y, por lo tanto, como reprobaron, eso significa que muchos perdieron mi asignatura. No haré ningún supletorio, la nota que cada uno tiene ahora es la definitiva.

¡El colmo con mi profesor!

Me hace perder un examen...

Precisamente a mí, que soy la mejor estudiante de la carrera, ¿y tiene el descaro de echarnos la culpa?

Francamente, mi estimada Caty, no entiendo por qué te extrañas, si sabes que él es así.

—Sí, ¡pero no pensé que fuese a ir tan lejos!

Supongo que lo subestimaste, ¿pero no crees que busca algo con esto?

—¿Algo? ¿Cómo qué sería?

No te lo puedo decir. Yo sí lo sé, pero ahora descúbrelo tú.

—Si no fueras la voz de mi conciencia, dejaría de charlar contigo. ¿Por qué te esmeras tanto por ocultarme lo que sabes?

Eso es parte de tu crecimiento. No te preocupes, pronto sabrás de qué estoy hablando, pero por ahora, sigue enviándole dardos a tu profesor con la mirada, que ello se te da bastante bien.

Y es que mi conciencia no se equivoca, porque eso es justamente lo que estoy haciendo.

Mi mirada sobre el profesor es tan afilada que, si fuese un cuchillo, ya lo habría apuñalado...

OK, esa comparación no fue muy buena idea.

Bueno, lo que sea, pero el hecho es que estoy enojada con él.

Muy, muy enojada.

¿Cómo se atreve a dejarme la calificación así?

Pasé de tener notas perfectas a...

¿A tener un examen perdido?

Si esto mancha mi expediente académico, será culpa suya.

Para colmo de males, se niega a realizarnos el supletorio, que nos serviría para corregir la calificación de la asignatura...

Absolutamente inadmisible.

No lo aceptaré.

Y menos, si ahora hay que conformarse con la nota asignada, que es la del examen que me hizo perder.

Y, para aumentarme todavía más la vergüenza, a mí me puso la nota más baja...

Sí, lo sé.

Esto es absolutamente inaudito.

No se lo voy a tolerar.

Si no hubiera sido bien educada por mis padres, ya le habría dicho que se largase, que se pudriera, incluso hubiese agredido verbalmente a su mamá o a su abuela, pero se salva por el hecho de que yo soy alguien que evita los insultos y las malas palabras a toda costa.

Para mí, una mujer diciendo palabrotas se ve, y oye, horrible, pero veo que muchas de mis compañeras aprietan los labios.

No dicen nada, porque ante todo, la educación, y creo que también lo hacen porque saben que pueden suspenderlas por faltar el respeto a un docente.

Eso sí, aunque yo no diga palabrotas ni cosa semejante, mis miradas lo dicen todo.

Y en este momento, si mi mirada pudiese matarlo, ya estaría echo polvo.

No es para menos...

Ha agotado mi paciencia, que le he tenido mucha, pero ya sobrepasó mis límites.

Es justo, cariño. Bastantes cosas que le has tolerado ya.

—Sí, pero esto se pasó de la raya.

—¿Tú crees?

Obvio que sí, y no uses el sarcasmo conmigo, que sabes que soy el reflejo de tu parte consciente.

—¿Y eso qué tiene?

Que pienso lo mismo que tú.

—No siempre.

—No, pero coincidimos en varios puntos.

—¿Y...?

Y estamos de acuerdo en que este profesor es un descarado.

—Descarado es poco para lo que él es.

Está bien, entonces un vengativo.

—Todavía te quedas corta, querida mía...

Bueno ya, reclámale por su insolencia antes de que termines echando humo por las orejas, luego le buscamos un apodo más apropiado.

Respiro profundamente, tratando de mantener mi tono de voz moderado al hablar —que no se noten las ganas que tengo de decirle hasta de qué se va a morir—, (eso sí, sin palabrotas de por medio) y miro a mi alrededor para ver las caras de aflicción y enfado de mis compañeros, antes de proceder a intervenir en nombre de todos.

—Profe Luis, con todo respeto, pero eso no me parece justo —le frunzo el ceño, demostrando mi descontento, y no soy la única, pues la gran mayoría de mis compañeros han levantado una mano en señal de apoyo a lo que yo estoy diciendo—. Todos tenemos derecho a hacer un supletorio, no puede dejarnos con esas notas así.

—Es responsabilidad suya por no estudiar, señorita Hawasly —me contesta con naturalidad, aunque puedo ver que le brillan los ojos de satisfacción al percibir mi indignación—. Y yo no quiero realizarles el supletorio, no cuando perdieron el examen dos veces.

—Bueno, si lo perdimos fue únicamente su culpa —le envío una mirada de hastío, y empiezo a recoger mis cosas para marcharme del salón.

Ya de por sí estoy atrasada con el otro examen.

Claro, ¿cómo se supone que íbamos a aprobar ese, si este profesor nos puso una cadena de carbonos tan larga que era imposible de resolver?




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