El viento rugía alrededor de la Puerta de las Sombras Eternas.
La grieta se había abierto lo suficiente como para dejar escapar una luz oscura que no pertenecía a ningún mundo conocido.
Luna no soltaba la mano de Zarek.
—El heredero ha despertado…
La voz ancestral volvió a resonar.
Pero esta vez no era solo un eco.
Era una orden.
Zarek se incorporó lentamente.
Su respiración era inestable.
—No soy su heredero.
La puerta respondió con un pulso violento.
El suelo se quebró un poco más.
La criatura de sombras observó con interés.
—Incluso negarlo… no cambia lo que eres.
Vex retrocedió.
—Esto está a punto de salirse de control…
Luna apretó la mano de Zarek.
—Mírame.
Él dudó.
—No te estás convirtiendo en otra cosa.
—No puedes saber eso.
—Sí puedo.
Por un instante, el caos alrededor pareció disminuir.
Zarek la miró.
Y algo dentro de él se estabilizó.
Pero la puerta reaccionó.
Como si no le gustara ese equilibrio.
De pronto, la marca en el pecho de Zarek brilló intensamente.
El dolor lo obligó a arrodillarse otra vez.
—¡Zarek!
La criatura levantó su brazo.
—Es hora de que recuerdes tu verdadero nombre.
El cielo se oscureció por completo.
Un sonido antiguo se extendió por el aire.
Como una campana rota.
Y entonces…
la puerta habló claramente.
—Zarek no es su nombre.
Silencio absoluto.
Luna abrió los ojos.
—¿Qué?
El suelo tembló.
Y la voz continuó:
—El verdadero heredero del vacío…
—El que nació antes del trono…
—El que fue sellado por su propio linaje…
Zarek respiró con dificultad.
Sus recuerdos comenzaron a fragmentarse.
La puerta dijo el nombre.
Un nombre antiguo.
Prohibido.
Tan pesado que el aire se rompió al pronunciarlo.
—…Kaelion.
El mundo se congeló.
Luna se quedó inmóvil.
—¿Kaelion…?
Miró a Zarek.
—Eso… no puede ser.
Pero Zarek no respondió.
Porque en ese instante…
sus ojos cambiaron completamente.
La energía a su alrededor explotó.
Oscura.
Profunda.
Incontrolable.
La criatura se inclinó.
—Bienvenido de vuelta, heredero verdadero.
Vex gritó:
—¡ESTO ES UN DESASTRE!
Luna dio un paso adelante.
—¡Zarek!
Pero él no reaccionó.
Por primera vez…
no parecía él.
Y en lo más profundo de su mirada…
no había miedo.
No había confusión.
Solo vacío.
La puerta se abrió un poco más.
Y algo comenzó a despertar del otro lado.
Editado: 24.06.2026