Ana decidió entrar a la casa de Lucas. Se estacionó enfrente y bajó del auto algo preocupada; se preguntaba: «¿Y si me quiero ir pronto, qué le diré? ¿Qué excusa puedo dar?».
Ana se paró frente a la puerta y tocó el timbre. Amanda salió a recibirla y, al verla, le dio un abrazo.
—¡Qué sorpresa que estés aquí! Qué bueno verte. Ven, pasa. Tengo comida e hice galletas; están recién horneadas. Ven —Ana entró a la casa y asintió.
Al ver la casa, Ana se dijo a sí misma: «Qué capacidad tiene esta muchacha para decorar. En realidad tiene creatividad. ¿De dónde le nace?». Amanda, dirigiéndose a la mesa, tomó la silla para que Ana se sentara.
—Tengo té y café, ¿quieres? —ofreció Amanda.
—¿Solo té? —respondió Ana.
—Ana, ¿comiste? Preparé un delicioso corte de carne con alcaparras y papas salteadas, todo saludable.
—Pasé por donde mi madre y comí, gracias. Solo te aceptaré las galletas y el té.
Amanda, asintiendo, fue a la cocina, buscó las galletas con el té y se las sirvió. Ana tomó el plato, probó las galletas y el té, y comentó:
—Están súper buenas. En verdad tienes el toque.
—Y lo mejor de todo es que son saludables —añadió Amanda—. No tienen chocolate artificial, es todo orgánico. Tienen avena y nuez, amo prepararlas.
Ana, algo extrañada, le respondió:
—Ehhh, sí… ¿Qué tal todo, Lucas?
—Fabuloso. Ambos nos amamos mucho y pasamos los días viendo series, salimos a pasear y nos encanta la comida saludable. Aunque él a veces llega tarde, me dice que pasa por tu casa, ¿es cierto?
—Sí, él va, cena, hablamos un rato y luego se va.
—¿Cena? —preguntó Amanda.
—Sí, pero es porque él insiste —aclaró Ana.
—Entiendo. ¿Ya viste mi nevera? Tiene pantalla, es genial. Veo videos de recetas y no tengo que usar el celular. ¿Y Carlos cómo está? ¿Cómo va la cosa? Escuché que el día de tu cumpleaños no quiso comer pastel. En verdad no te sientas mal, lo entiendo, eso es mucha azúcar para comer en la noche. Una opción más saludable es comprarlo con endulzantes naturales o sin azúcar, o comerlo en el día con un café amargo, es espectacular. Él solo quiere cuidarte, ¿sabes? A esta edad uno no puede andar comiendo lo que sea, ya tu cuerpo no lo procesa igual. Además, estás subida de peso; tengo una dieta que te ayudará y podemos ir al gym juntas. Yo no me descuido por eso, Lucas siempre me ve atractiva.
Ana escuchaba todo lo que decía Amanda, pero se perdió entre sus palabras. Bloqueó su mente y solo contestó:
—Sí, es cierto. Me pondré para eso, gracias por el consejo.
—Claro, Ana. Eres bella, solo necesitas unos ajustes y Lucas estará más cerca de ti.
«¿Cómo sabe ella que Lucas está distanciado? ¿Acaso alguien le ha dicho algo? Sé que Lucas no fue, pero mi madre… ella se atreve», pensó Ana, y respondió:
—Sí, claro.
—Sabes, los hombres son complicados —continuó Amanda—. Ellos se aburren si nos ven abandonadas.
Ana respondió desconcertada y un poco molesta, disimulando su estado de ánimo con una sonrisa. Se terminó el té y las galletas de prisa.
—Me tengo que ir. Carlos llegará pronto y tengo que hacer la cena.
—Por favor, no te vayas. Si quieres, puedes llevarle cena preparada de aquí. Me gusta estar contigo.
Ana asintió y se quedó.
—¿Qué tal si vemos un programa juntas? —propuso Amanda.
Ambas se dirigieron a la sala.
—Esta TV me gusta, es práctica y la pantalla es supergrande. Además, puedo poner los programas que quiera. Esta película te gustará.
Ana solo asintió con la cabeza. Se quedaron sentadas en el sofá. A Amanda le timbraba el celular bastante seguido; se le veía respondiendo mensajes y sonriendo a la pantalla, mientras Ana sacó su teléfono, lo miró y vio que no tenía nada. Se concentró en la película, esperando una oportunidad para marcharse.
Pasaron dos horas. La película terminó y sonó la puerta abriéndose. Lucas había llegado. Al ver a su madre, exclamó:
—¡Mamá! ¿Qué haces aquí? Estoy feliz de verte, te amo.
Amanda miró con seriedad y forzó una sonrisa. Se acercó a Lucas rápidamente, sin dejar que este saludara a su madre, y se le lanzó encima con un abrazo.
—Amor, te extrañé mucho. Te amo, estoy feliz de que llegaste bien.
Lucas la besó y le respondió: «Yo también te amo». Luego se alejó y abrazó a su madre.
—Qué bueno verte, hijo. También te amo —le susurró Ana—. Estaba en casa de tu abuela y, como estaba cerca, decidí pasar a saludar, pero ya me tengo que ir.
—¿No le llevarás comida de aquí a Carlos? —intervino Amanda.
—Ehhh, no. Recordé que tengo algo preparado en casa.
—Mamá, no te vayas, hablemos un poco —pidió Lucas.
—Ay, no, hijo. Estás cansado y yo también. Otro día será.
Ana tenía la opción de quedarse, pero prefirió aprovechar esa oportunidad para marcharse. Se despidió, salió rápidamente y se montó en su vehículo. Sintió alivio, pero de camino, mientras manejaba, sintió tristeza al saber que todos los caminos conducían a casa.
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Editado: 21.08.2026