Operación : Enamorar al rey demonio

Capitulo 11: La puerta de las sombras eternas

El amanecer llegó al Reino Demoníaco.

Por primera vez en mucho tiempo, Luna despertó tranquila.

El castillo estaba en calma.

Los jardines florecían.

Y Zarek ya no parecía tan distante como cuando se conocieron.

Sin embargo...

Muy lejos de allí, una antigua puerta negra continuaba abriéndose lentamente.

Cada grieta liberaba una energía oscura y antigua.

Una energía que había permanecido sellada durante miles de años.

En el castillo, Luna desayunaba junto a Zarek y Vex.

—Hoy parece un día tranquilo —dijo Luna.

—Nunca digas eso —respondió Vex.

—¿Por qué?

—Porque siempre pasa algo malo después.

Justo en ese momento, una alarma mágica comenzó a sonar.

—¿Ves? —dijo Vex.

Luna suspiró.

—Tenías razón.

Los guardias llegaron corriendo.

—¡Majestad!

—¿Qué sucede?

—Se detectó una enorme concentración de energía al norte del continente.

La expresión de Zarek cambió.

—¿Dónde exactamente?

Los guardias desplegaron un mapa mágico.

Al ver la ubicación, los ojos del Rey Demonio se abrieron ligeramente.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre? —preguntó Luna.

—La Puerta de las Sombras Eternas.

Todos guardaron silencio.

Incluso Vex parecía preocupado.

—Pensé que era solo una leyenda.

—No lo es —respondió Zarek.

—¿Qué hay detrás de esa puerta?

Luna observó sus rostros.

Nadie parecía querer responder.

Finalmente, Zarek habló.

—Monstruos antiguos.

—¿Qué tan antiguos?

—Más antiguos que el Reino Demoníaco.

Luna tragó saliva.

Eso sonaba muy preocupante.

Esa misma noche, el Consejo Real se reunió.

Generales, magos y estrategas ocupaban la gran sala.

Zarek permanecía de pie frente al mapa.

—Debemos investigar la puerta antes de que se abra completamente.

Todos asintieron.

Entonces Luna levantó la mano.

—Yo también iré.

—No.

La respuesta de Zarek fue inmediata.

—¿Qué?

—Es peligroso.

—Precisamente por eso quiero ayudar.

—No.

—Zarek.

—No.

—Zarek.

—No.

Vex observó la discusión.

—Son como un matrimonio.

Ambos lo miraron.

—¡¿QUÉ?!

Horas más tarde...

Luna logró convencerlo.

O al menos parcialmente.

—Prométeme que te mantendrás cerca de mí.

—Lo prometo.

—Y que no correrás hacia el peligro.

—Lo intentaré.

—Eso no me tranquiliza.

Al día siguiente comenzó la expedición.

Un pequeño grupo partió hacia el norte.

Zarek.

Luna.

Vex.

Y varios caballeros demoníacos.

El viaje duró dos días.

Y cuanto más avanzaban...

Más extraña se volvía la región.

Los árboles parecían marchitos.

El cielo estaba cubierto por nubes oscuras.

Y el aire se sentía pesado.

Finalmente llegaron.

La enorme puerta se alzaba frente a ellos.

Era gigantesca.

Tan alta como una montaña.

Cubierta de antiguos símbolos mágicos.

Y estaba entreabierta.

De repente...

Una voz resonó desde el interior.

—El heredero ha llegado...

Todos se quedaron inmóviles.

—¿Quién dijo eso? —susurró Luna.

La puerta comenzó a temblar.

Y una figura cubierta de sombras empezó a emerger lentamente.

Sus ojos brillaban con una luz dorada.

Y estaban observando directamente a Zarek.

—Te hemos esperado durante siglos.




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