Operación : Enamorar al rey demonio

Capítulo 4: El Enemigo en las Sombras

La noche había caído sobre el Reino Demoníaco.

Las luces del castillo brillaban entre las montañas oscuras mientras los guardias reforzaban la seguridad tras el extraño ataque.

Luna observaba el paisaje desde un balcón.

No podía dejar de pensar en lo ocurrido.

Zarek había derrotado a aquellas criaturas con una facilidad impresionante.

Pero lo que más le sorprendió fue otra cosa.

Parecía preocupado.

Muy preocupado.

—Deberías estar descansando.

Luna se giró.

Zarek acababa de llegar.

—Tú tampoco estás descansando.

—Tengo asuntos que atender.

—¿Por el ataque?

Zarek guardó silencio unos segundos.

—Sí.

—¿Crees que volverán?

—No lo sé.

Luna notó algo extraño en su voz.

Parecía estar ocultando información.

A la mañana siguiente, Vex irrumpió en la habitación de Luna.

—¡Despierta!

—¿Qué pasa?

—¡Tenemos un problema!

—¿Otro ataque?

—Peor.

—¿Peor?

—¡Su Majestad está intentando cocinar otra vez!

Luna abrió mucho los ojos.

—¿Tan grave es?

—La última vez destruyó tres cocinas.

Corrieron hasta los enormes salones culinarios.

Al entrar encontraron humo por todas partes.

Sirvientes corriendo.

Y a Zarek observando una olla.

—¿Qué ocurrió?

—Seguí exactamente la receta.

Luna leyó el libro.

—Esto dice una cucharada de pólvora de fuego.

—Sí.

—Tú pusiste tres kilos.

—Pensé que sería mejor.

—No funciona así.

Vex soltó un largo suspiro.

—Nunca funciona así.

Después de controlar el desastre, Luna ayudó a Zarek a preparar un postre sencillo.

Por primera vez trabajaron juntos sin discutir

Entre harina, azúcar y risas, el ambiente se volvió sorprendentemente agradable.

—Lo hiciste bien —dijo Luna.

—¿De verdad?

—Sí.

Zarek pareció satisfecho.

Era una expresión pequeña.

Pero sincera.

Y eso hizo sonreír a Luna.

Mientras tanto, lejos del castillo...

El demonio encapuchado observaba una esfera mágica.

Dentro de ella aparecían imágenes de Luna y Zarek.

—Cada vez están más cerca.

La figura apretó los puños.

—Eso no puede suceder.

Lentamente se quitó la capucha.

Su nombre era Kael.

Y había sido uno de los generales más poderosos del ejército demoníaco.

—Si el Rey Demonio cambia, perderé todo.

Una sonrisa fría apareció en su rostro.

—Así que eliminaré a la humana.

Esa misma noche, Luna caminaba sola por los jardines.

Las flores luminosas iluminaban el sendero.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

De repente, escuchó un ruido detrás de ella.

Se giró rápidamente.

No había nadie.

Pero una sombra se movió entre los árboles.

Y unos ojos brillantes la observaban desde la oscuridad.

Luna sintió un escalofrío.

Sin saberlo...

Alguien había comenzado a cazarla.




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