Los representantes humanos discutían mientras enormes mapas del continente cubrían las paredes.
La guerra contra los demonios parecía inevitable.
—¡Debemos prepararnos para atacar! —gritó un general.
—¡Eso solo empeorará las cosas! —respondió otro.
Mientras tanto, al fondo de la sala, una joven aprendiz de maga intentaba pasar desapercibida.
Era Luna Starwind.
Y estaba deseando que la reunión terminara.
De repente, el Gran Archimago señaló directamente hacia ella.
—Hemos encontrado a la persona perfecta para la misión.
Luna miró detrás de ella.
—¿Quién?
—Tú.
—¿Yo?
Toda la sala asintió.
Luna sintió un mal presentimiento.
—¿Qué misión?
Los magos intercambiaron miradas.
—Debes infiltrarte en el Reino Demoníaco.
—¿Qué?
—Y lograr que el Rey Demonio se enamore de ti.
El silencio fue absoluto.
Luna tardó varios segundos en reaccionar.
—¿PERDÓN?
Los consejeros comenzaron a explicarle una antigua profecía.
Hace siglos, una vidente había predicho que cuando el corazón del Rey Demonio despertara, la guerra terminaría.
Pero existía un problema.
Zarek jamás había mostrado emociones.
Ni amor.
Ni amistad.
Ni interés por nadie.
Era como una roca extremadamente poderosa.
—¿Y por qué yo? —preguntó Luna.
—Porque eres amable.
—Eso no parece suficiente.
—También eres valiente.
—Tampoco parece suficiente.
—Y porque los demás rechazaron la misión.
—¡Eso tiene más sentido!
Antes de que pudiera escapar, ya le habían entregado documentos, provisiones y un boleto mágico hacia el Reino Demoníaco.
Dos días después, Luna llegó al gigantesco Castillo Oscuro.
Las enormes torres negras parecían tocar las nubes.
—Definitivamente voy a morir.
Las puertas se abrieron.
Un pequeño demonio con alas de murciélago apareció frente a ella.
—¿Tú eres la humana?
—Sí.
—Qué decepción.
—Gracias.
—Soy Vex, asistente personal de Su Majestad.
—Encantada.
—Yo no.
Luna suspiró.
La misión ya era difícil.
Y apenas estaba comenzando.
Minutos después, Vex la condujo al salón principal.
En el centro del lugar había un enorme trono.
Sentado sobre él estaba el famoso Rey Demonio.
Zarek.
Su capa negra caía hasta el suelo.
Sus ojos rojos brillaban con intensidad.
Y su expresión era completamente seria.
Luna tragó saliva.
—Hola...
—Hola.
—Soy Luna.
—Lo sé.
—Bien...
—Bien.
El silencio se volvió incómodo.
Muy incómodo.
Muy, muy incómodo.
Finalmente Luna recordó uno de los consejos románticos que había leído.
—Eh... tienes ojos bonitos.
Zarek se levantó de golpe.
Los guardias demonios desenvainaron sus armas.
—¿Qué ocurre? —preguntó Luna.
—¿Fue un ataque?
—¿Qué?
—Acabas de decir algo extraño sobre mis ojos.
—¡Era un cumplido!
—¿Un qué?
Luna se quedó congelada.
Vex se golpeó la cara con una mano.
—Esto será peor de lo que imaginaba.
Esa noche, Luna recibió una habitación dentro del castillo.
Mientras observaba las estrellas por la ventana, pensó en la misión.
Había esperado encontrarse con un monstruo cruel.
Pero Zarek parecía más confundido que aterrador.
Tal vez...
Solo tal vez...
La misión no era imposible.
Sin embargo, en otra parte del castillo, Zarek observaba un libro enorme.
El título decía:
"Guía Básica de Emociones Humanas"
—¿Qué significa "ojos bonitos"? —preguntó.
Vex suspiró.
—Majestad, tengo el presentimiento de que su vida está a punto de complicarse mucho.
Y por primera vez en años...
El Rey Demonio sonrió un poco.
Editado: 09.06.2026