Oniros. Amor entre dos mundos

Capítulo 25 - La Reina del Sueño

Había pasado lo que, para los humanos, serían apenas unos días.
Pero en el Reino de los Oniros, el tiempo fluía distinto:
allí, los segundos eran siglos, y los siglos… un solo suspiro.

El mundo de los sueños había sanado.
Los ríos de luz volvían a correr por los valles de cristal,
y las estrellas dormidas que se apagaron en la guerra
resplandecían de nuevo, meciéndose al ritmo de un canto antiguo.

En lo más alto del Palacio Onírico,
Morfeo contemplaba el firmamento que él mismo había reconstruido.
A su lado, Evelyn.
La humana que había amado más allá de los límites del destino.
La que había soñado su existencia antes de conocerla.
La que ahora, por voluntad de los dioses y fuerza del amor,
respiraba en su mundo sin desvanecerse.

La luz de los hijos de ambos, Aiden y Lyra, los envolvía.
El poder combinado de los dos mantenía abierto el puente entre Vigilia y Sueño,
y con ese mismo poder, tejieron sobre Evelyn un manto de eternidad.

—No quiero que el tiempo me robe lo que tanto me costó encontrar —susurró Morfeo,
rozando su rostro con la delicadeza de un amanecer.
—Entonces deja que el tiempo se duerma contigo —respondió ella, sonriendo.

Y así fue.

El poder de Aiden cruzó su pecho como un rayo azul,
y el de Lyra descendió desde el cielo, dorado como un ocaso.
Ambas luces se unieron en su corazón,
y Evelyn sintió cómo su cuerpo mortal se disolvía en pura energía.
Ya no era carne ni sombra, sino sueño y luz.
Ya no pertenecía a un solo mundo, sino a ambos.

Las arenas del Reino flotaron a su alrededor,
las flores oníricas abrieron sus pétalos,
y una corona tejida de estrellas se formó sobre su cabeza.

El Anciano Guía, testigo de los tiempos, se inclinó ante ella.
—El equilibrio necesita más que guardianes —dijo solemnemente—.
Necesita un corazón que recuerde por qué soñamos.
Y ese corazón… eres tú, Evelyn, Reina del Sueño.

Morfeo la tomó de la mano.
Por primera vez en eras, el dios del descanso sonrió sin sombra alguna.
—No más despedidas —le prometió.
—No más sueños sin ti —respondió ella.

Y juntos, dieron un paso hacia el horizonte donde el sueño y la realidad se tocaban.
Las estrellas giraron lentamente sobre ellos,
y el Reino entero suspiró al ver nacer una nueva era.

Desde entonces, los humanos empezaron a tener sueños más dulces.
Las pesadillas se hicieron raras, breves, sin poder.
Y cada vez que alguien soñaba con un amor imposible,
una figura femenina los observaba desde lejos,
con ojos que contenían la calma del infinito.

Evelyn, la Reina del Sueño,
la humana que amó a un dios y lo volvió eterno a su manera.
Su voz, susurrando entre los sueños, decía:

“Donde termina el día y nace la noche,
ahí estaremos.
En el suspiro que separa el sueño de la vigilia,
nos encontraremos de nuevo.”

Y en los brazos de Morfeo,
el universo entero se durmió una vez más.




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