El verano estaba llegando a su fin.
No de forma dramática, ni con tormentas de calor repentinas ni despedidas melancólicas. Simplemente estaba ocurriendo.
Las mañanas comenzaban a sentirse un poco más frescas. Las hojas de algunos árboles empezaban a perder intensidad en el verde y las noches llegaban unos minutos antes cada semana. Era uno de esos cambios que nadie notaba hasta que, de pronto, descubría que el mundo ya no se veía igual que un mes atrás.
Damián pensó en eso mientras observaba por la ventana de la residencia. La ciudad seguía moviéndose debajo del cielo azul claro de la tarde. Estudiantes regresando poco a poco al campus, bicicletas atravesando senderos y cafeterías llenándose otra vez. La nueva temporada se acercaba muy lento, aunque por primera vez en muchísimo tiempo esa idea no le provocaba ansiedad.
Antes sí.
Antes cada inicio se parecía demasiado a una amenaza. Un nuevo equipo. Nuevas expectativas. Nuevas formas de fracasar.
Ahora era distinto. Quizá porque por primera vez no sentía que estuviera comenzando desde cero. El sonido de una notificación lo sacó de sus pensamientos.
Clark: REUNIÓN DE CARTOLES.
Clark: ASISTENCIA OBLIGATORIA.
Clark SI NO VIENEN, LOS DENUNCIARÉ POR TRAICIÓN EMOCIONAL.
Damián soltó una risa por la nariz. Un segundo después llegó otro mensaje.
Jensen: Ignóralo.
Jensen: Marshall dijo que la reunión es a las seis.
Clark: NO LE HAGAS CASO A JENSEN.
Clark: YO SOY EL LÍDER ESPIRITUAL DE ESTE EQUIPO.
Gabo: Eso es exactamente lo que diría alguien en una secta.
Damián terminó riéndose de verdad.
Y ahí estaba otra vez esa sensación extraña. La de leer aquellos nombres y sentir cálido dentro del pecho. Meses atrás jamás habría imaginado que estar en un grupo del equipo terminaría provocándole algo parecido al cariño.
El teléfono vibró nuevamente.
Theo: ¿Lista tu crisis existencial antes de salir?
La sonrisa apareció sola.
Damián: Todavía la estoy procesando si tendré una.
Theo: Perfecto, mis brazos estarán listos para recibirte cuando pase.
Theo: Nos vemos en veinte.
Su corazón hizo esa pequeña cosa molesta que seguía haciendo incluso después de meses enteros juntos. Era tonto, muy tonto, aparentemente aquella reacción también era incurable.
*¨*¨*
La reunión iba a celebrarse dentro de una de las salas privadas del estadio universitario.
No era una ceremonia oficial, no había periodistas, ni patrocinadores, ni discursos institucionales. Solo el equipo y nadie más que el equipo; Marshall había insistido en eso. Quizá por esa misma razón el ambiente resultó extraño desde el primer momento.
Más ligero.
Más humano.
Cuando Damián llegó junto a Theodore, varios jugadores ya ocupaban distintas mesas repartidas por la sala. Había cajas de pizza abiertas, vasos de refresco por todas partes y una cantidad preocupante de comida acumulada sobre una mesa lateral que solo podía ser responsabilidad directa de Clark.
El sospechoso apareció apenas unos segundos después.
—¡Ríos!
Damián apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Clark le lanzara una bolsa de papas directamente al pecho.
—¿Qué demonios?
—Regalo de mí para ti.
—Es una bolsa abierta.
—Precisamente. Compartí mis recursos contigo, amigo.
—Eso no es un regalo.
—Es amistad.
Jensen apareció detrás de él cargando varias bebidas.
—No discutas. Lleva veinte minutos haciendo esto.
—Estoy fortaleciendo los vínculos del equipo, deberían agradecérmelo.
—Estás robando comida ajena.
—Detalles insignificantes que a nadie le importante en realidad.
Damián terminó riéndose al tiempo que Theodore tomaba asiento cerca de una de las mesas largas del fondo. Entonces ocurrió algo que ya empezaba a resultar completamente natural.
Se sentó junto a él sin pensarlo, sin calcular distancias, y sin preguntarse dónde debía colocarse; simplemente ocupó el lugar que quería ocupar a su lado.
Aquello le llamó la atención apenas unos segundos después. Porque recordaba perfectamente la primera vez que había entrado en aquel estadio.
Recordaba la sensación constante de estar fuera de lugar. La tensión. La incomodidad. La necesidad desesperada de demostrar algo. Si bien su cuerpo encontraba ciertos lugares por instinto, lugares que le provocaban buenas emociones y pensamientos, evidentemente, Theodore era uno de ellos.