Organizando la boda de mi ex, y un caos Gourmet.

Capitulo 15.

_“Los secretos que callamos en silencio son los que más ruido hacen en el corazón.”_

El silencio en la mesa era un filo que cortaba el aire. Rowan no apartaba sus ojos de mí, y aunque intentaba disimularlo, la intensidad de su mirada me quemaba la piel. Graham, en cambio, parecía satisfecho con mi respuesta, como si hubiera logrado arrinconarme en la farsa que él mismo había provocado.

—Entonces… Max —repitió Rowan, con un tono cargado de veneno disfrazado de calma—. Qué curioso que nunca lo hayas mencionado antes.

—No tenía por qué hacerlo —respondí, con la voz firme, aunque por dentro sentía que me desmoronaba.

Madison, ajena a la tormenta que se desataba entre los tres, sacaba fotos del café sobre la mesa, ese que aún no había tocado con una sonrisa tranquila, como si el mundo no estuviera a punto de estallar.

Rowan se inclinó hacia mí, tan cerca que pude sentir el calor de su respiración.

—¿Y él sabe que vas a pasar el día conmigo en Hudson Valley? —preguntó, con ironía, como si cada palabra estuviera diseñada para desgarrarme.

Graham intervino, con un tono cargado de reproche:

—No seas ridículo, Rowan. Evelyn no tiene que dar explicaciones.

Pero yo sabía que sí. Que cada palabra, cada gesto, cada mentira que pronunciaba me ataba más a esta guerra silenciosa entre ellos… y a la pasión prohibida que me consumía por dentro.

Celos. Deseo. Orgullo. Todo se mezclaba en esa mesa, y yo era el epicentro de un terremoto que apenas comenzaba.

—¿Y tú cómo sabes si debe o no dar explicaciones? —contraatacó Rowan, su voz cargada de un filo que me atravesó. Luego, con un suspiro brusco, se puso de pie y murmuró con desdén:

—Esto es ridículo. Te espero fuera.

Y sin esperar respuesta se marchó del café, dejándome frente a una muy confundida Madison, que justo en ese momento había decidido regresar su atención a nosotros, y frente a un Graham que me fulminaba con la mirada, molesto sin razón justificada.

—Creo que lo mejor es que vaya a alcanzar a Rowan… para ir cuanto antes al salón —dije, poniéndome de pie, intentando mantener la calma.

—¡Claro! No es de buena educación dejarlo esperando. Y realmente espero que ese lugar tenga todo lo que Rowan necesita, ya que me fascina la idea de que la boda sea allí —dijo Madison, con voz entusiasmada, aunque sus ojos se desviaban hacia su prometido con rareza. No era para menos: Graham parecía un idiota, clavándome una mirada que me quemaba.

—En ese caso, si faltara algo —que no creo que sea el caso— veré de hablar con los dueños para encontrar una solución y así poder hacer el festejo allí.

—¿¡De verdad!? —preguntó ella emocionada, con genuina alegría en sus ojos—. ¡Gracias, Evelyn!

—No hay nada que agradecer. Ahora me iré para terminar con esto.

Me giré hacia Graham, que seguía observándome con esa mezcla de reproche y desafío. Su mirada era un campo de batalla silencioso, y yo sentía que cada palabra que pronunciaba era un arma que él esperaba usar contra mí.

Al salir del café, el aire frío me golpeó de lleno. Rowan estaba apoyado contra mi auto, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada. No dijo nada al verme, pero sus ojos… sus ojos eran un torbellino. Había rabia, había orgullo, pero sobre todo había celos.

—¿Listo? —pregunté, intentando sonar indiferente, aunque mi voz tembló apenas.

Él me miró fijamente, sin moverse, como si quisiera leerme por completo.

—¿Hace cuánto sales con Max? —preguntó de la nada, con esa voz grave que al parecer lo caracterizaba.

—Cerca de un año —respondí, dudando por un segundo si debía o no contestarle—. ¿Por qué?

Rowan soltó una risa seca, sin gracia. No era humor, era rabia disfrazada.

—¿Y sabe él que la otra noche estabas coqueteando con un imbécil y que tuve que sacártelo de encima?

Ay, Dios. Había olvidado por completo a aquel idiota. La presencia de Rowan había absorbido por completo mi atención, y ese detalle se me había escapado.

—Sí. La verdad es que no hay secretos entre nosotros —dije, intentando sonar convincente. En teoría, no era una mentira. Pero añadí, improvisando—: Esa noche yo… Max y yo habíamos discutido.

Esa sí era una gran mentira.

Rowan me miró con incredulidad, sus ojos brillando con furia contenida.

—¿Y se supone que eso tiene que hacer que lo que hiciste suene mejor? ¿O debería acaso justificarte? —preguntó, desconcertado, con un tono que era mitad reproche y mitad desafío.

Sentí que el aire se volvía pesado entre nosotros. Cada palabra suya era un golpe directo a mi pecho, y cada mentira mía era un muro que levantaba para protegerme… aunque sabía que tarde o temprano se derrumbaría.

—Ni siquiera sé por qué estoy hablando contigo de esto —dije, apretando los labios, intentando cortar la conversación antes de que me destruyera por completo—. Mejor vamos a hacer lo que realmente tenemos que hacer.

Rowan se inclinó hacia mí, tan cerca que pude sentir el calor de su respiración.

—Claro, Evelyn —susurró con ironía—. Vamos a hacer lo que “realmente” tenemos que hacer.

Su mirada me atravesó como un cuchillo haciendo que sintiera el deseo de huir, así que decidí subirme al coche. El aire entre nosotros era tan denso que parecía imposible respirar. Rowan abrió la puerta del copiloto y se acomodó sin decir palabra. Yo encendí el motor, intentando concentrarme en la carretera, pero su silencio era más ruidoso que cualquier bocina de Nueva York.

—Entonces, ¿Sales con un tal Max, hace…? —preguntó de nuevo, como si necesitara escucharme decirlo una vez más para convencerse.

—Ya te lo dije —respondí, apretando el volante—. Cerca de un año.

—Un año… —repitió con sorna, mirando por la ventana—. Qué curioso, nunca lo has mencionado. ¿Y quieres saber qué es más curioso aún?

—No tenía por qué hacerlo. ¿Y qué es lo más curioso? —dije, con un tono seco que apenas ocultaba mi nerviosismo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.