Opciones

Capitulo 1: El Porsche de los cuarenta

El coro de desafinados «Feliz cumpleaños» terminó con un aplauso colectivo que retumbó en las paredes del comedor como una sentencia. Frente a Ana, las velas rojas con el número 40 vibraban ligeramente, soltando hilos de humo negro que subían hacia el techo.

​-¡Pide un deseo, mamá! -gritó Lucas, golpeando la mesa con entusiasmo.

​Ana sonrió. Era la sonrisa número ochenta y seis del día; la tenía ensayada, automática, perfecta. Pero mientras tomaba aire para soplar, el tiempo decidió jugarle una broma pesada: se detuvo.

​El ruido de los platos, las risas de su marido y el brillo expectante en los ojos de su madre se congelaron en un fotograma estático. En ese silencio repentino, Ana no vio su futuro; vio una avalancha de su pasado.

​Se vio a sí misma a los veinte, diciendo «sí» a una carrera que no le apasionaba porque era lo que se esperaba. Se vio a los veinticinco, diciendo «sí» a una mudanza que no quería. Se vio aceptando compromisos, cenas, empleos y silencios, simplemente porque no recordaba que el «no» era una opción válida en el diccionario.

«¿Cómo rayos terminé en esta silla?», se preguntó, sintiendo un vértigo extraño. Miró el pastel -chocolate, su favorito, o al menos eso creían todos- y se sintió como una extraña en su propia fiesta. ¿Era feliz? ¿O simplemente estaba bien entrenada para parecerlo?

​-¡Ánimo, Ana, que se derrite la cera! -la voz de su esposo, Carlos, rompió el hechizo.

​El tiempo volvió a correr. Ana sintió el calor de las llamas en las mejillas. Tenía dos opciones: confesar que estaba teniendo una crisis existencial frente al pastel de chocolate, o seguir con el guion.

​Cerró los ojos, sopló con una fuerza innecesaria y vio cómo las luces se apagaban.

​-¿Y bien? -preguntó su madre con curiosidad-. ¿Qué has pedido?

​Ana se aclaró la garganta y recuperó su máscara de cumpleañera ejemplar.

​-He pedido un Porsche -soltó con una naturalidad asombrosa-. De color blanco. A ver si este año me porto lo suficientemente bien como para que llegue.

​Todos rieron. «Qué cosas tienes, Ana», dijeron entre carcajadas. Ella también río, mientras por dentro se preguntaba si todavía estaba a tiempo de aprender a decir que no antes de que las velas del próximo año se encendieran.

"El Porsche rojo: ¿Es un simple deseo material o representa la velocidad y la libertad que Ana sacrificó por su familia y su carrera? ¿Qué simbolizaría para ti ese 'Porsche' que te falta?"

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