El protector bucal todavía conservaba un leve sabor a salsa picante y pan tostado. Damián lo notó apenas se lo acomodó entre los dientes mientras terminaba de ajustarse los guantes dentro del vestuario. Era absurdo que pudiera reconocerlo todavía después de tantas horas, pero ahí estaba; un rastro tenue de la comida que Theodore le había comprado la noche anterior después de ir a buscarlo en el baño.
No hablaron demasiado después de aquello; ni sobre Iván, ni sobre los rumores, tampoco sobre el miedo horrible que Damián había sentido al imaginar, aunque fuera durante unos segundos, que Theodore podría empezar a mirarlo distinto.
El capitán simplemente se quedó.
Sentado junto a él en la pequeña sala común del edificio mientras la televisión permanecía encendida sin volumen y la lluvia golpeaba suavemente las ventanas exteriores. Theodore había ocupado el extremo opuesto del sofá al principio, todavía con la sudadera húmeda y el cabello revuelto por el viento, sosteniendo entre las manos el vaso de café que terminó enfriándose porque nunca se lo tomó realmente.
No insistió, no interrogó, mucho menos volvió a mencionar a Iván. Solo permaneció ahí, acompañándolo en silencio hasta que el nudo dentro del pecho de Damián dejó de sentirse tan insoportablemente apretado.
Y joder…
Empezaba a sospechar que eso era muchísimo más peligroso que cualquier beso. El golpe seco de un palo chocando contra una de las bancas lo sacó de sus pensamientos.
—¿Vas a jugar hoy o piensas quedarte enamorado de tu protector bucal? —preguntó Clark desde el otro lado del vestuario.
Las carcajadas aparecieron de inmediato. Damián levantó la cabeza lentamente.
—¿Tú quieres morir temprano o solo estás practicando?
Clark sonrió mientras terminaba de acomodarse las coderas.
—Lo estoy preguntando en serio. Llevas cinco minutos mirando al vacío como protagonista de drama adolescente, por favor, contrólate.
—Y tú llevas veinte minutos hablando sin respirar. Todos tenemos problemas, Clark, me alegro de saber que no soy el único.
Uno de los defensas soltó una risa fuerte cerca de los casilleros. El ambiente dentro del vestuario vibraba con esa energía nerviosa previa a los partidos importantes: el sonido de las cintas adhesivas rompiéndose, cuchillas golpeando el suelo, respiraciones profundas intentando liberar tensión antes de salir al hielo. Pero incluso entre todo eso, Damián captó el instante exacto en que Theodore entró al vestuario.
No necesitó verlo primero, lo escuchó y lo sintió en sus antebrazos. Sus pelitos se pararon por su cuenta, reconociéndolo.
El ruido alrededor continuó igual, aunque algo dentro de él reaccionó inmediatamente cuando el capitán cruzó la puerta con el bolso sobre un hombro. Theodore saludó apenas con un movimiento de cabeza antes de dirigirse hacia su casillero y Damián tuvo que bajar la mirada hacia sus propios guantes para no quedarse observándolo demasiado tiempo.
Mala idea, ya podía notar cosas imposibles de ignorar. La forma en que Theodore se remangaba la sudadera antes de colocarse las protecciones. La tensión visible en sus antebrazos cuando ajustaba las cintas de los patines. La pequeña cicatriz junto a su muñeca izquierda que Damián jamás había visto tan de cerca hasta después del beso.
Joder.
El sonido metálico de un casillero cerrándose lo hizo reaccionar. Theodore acababa de levantar la vista y él estaba allí, mirándolo. No como su capitán, lo estaba mirando justo como lo había hecho la noche anterior.
La respiración se le trabó apenas un segundo antes de obligarse a apartar los ojos. Clark observó el intercambio desde el fondo del vestuario y entrecerró lentamente los ojos.
—Nah… ustedes sí están rarísimos, joder, es más normal encontrarse un elefante haciendo la compra en el super.
—Cállate, Clark —gruñó Theodore sin apartar completamente la mirada de Damián.
El defensa levantó ambas manos fingiendo rendición.
—Eso fue sospechosamente rápido.
El calor trepó por el cuello de Damián y decidió ponerse de pie antes de responder cualquier estupidez. Tomó el palo apoyado junto a la banca y salió primero hacia el túnel que conectaba con la pista.
Necesitaba aire frío con urgencia vital.
El estadio rugía del otro lado.
La vibración del público atravesaba parcialmente las paredes mientras Damián avanzaba por el túnel iluminado con luces blancas, escuchando el eco distante de los comentaristas anunciando alineaciones y estadísticas previas al partido. El olor del hielo se mezclaba con el caucho, el metal y la adrenalina acumulada en el ambiente.
Era el primer partido oficial de la temporada, la alineación estaba clara y su único pesar es que Iván hubiese quedado en el fichaje como Ala izquierda. También podía decirse que era una suerte que él estuviera dentro después de lo que pasó; aunque Marshall le advirtió muy claro y bajo: «te pierdes en tu mundo una sola vez, y estás fuera.»
Respiró hondo, más normal.
Sí, eso era. Tenía que actuar normal. El problema era que Theodore apareció a su lado apenas unos segundos después. Solo fue suficiente su presencia para que nada se sintiera normal. El capitán se acomodó los guantes mientras permanecían uno junto al otro cerca de la salida hacia el hielo. El ruido del estadio parecía amplificarse alrededor de ambos, pero aun así Damián podía escuchar perfectamente la respiración tranquila de Theodore bajo el casco.